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Storyteller, estratega de marca y cineasta. Trabaja con marcas, líderes y organizaciones que necesitan convertir su historia en una ventaja competitiva.
Storyteller, brand strategist and filmmaker. Works with brands, leaders and organizations that need to turn their story into a competitive advantage.
Uruguayo de nacimiento, creció entre Brasil y Francia. Lo atrapó Nueva York y encontró raíces en el Caribe colombiano. Tiene más de 25 años convirtiendo ideas en historias que conectan emociones y marcas con personas.
Uruguayan by birth, raised between Brazil and France. New York captivated him and he found roots in the Colombian Caribbean. Over 25 years turning ideas into stories that connect emotions, brands and people.
Quién es
About me
Estudió Comunicación Social y Periodismo en la Universidad del Norte. Su escuela real fue el cine y la televisión junto a su mentor Ernesto McCausland. Dirigiendo comerciales descubrió el marketing y así nació Agencia Pópuli, su empresa con operaciones en Colombia, Perú y EE.UU.
He studied Social Communication and Journalism at Universidad del Norte. Film and television alongside his mentor Ernesto McCausland was his real school. Directing commercials led him to marketing, and that’s how Agencia Pópuli was born — his company with operations in Colombia, Peru and the USA.
Con la estrategia de “El Meteorito de Barranquilla” logró el primer Ojo de Iberoamérica para el Caribe. Y de ahí en adelante no ha parado de sorprender a toda la industria del marketing con su creatividad efectiva. Además es columnista de El Heraldo, Miembro de Junta de UNEMEC y fundador de “Perrenque Creativo”.
With the “El Meteorito de Barranquilla” strategy he earned the first Ojo de Iberoamérica for the Caribbean — and hasn’t stopped surprising the marketing industry with his effective creativity since. He is also an El Heraldo columnist, UNEMEC Board Member and founder of “Perrenque Creativo”.
Reconocimientos
Awards
Conoce todo lo que Eduardo hace junto con su equipo de más de 40 personas al servicio creativo en ODR Group – Agencia Pópuli.
Discover everything Eduardo does alongside his team of over 40 people at the service of creativity in ODR Group – Agencia Pópuli.
Conocer Agencia Pópuli →Visit Agencia Pópuli →Servicios
Services
Eduardo trabaja en la intersección entre narrativa, estrategia y negocio. Su aporte no se queda en el discurso: busca claridad, diferenciación y acción.
Eduardo works at the intersection of narrative, strategy and business. His contribution goes beyond discourse: he seeks clarity, differentiation and action.
Construcción de narrativa, posicionamiento y propuesta de valor para marcas que necesitan ser más claras, memorables y relevantes.
Narrative construction, positioning and value proposition for brands that need to be clearer, more memorable and relevant.
Charlas para empresas, universidades, congresos y equipos sobre storytelling, marketing, creatividad, liderazgo y visión de industria.
Talks for companies, universities, congresses and teams on storytelling, marketing, creativity, leadership and industry vision.
Acompañamiento a líderes, marcas y organizaciones que quieren convertir una buena idea en una narrativa con impacto real.
Support for leaders, brands and organizations that want to turn a good idea into a narrative with real impact.
La buena narrativa también debe mover decisiones.
Si quieres llevar esta mirada a tu marca, equipo o evento, este es el punto de partida.
Good narrative must also drive decisions. If you want to bring this perspective to your brand, team or event, this is the starting point.
Manifiesto
Manifesto
Hoy cualquiera puede comunicar. Muy pocos logran conectar. El problema no es la falta de ideas, sino la falta de historias que importen, ordenen la propuesta y empujen acción. Ahí es donde empieza el verdadero trabajo.
Today anyone can communicate. Very few manage to connect. The problem isn’t a lack of ideas, but a lack of stories that matter, organize the proposition and drive action. That’s where the real work begins.
Plataformas
Platforms
Fundador de Perrenque Creativo, uno de los principales espacios de encuentro para la industria de marketing y comunicaciones del Caribe colombiano.
Founder of Perrenque Creativo, one of the main gathering spaces for the marketing and communications industry of the Colombian Caribbean.
Con su columna en el periódico El Heraldo, dirección de Podcast y colaboraciones en medios. Se ha convertido en un referente de la industria del marketing y las comunicaciones.
Through his column in El Heraldo newspaper, Podcast direction and media collaborations, he has become a benchmark in the marketing and communications industry.
Su recorrido en cine y televisión no es un paréntesis: es parte del lente con el que hoy entiende las marcas, los relatos y la puesta en escena.
His background in film and television is not a parenthesis: it’s part of the lens through which he understands brands, stories and staging today.
Conferencias sobre storytelling, marketing, liderazgo creativo y visión de industria para equipos, universidades, congresos y marcas.
Talks on storytelling, marketing, creative leadership and industry vision for teams, universities, congresses and brands.
Columnas
Columns
Su necesidad de escribir la plasma en colaboraciones para libros, blogs especializados y revistas. Cada quincena en el periódico El Heraldo, del norte de Colombia, publica una columna de opinión. Aquí encuentras una buena selección de esos escritos.
His need to write finds expression in contributions to books, specialized blogs and magazines. Every fortnight in El Heraldo, a newspaper in northern Colombia, he publishes an opinion column. Here you’ll find a good selection of those writings.
Tema: El columnista celebra el crecimiento del sector creativo del Caribe colombiano y convoca a Perrenque Creativo 2026 (6 y 7 de mayo, Comfamiliar Atlántico), destacando que la creatividad ya no es adorno sino motor económico de ciudad y región.
Topic: The columnist celebrates the growth of the creative sector in Caribbean Colombia and calls for Perrenque Creativo 2026 (May 6–7, Comfamiliar Atlántico), highlighting that creativity is no longer decoration but an economic engine for city and region.
Leer columna → Read column →Tema: Tras las elecciones legislativas, el columnista analiza por qué influencers con millones de seguidores obtuvieron menos de 50 mil votos, mientras otros con comunidades más pequeñas lograron curules: la diferencia está en la coherencia de la huella digital.
Topic: Tras las elecciones legislativas, el columnista analiza por qué influencers con millones de seguidores obtuvieron menos de 50 mil votos, mientras otros con comunidades más pequeñas lograron curules: la diferencia está en la coherencia de la huella digital.
Leer columna → Read column →Tema: A partir del fenómeno de los therians —jóvenes que se identifican con animales— aterrizando en la Plaza de La Paz de Barranquilla, el autor reflexiona sobre lo que dice de nosotros convertir en circo lo que podría ser síntoma de una crisis emocional generacional.
Topic: A partir del fenómeno de los therians —jóvenes que se identifican con animales— aterrizando en la Plaza de La Paz de Barranquilla, el autor reflexiona sobre lo que dice de nosotros convertir en circo lo que podría ser síntoma de una crisis emocional generacional.
Leer columna → Read column →Tema: El columnista analiza el fenómeno comunicacional de Bad Bunny desde la teoría de McLuhan y demuestra que su poder no está en las letras sino en un sistema omnicanal donde ritmo, imagen, actitud y silencio construyen sentido generacional.
Topic: El columnista analiza el fenómeno comunicacional de Bad Bunny desde la teoría de McLuhan y demuestra que su poder no está en las letras sino en un sistema omnicanal donde ritmo, imagen, actitud y silencio construyen sentido generacional.
Leer columna → Read column →Tema: El autor alerta sobre cómo el algoritmo de las redes sociales reemplazó a los formadores de opinión pública, creando burbujas paralelas donde cada usuario cree ser mayoría, distorsionando la percepción de la realidad colectiva.
Topic: El autor alerta sobre cómo el algoritmo de las redes sociales reemplazó a los formadores de opinión pública, creando burbujas paralelas donde cada usuario cree ser mayoría, distorsionando la percepción de la realidad colectiva.
Leer columna → Read column →Tema: Tras años de ver el ritual del «Tenemos que juntarnos» en los pasillos de los eventos, el columnista da el primer paso y convoca a las empresas de comunicación y marketing del Caribe a construir juntos un gremio real con propósito.
Topic: Tras años de ver el ritual del «Tenemos que juntarnos» en los pasillos de los eventos, el columnista da el primer paso y convoca a las empresas de comunicación y marketing del Caribe a construir juntos un gremio real con propósito.
Leer columna → Read column →Tema: El columnista identifica la verdadera amenaza del futuro: no los robots asesinos sino la pereza mental inducida por la tecnología, y defiende la educación en humanidades como la única vacuna contra una sociedad que delega el pensamiento a los algoritmos.
Topic: El columnista identifica la verdadera amenaza del futuro: no los robots asesinos sino la pereza mental inducida por la tecnología, y defiende la educación en humanidades como la única vacuna contra una sociedad que delega el pensamiento a los algoritmos.
Leer columna → Read column →Tema: Tras montar en la noria Luna del Río del Gran Malecón de Barranquilla, el autor celebra el nuevo ícono urbano pero advierte que un símbolo de ciudad no se mide por su altura sino por su capacidad de seguir girando cuando ya pasó la novedad.
Topic: Tras montar en la noria Luna del Río del Gran Malecón de Barranquilla, el autor celebra el nuevo ícono urbano pero advierte que un símbolo de ciudad no se mide por su altura sino por su capacidad de seguir girando cuando ya pasó la novedad.
Leer columna → Read column →Tema: El columnista narra su encuentro con Ley Martín, guardián cultural de la música del Caribe y creador de los Premios Luna, y rinde homenaje a ese lunático con visión que durante décadas ha sostenido los auténticos Grammy del Caribe.
Topic: El columnista narra su encuentro con Ley Martín, guardián cultural de la música del Caribe y creador de los Premios Luna, y rinde homenaje a ese lunático con visión que durante décadas ha sostenido los auténticos Grammy del Caribe.
Leer columna → Read column →Tema: El autor describe el dolor solitario e incomprendido de emprender en Colombia, donde solo 3 de cada 10 microempresas superan los cinco años, y presenta los Comités Consultivos Xkalar como una respuesta concreta a esa soledad.
Topic: El autor describe el dolor solitario e incomprendido de emprender en Colombia, donde solo 3 de cada 10 microempresas superan los cinco años, y presenta los Comités Consultivos Xkalar como una respuesta concreta a esa soledad.
Leer columna → Read column →Tema: Escribiendo desde una silla de la sala de espera de Audifarma en Barranquilla, el columnista denuncia que la mujer embarazada que se desmayó después de tres horas de espera no fue un accidente sino el retrato de un sistema de salud que también está desmayado.
Topic: Escribiendo desde una silla de la sala de espera de Audifarma en Barranquilla, el columnista denuncia que la mujer embarazada que se desmayó después de tres horas de espera no fue un accidente sino el retrato de un sistema de salud que también está desmayado.
Leer columna → Read column →Tema: En el vigésimo aniversario de la Fundación Gascaribe, el columnista celebra una institución que transformó tradiciones productivas invisibles —cocina, tejido, alfarería— en fuentes de ingreso sostenibles para comunidades del Caribe colombiano.
Topic: En el vigésimo aniversario de la Fundación Gascaribe, el columnista celebra una institución que transformó tradiciones productivas invisibles —cocina, tejido, alfarería— en fuentes de ingreso sostenibles para comunidades del Caribe colombiano.
Leer columna → Read column →Tema: El autor analiza World.org, el proyecto del creador de la IA que escanea el iris de las personas para certificar que son humanas, y se pregunta si es un acto de redención tecnológica o una amenaza disfrazada de salvación.
Topic: El autor analiza World.org, el proyecto del creador de la IA que escanea el iris de las personas para certificar que son humanas, y se pregunta si es un acto de redención tecnológica o una amenaza disfrazada de salvación.
Leer columna → Read column →Tema: A bordo de un taxi con salsa a todo timbal, el columnista escucha el monólogo político más lúcido de la semana: el de un chofer barranquillero que sin nombrar a nadie resume mejor que cualquier editorial el estado de la política colombiana.
Topic: A bordo de un taxi con salsa a todo timbal, el columnista escucha el monólogo político más lúcido de la semana: el de un chofer barranquillero que sin nombrar a nadie resume mejor que cualquier editorial el estado de la política colombiana.
Leer columna → Read column →Tema: El columnista explica por qué los residuos que entran en contacto con el agua del Río Magdalena ya no pueden reciclarse, convirtiendo toneladas de plástico aprovechable en basura muerta, y concluye que el problema no empieza en el río sino en nuestras cocinas.
Topic: El columnista explica por qué los residuos que entran en contacto con el agua del Río Magdalena ya no pueden reciclarse, convirtiendo toneladas de plástico aprovechable en basura muerta, y concluye que el problema no empieza en el río sino en nuestras cocinas.
Leer columna → Read column →Tema: El autor recupera las tres preguntas de Sócrates —¿Es verdad? ¿Es bueno? ¿Es útil?— y las propone como el filtro que debería activarse antes de cada publicación en redes, especialmente en año electoral.
Topic: El autor recupera las tres preguntas de Sócrates —¿Es verdad? ¿Es bueno? ¿Es útil?— y las propone como el filtro que debería activarse antes de cada publicación en redes, especialmente en año electoral.
Leer columna → Read column →Tema: Usando la metáfora de la confesión religiosa, el columnista desmonta el greenwashing empresarial: comprar bonos de carbono para limpiar la fachada contable sin cambiar los procesos reales es purificar el alma solo de nombre.
Topic: Usando la metáfora de la confesión religiosa, el columnista desmonta el greenwashing empresarial: comprar bonos de carbono para limpiar la fachada contable sin cambiar los procesos reales es purificar el alma solo de nombre.
Leer columna → Read column →Tema: Dos años después de su columna crítica sobre la Uninorte, el autor reconoce la rigurosa planeación del nuevo modelo educativo de la universidad, al que fue invitado a contribuir como empresario, y lo califica como una propuesta valiente y pertinente.
Topic: Dos años después de su columna crítica sobre la Uninorte, el autor reconoce la rigurosa planeación del nuevo modelo educativo de la universidad, al que fue invitado a contribuir como empresario, y lo califica como una propuesta valiente y pertinente.
Leer columna → Read column →Tema: Después de años sin visitar Nueva York, el columnista encuentra una ciudad diferente: metros llenos de sombras, más de 104 mil personas en refugios nocturnos y una crisis emocional silenciosa que convierte a la Capital del Mundo en espejo de lo que viene.
Topic: Después de años sin visitar Nueva York, el columnista encuentra una ciudad diferente: metros llenos de sombras, más de 104 mil personas en refugios nocturnos y una crisis emocional silenciosa que convierte a la Capital del Mundo en espejo de lo que viene.
Leer columna → Read column →Tema: Con ejemplos históricos desde la comida sintética hasta la pandemia digital, el autor predice que la fascinación por la IA seguirá el mismo ciclo de deslumbramiento y desencanto, y que el ser humano terminará valorando de nuevo el acto de pensar.
Topic: Con ejemplos históricos desde la comida sintética hasta la pandemia digital, el autor predice que la fascinación por la IA seguirá el mismo ciclo de deslumbramiento y desencanto, y que el ser humano terminará valorando de nuevo el acto de pensar.
Leer columna → Read column →Tema: El columnista denuncia la escalada de violencia en Barranquilla y Colombia, desde el asesinato de ancianos hasta el sicario de 14 años, y llama a un liderazgo que baje el lenguaje y recupere la decencia antes de que el plomo nos hunda a todos.
Topic: El columnista denuncia la escalada de violencia en Barranquilla y Colombia, desde el asesinato de ancianos hasta el sicario de 14 años, y llama a un liderazgo que baje el lenguaje y recupere la decencia antes de que el plomo nos hunda a todos.
Leer columna → Read column →Tema: Tras la primera edición del congreso Perrenque Creativo, el autor reflexiona sobre la diferencia entre soñadores y hacedores, y acuña el término «acabativa» para describir la capacidad —más valiosa que la iniciativa— de convertir las ideas en realidad.
Topic: Tras la primera edición del congreso Perrenque Creativo, el autor reflexiona sobre la diferencia entre soñadores y hacedores, y acuña el término «acabativa» para describir la capacidad —más valiosa que la iniciativa— de convertir las ideas en realidad.
Leer columna → Read column →Tema: El columnista invita a los protagonistas de la industria creativa del Caribe a encontrarse en el Pabellón de Cristal del Malecón y define el Perrenque como la terquedad buena que empuja a crear, insistir y darlo todo sin dejar de ser uno mismo.
Topic: El columnista invita a los protagonistas de la industria creativa del Caribe a encontrarse en el Pabellón de Cristal del Malecón y define el Perrenque como la terquedad buena que empuja a crear, insistir y darlo todo sin dejar de ser uno mismo.
Leer columna → Read column →Tema: El autor cuestiona la visión de Zuckerberg de una publicidad totalmente automatizada por IA y defiende que si todos los anuncios son «recalentaos», las marcas con ambición seguirán necesitando la cabeza y el corazón de un buen creativo.
Topic: El autor cuestiona la visión de Zuckerberg de una publicidad totalmente automatizada por IA y defiende que si todos los anuncios son «recalentaos», las marcas con ambición seguirán necesitando la cabeza y el corazón de un buen creativo.
Leer columna → Read column →Tema: A través de la figura de los espantajopo que lucen ropa europea fabricada en China, el columnista analiza la guerra comercial entre Trump y China y propone que esta es la oportunidad perfecta para valorar y convertir en lujo lo que se hace en casa.
Topic: A través de la figura de los espantajopo que lucen ropa europea fabricada en China, el columnista analiza la guerra comercial entre Trump y China y propone que esta es la oportunidad perfecta para valorar y convertir en lujo lo que se hace en casa.
Leer columna → Read column →Tema: El autor traza un paralelo entre la campaña «Yo quiero a Medellín» de los años 80 y el momento actual del Caribe colombiano, reivindicando el Perrenque como el equivalente costeño de la berraquera paisa.
Topic: El autor traza un paralelo entre la campaña «Yo quiero a Medellín» de los años 80 y el momento actual del Caribe colombiano, reivindicando el Perrenque como el equivalente costeño de la berraquera paisa.
Leer columna → Read column →Tema: Más allá de sus defectos narrativos, el columnista defiende que la serie Medusa de Netflix fue la mejor vitrina que ha tenido Barranquilla recientemente como escenario audiovisual, abriendo una puerta que la ciudad no puede desperdiciar.
Topic: Más allá de sus defectos narrativos, el columnista defiende que la serie Medusa de Netflix fue la mejor vitrina que ha tenido Barranquilla recientemente como escenario audiovisual, abriendo una puerta que la ciudad no puede desperdiciar.
Leer columna → Read column →Tema: El columnista revela que la polémica sobre si la serie Medusa habla de los Char fue en realidad una brillante estrategia de marketing de la agencia Sancho BBDO con Abelardo de la Espriella como actor pagado, logrando cifras récord el día del estreno.
Topic: El columnista revela que la polémica sobre si la serie Medusa habla de los Char fue en realidad una brillante estrategia de marketing de la agencia Sancho BBDO con Abelardo de la Espriella como actor pagado, logrando cifras récord el día del estreno.
Leer columna → Read column →Tema: En una columna de contenido impopular, el autor se declara insatisfecho como espectador del segundo concierto de Shakira en Barranquilla: horas de espera, pantalla gigante rota, comida cara y visibilidad bloqueada por celulares.
Topic: En una columna de contenido impopular, el autor se declara insatisfecho como espectador del segundo concierto de Shakira en Barranquilla: horas de espera, pantalla gigante rota, comida cara y visibilidad bloqueada por celulares.
Leer columna → Read column →Tema: El columnista analiza cómo la llegada de DeepSeek al mercado de la IA obligará a OpenAI y Nvidia a bajar precios, comparándolo con el impacto que tuvieron ARA y D1 sobre Éxito y Olímpica en Colombia.
Topic: El columnista analiza cómo la llegada de DeepSeek al mercado de la IA obligará a OpenAI y Nvidia a bajar precios, comparándolo con el impacto que tuvieron ARA y D1 sobre Éxito y Olímpica en Colombia.
Leer columna → Read column →Tema: Inspirado en el modelo de residencia de Bad Bunny en Puerto Rico —que generará más de 100 millones de dólares—, el autor propone que Shakira inaugure el futuro megaescenario de Barranquilla con 20 conciertos propios.
Topic: Inspirado en el modelo de residencia de Bad Bunny en Puerto Rico —que generará más de 100 millones de dólares—, el autor propone que Shakira inaugure el futuro megaescenario de Barranquilla con 20 conciertos propios.
Leer columna → Read column →Tema: A partir de la anécdota de Florentino Pérez preguntándole a James «¿Pasta o Gloria?», el columnista convierte la decisión del futbolista de elegir Leones de México sobre el Junior en una reflexión universal sobre cómo todos enfrentamos el dilema entre el beneficio inmediato y la trascendencia.
Topic: A partir de la anécdota de Florentino Pérez preguntándole a James «¿Pasta o Gloria?», el columnista convierte la decisión del futbolista de elegir Leones de México sobre el Junior en una reflexión universal sobre cómo todos enfrentamos el dilema entre el beneficio inmediato y la trascendencia.
Leer columna → Read column →Tema: El autor advierte que los planes de automatización impulsados por la reforma laboral colombiana podrían agravar el informalismo en un país donde más del 50% de los trabajadores ya opera fuera del sistema formal.
Topic: El autor advierte que los planes de automatización impulsados por la reforma laboral colombiana podrían agravar el informalismo en un país donde más del 50% de los trabajadores ya opera fuera del sistema formal.
Leer columna → Read column →Tema: El columnista narra su descubrimiento del fenómeno Yova Perreo: un niño de ojos claros de los barrios populares de Barranquilla que conquistó la gallada, ganó en los Premios Luna y abrió las puertas al análisis del nuevo género musical El Güarapo.
Topic: El columnista narra su descubrimiento del fenómeno Yova Perreo: un niño de ojos claros de los barrios populares de Barranquilla que conquistó la gallada, ganó en los Premios Luna y abrió las puertas al análisis del nuevo género musical El Güarapo.
Leer columna → Read column →Tema: El autor celebra las elecciones uruguayas donde el ganador habló de gobernar para todos y el perdedor prometió ser oposición constructiva, contrastando ese paisito con sus gigantescos vecinos Argentina y Brasil, dominados por la polarización.
Topic: El autor celebra las elecciones uruguayas donde el ganador habló de gobernar para todos y el perdedor prometió ser oposición constructiva, contrastando ese paisito con sus gigantescos vecinos Argentina y Brasil, dominados por la polarización.
Leer columna → Read column →Tema: El columnista contrasta la canción +57 de los reguetoneros colombianos —a la que califica de oportunidad desaprovechada— con el fenómeno viral de un grupo de abuelos cuya canción «Yo no me olvido de ti» se convirtió en un himno generacional.
Topic: El columnista contrasta la canción +57 de los reguetoneros colombianos —a la que califica de oportunidad desaprovechada— con el fenómeno viral de un grupo de abuelos cuya canción «Yo no me olvido de ti» se convirtió en un himno generacional.
Leer columna → Read column →Tema: A partir de una mujer que se detuvo a ayudarlo cuando su carro se quedó sin gasolina, el autor reflexiona sobre el poder silencioso de los favores desinteresados y la urgencia de una sociedad con más desprendimiento y menos mentalidad transaccional.
Topic: A partir de una mujer que se detuvo a ayudarlo cuando su carro se quedó sin gasolina, el autor reflexiona sobre el poder silencioso de los favores desinteresados y la urgencia de una sociedad con más desprendimiento y menos mentalidad transaccional.
Leer columna → Read column →Tema: El columnista narra su frustración al intentar comprar boletas para el concierto de Shakira en Barranquilla y denuncia el negocio de la reventa, que secuestra las entradas antes de que lleguen a los fans reales.
Topic: El columnista narra su frustración al intentar comprar boletas para el concierto de Shakira en Barranquilla y denuncia el negocio de la reventa, que secuestra las entradas antes de que lleguen a los fans reales.
Leer columna → Read column →Tema: Más allá de la polémica inicial, el autor analiza la decisión del SENA de homologar la prostitución como oficio regulado por la OIT y defiende que dignificar a quienes ejercen este trabajo es un principio de justicia laboral.
Topic: Más allá de la polémica inicial, el autor analiza la decisión del SENA de homologar la prostitución como oficio regulado por la OIT y defiende que dignificar a quienes ejercen este trabajo es un principio de justicia laboral.
Leer columna → Read column →Tema: En un ejercicio interactivo, el columnista invita al lector a completar mentalmente el titular de la columna tras cada situación cotidiana de viveza colombiana, y propone aprender del modelo japonés donde el civismo se resume en que «todo tiene un dueño».
Topic: En un ejercicio interactivo, el columnista invita al lector a completar mentalmente el titular de la columna tras cada situación cotidiana de viveza colombiana, y propone aprender del modelo japonés donde el civismo se resume en que «todo tiene un dueño».
Leer columna → Read column →Tema: El autor explica por qué el sistema de pagos instantáneos Bre-B, inspirado en el modelo brasileño PIX, marcará un antes y un después en la cultura financiera colombiana en 2025, eliminando frases como «mándame el comprobante».
Topic: El autor explica por qué el sistema de pagos instantáneos Bre-B, inspirado en el modelo brasileño PIX, marcará un antes y un después en la cultura financiera colombiana en 2025, eliminando frases como «mándame el comprobante».
Leer columna → Read column →Tema: El columnista revela la historia del Club ABC de Barranquilla y el misterioso cuarto secreto descubierto cinco metros bajo tierra durante una remodelación, con una mesa de madera que podría haber pertenecido a un alemán de la Segunda Guerra Mundial.
Topic: El columnista revela la historia del Club ABC de Barranquilla y el misterioso cuarto secreto descubierto cinco metros bajo tierra durante una remodelación, con una mesa de madera que podría haber pertenecido a un alemán de la Segunda Guerra Mundial.
Leer columna → Read column →Tema: El autor rinde homenaje a Patricia Maestre y Martha Marcela Márquez, quienes en 2008 crearon una pequeña feria gastronómica para la Cruz Roja que hoy es el evento culinario más grande del Caribe colombiano: Sabor Barranquilla.
Topic: El autor rinde homenaje a Patricia Maestre y Martha Marcela Márquez, quienes en 2008 crearon una pequeña feria gastronómica para la Cruz Roja que hoy es el evento culinario más grande del Caribe colombiano: Sabor Barranquilla.
Leer columna → Read column →Tema: El columnista presenta el concepto de marketing de sororidad a través de la campaña de Brilla de Gases del Caribe, que visibilizó a cinco mujeres transformadoras de sus comunidades, y defiende que toda empresa exitosa existe para sus clientes, no por ellos.
Topic: El columnista presenta el concepto de marketing de sororidad a través de la campaña de Brilla de Gases del Caribe, que visibilizó a cinco mujeres transformadoras de sus comunidades, y defiende que toda empresa exitosa existe para sus clientes, no por ellos.
Leer columna → Read column →Tema: El autor narra minuto a minuto el atentado contra Donald Trump en Pensilvania y analiza cómo, en el instante en que se levantó ensangrentado con el puño en alto, los fotógrafos dispararon la imagen que lo lanzó definitivamente a la presidencia.
Topic: El autor narra minuto a minuto el atentado contra Donald Trump en Pensilvania y analiza cómo, en el instante en que se levantó ensangrentado con el puño en alto, los fotógrafos dispararon la imagen que lo lanzó definitivamente a la presidencia.
Leer columna → Read column →Tema: El columnista relata cómo lanzó un dispositivo GPS dentro de una botella al Río Magdalena cerca de Calamar como prueba piloto para demostrar que la basura del interior del país termina en las playas de Puerto Colombia.
Topic: El columnista relata cómo lanzó un dispositivo GPS dentro de una botella al Río Magdalena cerca de Calamar como prueba piloto para demostrar que la basura del interior del país termina en las playas de Puerto Colombia.
Leer columna → Read column →Tema: El autor analiza cómo Estados Unidos compró y transformó el fútbol en Soccer: un deporte más técnico, inclusivo y bien mercadeado, y augura que pronto los referentes sudamericanos que brillan en suelo gringo harán que lo llamen fulbo' y no zoke'.
Topic: El autor analiza cómo Estados Unidos compró y transformó el fútbol en Soccer: un deporte más técnico, inclusivo y bien mercadeado, y augura que pronto los referentes sudamericanos que brillan en suelo gringo harán que lo llamen fulbo' y no zoke'.
Leer columna → Read column →Tema: Un encuentro con un nativo de Isla de Pascua apasionado por el Río Magdalena le provoca al columnista la sana vergüenza de que sean los extranjeros quienes ven el potencial de nuestro río mientras los colombianos lo tenemos abandonado en el patio de atrás.
Topic: Un encuentro con un nativo de Isla de Pascua apasionado por el Río Magdalena le provoca al columnista la sana vergüenza de que sean los extranjeros quienes ven el potencial de nuestro río mientras los colombianos lo tenemos abandonado en el patio de atrás.
Leer columna → Read column →Tema: Al cumplirse 25 años de la declaración del centro histórico de Barranquilla como Bien de Interés Cultural, el columnista celebra el renacer urbano del sector y llama a los barranquilleros a volver al corazón de su ciudad.
Topic: Al cumplirse 25 años de la declaración del centro histórico de Barranquilla como Bien de Interés Cultural, el columnista celebra el renacer urbano del sector y llama a los barranquilleros a volver al corazón de su ciudad.
Leer columna → Read column →Tema: En una reflexión literaria por el Día de la Madre, el autor clasifica arquetipos maternos —hijue'wendys, hijue'bovaristas, hijue'medeas e hijue'úrsulas— y concluye preguntándose por qué, con tantas madres amorosas, hay tantos hijue'madres en la sociedad.
Topic: En una reflexión literaria por el Día de la Madre, el autor clasifica arquetipos maternos —hijue'wendys, hijue'bovaristas, hijue'medeas e hijue'úrsulas— y concluye preguntándose por qué, con tantas madres amorosas, hay tantos hijue'madres en la sociedad.
Leer columna → Read column →Tema: A partir de la película Civil War de Alex Garland, el columnista traza un paralelo con la polarización política colombiana y advierte sobre el peligro de que la batalla de marchas derive en una degradación irreversible del país.
Topic: A partir de la película Civil War de Alex Garland, el columnista traza un paralelo con la polarización política colombiana y advierte sobre el peligro de que la batalla de marchas derive en una degradación irreversible del país.
Leer columna → Read column →Tema: Con la canción de Maná como telón de fondo, el autor analiza la crisis tarifaria de las empresas de energía Aire y Afinia en el Caribe colombiano y convoca a una marcha ciudadana sin diferencias políticas bajo la consigna #TarifaJustaYa.
Topic: Con la canción de Maná como telón de fondo, el autor analiza la crisis tarifaria de las empresas de energía Aire y Afinia en el Caribe colombiano y convoca a una marcha ciudadana sin diferencias políticas bajo la consigna #TarifaJustaYa.
Leer columna → Read column →Tema: En un relato de ficción con dos empaques de gaseosa como protagonistas —Paco y Paca—, el columnista construye una metáfora sobre el reciclaje, la indiferencia ciudadana y la tragedia de los residuos que mueren antes de poder ser aprovechados.
Topic: En un relato de ficción con dos empaques de gaseosa como protagonistas —Paco y Paca—, el columnista construye una metáfora sobre el reciclaje, la indiferencia ciudadana y la tragedia de los residuos que mueren antes de poder ser aprovechados.
Leer columna → Read column →Tema: Tras investigar con la Triple A que recoge 300 toneladas de basura mensual en las playas de Puerto Colombia, el autor revela que gran parte proviene del Río Magdalena y llama a una indignación colectiva que incluya al interior del país.
Topic: Tras investigar con la Triple A que recoge 300 toneladas de basura mensual en las playas de Puerto Colombia, el autor revela que gran parte proviene del Río Magdalena y llama a una indignación colectiva que incluya al interior del país.
Leer columna → Read column →Tema: El columnista se une a la fundación del movimiento ciudadano «Baqanes», inspirado en la filosofía de Hugo González, y convoca a todos los barranquilleros a promover la cultura cívica: respetar semáforos, ceder el puesto, no tirar basura.
Topic: El columnista se une a la fundación del movimiento ciudadano «Baqanes», inspirado en la filosofía de Hugo González, y convoca a todos los barranquilleros a promover la cultura cívica: respetar semáforos, ceder el puesto, no tirar basura.
Leer columna → Read column →Tema: En esta columna, el autor reflexiona sobre el impacto de las marcas comerciales en la Batalla de Flores y propone un pacto entre agencias y patrocinadores para preservar la esencia artística del desfile más importante del Carnaval de Barranquilla.
Topic: En esta columna, el autor reflexiona sobre el impacto de las marcas comerciales en la Batalla de Flores y propone un pacto entre agencias y patrocinadores para preservar la esencia artística del desfile más importante del Carnaval de Barranquilla.
Leer columna → Read column →Tema: En una segunda reflexión sobre el carnaval y las marcas, el autor identifica a los patrocinadores que lo hacen bien —Promigas, Bancolombia, Gases del Caribe, entre otros— y hace un llamado colectivo a cuidar el patrimonio cultural.
Topic: En una segunda reflexión sobre el carnaval y las marcas, el autor identifica a los patrocinadores que lo hacen bien —Promigas, Bancolombia, Gases del Caribe, entre otros— y hace un llamado colectivo a cuidar el patrimonio cultural.
Leer columna → Read column →Tema: En formato de guión cinematográfico, el columnista narra una escena de violencia que vivió en Barranquilla en 1995 y la conecta con la historia real detrás de la actriz Sofía Vergara, protagonista de la serie Griselda.
Topic: En formato de guión cinematográfico, el columnista narra una escena de violencia que vivió en Barranquilla en 1995 y la conecta con la historia real detrás de la actriz Sofía Vergara, protagonista de la serie Griselda.
Leer columna → Read column →Tema: A través de la leyenda del mecánico barranquillero Juancho, quien cobró diez millones por saber dónde pegar un martillazo en una mina de La Guajira, el autor reivindica el valor del talento creativo del Caribe colombiano.
Topic: A través de la leyenda del mecánico barranquillero Juancho, quien cobró diez millones por saber dónde pegar un martillazo en una mina de La Guajira, el autor reivindica el valor del talento creativo del Caribe colombiano.
Leer columna → Read column →Tema: El columnista presenta los cinco avances tecnológicos esperados para 2024 en Colombia y confiesa al final que la columna fue escrita con ayuda de ChatGPT4, convirtiendo el texto en una demostración práctica de su propio argumento.
Topic: El columnista presenta los cinco avances tecnológicos esperados para 2024 en Colombia y confiesa al final que la columna fue escrita con ayuda de ChatGPT4, convirtiendo el texto en una demostración práctica de su propio argumento.
Leer columna → Read column →Tema: En esta crónica escrita para el libro de los 20 años de Fundación Gascaribe, el autor visita Pueblo Viejo y Tasajera —pueblos marcados por tragedias— y descubre una comunidad que con apoyo de la fundación convirtió la basura en artesanía y el estigma en dignidad.
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Leer columna → Read column →Tema: A través de ejemplos del fútbol, la familia, los negocios y la política, el columnista explora la dicotomía entre quienes saben decir y quienes saben hacer, concluyendo que ambos son necesarios siempre que cada uno entienda su papel.
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Leer columna → Read column →Tema: El autor analiza la reestructuración laboral de la Universidad del Norte como síntoma de una crisis global del modelo universitario, donde los estudiantes prefieren formaciones técnicas cortas sobre carreras largas y costosas.
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Leer columna → Read column →Tema: El autor encuentra el denominador común entre el estreno cinematográfico de la saga distópica y el debut presidencial de Javier Milei en Argentina: ambos son realities donde el público vota por sus favoritos y el entretenimiento se confunde con la política real.
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Leer columna → Read column →Tema: Partiendo de la infame frase de Turbay Ayala, el columnista analiza cómo Colombia normalizó la corrupción en su vida cotidiana y cómo los nuevos políticos modernizaron su imagen sin cambiar el fondo: hoy tocan guitarra y caminan en tenis.
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Leer columna → Read column →Tema: El autor explica con la metáfora del fotógrafo cómo las encuestas electorales, aunque reales, pueden ser manipuladas por quienes deciden el momento y la muestra, y advierte sobre las consultoras fantasmas que aparecen en temporada política.
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Leer columna → Read column →Tema: Bajo el formato de una carta de copropiedad, el columnista hace una alegoría política sobre Colombia: torres sin agua, portones sin candado y candidatos que solo aparecen en época de asambleas regalando mercados.
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Leer columna → Read column →Tema: El autor revela los detalles detrás de la campaña que él mismo creó para la Organización Social nu3: una estrategia de marketing disruptivo que convirtió una piedra pintada en el fenómeno viral más premiado en la historia del Caribe colombiano.
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Leer columna → Read column →Tema: El columnista celebra que Shakira use su plataforma global para denunciar la esclavitud laboral moderna a través de «El Jefe» y la califica como una verdadera artista, capaz de ser taquillera tratando temas que otros evitan.
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Leer columna → Read column →Tema: Usando la metáfora de la carrera de postas, el columnista llama a los viejos políticos colombianos a reconocer cuándo el testigo ya no es suyo y a cederle el paso a líderes nuevos con el tanque lleno de energía y visión de futuro.
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Leer columna → Read column →Tema: El autor defiende a Karol G y Bad Bunny de sus críticos generacionales y argumenta que entender los códigos de la música actual es la única manera de comprender a las nuevas generaciones, igual que en cada época hubo quien desdeñó el rock o el vallenato.
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Leer columna → Read column →Tema: El columnista rinde homenaje a su amigo Jairo Giraldo Vizcaíno, quien murió después de sufrir un colapso trotando en el Gran Malecón de Barranquilla sin que hubiera una ambulancia disponible en los 5 kilómetros del parque recreativo.
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Leer columna → Read column →Tema: Con el lenguaje del carnaval, el columnista describe el espectáculo de las inscripciones de candidatos políticos y llama a evolucionar hacia una modernidad donde prime el voto de opinión sobre el de tradición.
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Leer columna → Read column →Tema: Desde las ruinas de Machu Picchu, el autor compara la industria turística peruana —que genera 3 millones de empleos— con la Ciudad Perdida de la Sierra Nevada y lamenta que Colombia tenga todo el patrimonio pero le falte la convicción de cuidarlo y venderlo.
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Leer columna → Read column →Tema: El columnista reflexiona sobre la ética periodística en la era del Twitter, donde el afán de viralidad lleva a periodistas a saltarse el rigor de las tres fuentes, y propone que el filtro socrático debe aplicarse también a quienes consumen y comparten noticias.
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Leer columna → Read column →Tema: El autor narra su encuentro con un niño uruguayo que lloraba la derrota de su selección el día que Argentina ganó el mundial, y convierte esa escena en una reflexión sobre identidad, orgullo y esperanza deportiva.
Topic: El autor narra su encuentro con un niño uruguayo que lloraba la derrota de su selección el día que Argentina ganó el mundial, y convierte esa escena en una reflexión sobre identidad, orgullo y esperanza deportiva.
Leer columna → Read column →Tema: Desde un documental filmado en la isla de Barú en 2002, el autor narra cómo la llegada del gas natural transformó la vida de familias costeñas y reflexiona sobre el debate actual entre gas y descarbonización desde una perspectiva humana.
Topic: Desde un documental filmado en la isla de Barú en 2002, el autor narra cómo la llegada del gas natural transformó la vida de familias costeñas y reflexiona sobre el debate actual entre gas y descarbonización desde una perspectiva humana.
Leer columna → Read column →Tema: El columnista analiza el fracaso del megaproyecto Arena del Río y se pregunta si sus promotores supieron escuchar a una ciudad que recién inauguraba Puerta de Oro y luchaba por su punto de equilibrio financiero.
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Leer columna → Read column →Tema: Usando la historia de su primer carro, al que bautizó Carolina, el columnista ilustra una verdad fundamental del marketing: por más brillante que sea una campaña publicitaria, si el producto falla, el cliente despechado destruirá la marca.
Topic: Usando la historia de su primer carro, al que bautizó Carolina, el columnista ilustra una verdad fundamental del marketing: por más brillante que sea una campaña publicitaria, si el producto falla, el cliente despechado destruirá la marca.
Leer columna → Read column →Tema: El autor advierte que las universidades siguen evaluando habilidades que la Inteligencia Artificial ya resolvió, y plantea que el futuro de la educación superior está en formar estudiantes que piensen, no solo que ejecuten.
Topic: El autor advierte que las universidades siguen evaluando habilidades que la Inteligencia Artificial ya resolvió, y plantea que el futuro de la educación superior está en formar estudiantes que piensen, no solo que ejecuten.
Leer columna → Read column →Tema: Comparando la IA con ese plato dominguero hecho de sobras recalentadas, el autor argumenta que la tecnología produce contenido satisfactorio pero nunca extraordinario, y llama a usar la IA como base para crear, no como reemplazo del pensamiento original.
Topic: Comparando la IA con ese plato dominguero hecho de sobras recalentadas, el autor argumenta que la tecnología produce contenido satisfactorio pero nunca extraordinario, y llama a usar la IA como base para crear, no como reemplazo del pensamiento original.
Leer columna → Read column →Tema: A partir de una escena de ciencia ficción de los años 90, el columnista analiza las predicciones de los futurólogos sobre el sexo virtual y defiende que ningún aparato tecnológico podrá reemplazar la experiencia humana del contacto real.
Topic: A partir de una escena de ciencia ficción de los años 90, el columnista analiza las predicciones de los futurólogos sobre el sexo virtual y defiende que ningún aparato tecnológico podrá reemplazar la experiencia humana del contacto real.
Leer columna → Read column →Durante años, en esta región nos vendieron una idea medio acomplejada. Que el talento del Caribe servía para ponerle sabor a las cosas, pero no necesariamente para estructurar industria. Como si aquí fuéramos buenos para animar el evento, pero no para diseñarlo. Buenos para la ocurrencia, pero no para la estrategia.
Y la verdad es que hace rato esa caricatura nos quedó chiquita.
Porque algo importante está pasando en el sector creativo del Caribe colombiano. Y no me refiero solamente a que haya más agencias, más productoras, más marcas interesadas en comunicar mejor o más jóvenes queriendo trabajar en publicidad, contenidos, diseño, audiovisual, medios o narrativa digital.
Me refiero a algo más serio. Estamos empezando a entender que la creatividad también es economía, empresa, tejido productivo y desarrollo.
Ya era hora.
Durante mucho tiempo este sector fue tratado como un adorno simpático del aparato económico. Como si la creatividad fuera el moño y no una parte del motor.
Pero hoy la conversación empieza a cambiar. Ya no se habla solo de inspiración. Se habla de impacto, de conexiones, de negocio, de formación y de cómo convertir el talento en una capacidad real para mover ciudad y región.
Ahí es donde Perrenque Creativo cobra sentido.
Porque Perrenque no nació para sumar otra agenda social. Nació para ayudar a ordenar una conversación que el Caribe necesitaba tener consigo mismo.
Por eso emociona tanto que este año crezca. Perrenque Creativo 2026 se realizará los próximos 6 y 7 de mayo en el Gran Salón de Comfamiliar Atlántico Sede Caribe, un aliado fundamental que le apuesta al desarrollo de la industria de eventos en el Caribe con una infraestructura moderna, tecnología de punta y condiciones para recibir encuentros sociales y corporativos de nivel internacional.
Y eso también hay que celebrarlo. Que una entidad como Comfamiliar invierta en espacios así demuestra visión. Que entiende que los eventos no son relleno social ni simple protocolo corporativo. Son conocimiento, networking, turismo, reputación y desarrollo económico.
También da orgullo ver cómo el sector privado, los medios, Barranquilla y actores institucionales empiezan a coincidir en algo fundamental: apostarle a la creatividad no es un capricho, es una decisión inteligente de ciudad y de región. En esa conversación, además, El Heraldo ha sido un gran aliado.
El Caribe creativo ya no está para pedir permiso. Está para crecer, conectarse mejor y demostrar que aquí no solo hay buenas ideas. Aquí hay con qué volverlas realidad.
Así que sí: toca meterle más Perrenque. Nos vemos el 6 y 7 de mayo.
“Likes” no son votos
El éxito y el fracaso de los influencers en las votaciones.
Las elecciones legislativas del domingo dejaron un experimento político interesante: medir cuánto pesa un influencer cuando el escenario deja de ser la pantalla del celular y pasa a ser la urna.
Durante años escuchamos la misma profecía: que las redes sociales iban a cambiar la política para siempre. Que quien dominara TikTok, Instagram o YouTube dominaría también las urnas.
Pero la jornada electoral volvió a recordarnos algo importante: en política los seguidores no siempre son votos.
El voto estructural sigue siendo el músculo más poderoso del sistema político colombiano. Las maquinarias territoriales continúan dominando buena parte del mapa electoral. Redes de líderes barriales, organizaciones políticas y estructuras que llevan décadas perfeccionando la movilización del votante. Mientras el influencer transmite desde su celular, la maquinaria sigue tocando puertas… y bolsillos.
Pero entre esa realidad conocida comenzó a consolidarse otro fenómeno: el “voto influencer”.
Por segunda elección consecutiva algunos creadores de contenido lograron convertir comunidades digitales en capital político real. El caso más visible sigue siendo el del senador J.P. Hernández, quien repite curul demostrando que su audiencia digital también puede comportarse como base política organizada.
A esa ola se suma el creador “ElefantesCol”, una de las sorpresas de la jornada, quien logró transformar una comunidad de 340 mil seguidores en Instagram en más de 120 mil votos para una curul en el Senado.
También llegarán al Congreso figuras como Wally y Lalis, aunque su caso responde más a la lógica de listas cerradas dentro de una estructura partidista que al fenómeno del voto de opinión individual.
Pero si algo dejó clara esta elección es que tener seguidores no te convierte automáticamente en político.
Varios influencers con audiencias gigantescas como Pechy Player, Miss
Melindres o FelipeSaruma, que con más de cinco millones de seguidores no logró llegar a 50 mil votos. Esto dice algo interesante del electorado colombiano: los seguidores digitales no son votos. Una cosa es entretener y otra muy distinta liderar opinión.
Los que sí lograron resultados comparten un rasgo común: llevan años hablando de temas ciudadanos, control político y debate público. Sus redes funcionan más como una plaza pública que como un escenario de entretenimiento.
Y ahí puede estar la clave del nuevo liderazgo político: la coherencia de la huella digital.
Coherencia entre lo que se dice, lo que se publica y lo que se hace.
Porque las redes sociales tienen algo que ninguna campaña tradicional tuvo antes: memoria permanente. Todo queda registrado. Todo se compara.
Todo se confronta.
Tal vez por eso el futuro del voto de opinión no lo definan ni las maquinarias ni los algoritmos.
Lo definirán los políticos capaces de sostener coherencia en su huella digital.
Porque los seguidores se consiguen. Pero la credibilidad, y los votos, se construyen.
Esta es, sin duda, la peor región del país para decidir ser un therian.
No por falta de libertades. No por ausencia de modernidad. Sino porque en el Caribe colombiano cualquier rareza pasa primero por el filtro de la mamadera de gallo.
Hace unos días una gran amiga, costeña hasta la médula y madre de vieja escuela, escribió en sus redes una frase tan cruel como ingeniosa: “Los therians son el resultado de dar chancletazos con crocs”. La sentencia era breve, pero decía mucho. No hablaba solo de disciplina blanda; hablaba de una generación criada con más validación digital que conversación profunda.
Mientras tanto, en la Plaza de La Paz en Barranquilla, dos jóvenes caminaban en cuatro patas, con cola postiza y orejas peludas. A su alrededor, una rueda perfecta de celulares y carcajadas. No era una comparsa carnavalera. Tampoco un grupo de apoyo. Era la tendencia de los therians aterrizando en la capital mundial de la mamadera de gallo.
Para quien no lo tenga claro: los therians son jóvenes que se identifican espiritualmente con un animal. En plataformas como TikTok o Instagram el fenómeno explotó en comunidades que se validan entre sí.
Aunque parezca una locura, los psicólogos no lo han catalogado como trastorno mental en los manuales diagnósticos. Pero muchos especialistas coinciden en algo más relevante: cuando un adolescente necesita escapar simbólicamente de su identidad humana siguiendo una tendencia de redes sociales, hay una historia emocional que merece atención.
Volviendo al terruño, imagine a un therian entrando al estadio un domingo de Junior. O caminando por el Paseo Bolívar. En el recreo de un colegio. Aquí el algoritmo no te esconde. Aquí el remoquete te lo endilgan en segundos.
El episodio de la Plaza de La Paz terminó como era previsible: risas, grabaciones y hasta una supuesta pelea de “perros” donde alguien gritaba “¡Lulú, ataca!” mientras otro joven quedaba patas arriba. Para la multitud no era una tendencia mundial; era un meme recién parido.
Y es así como nace el perratherian.
Porque si algo es frágil en la adolescencia es la identidad. Y si algo es implacable en nuestras ciudades es el perrateo. Aquí lo diferente no se debate: se bautiza, se exagera y se viraliza.
Pero tal vez la pregunta incómoda no sea qué les pasa a ellos. La pregunta es qué nos pasa a nosotros.
Qué tan inseguros estamos como sociedad que lo distinto nos provoca risa antes que curiosidad. Qué tan poco sabemos acompañar emocionalmente a una generación que creció más frente a una pantalla que frente a una mesa familiar. Qué tan rápido convertimos en circo lo que podría ser síntoma de un trastorno emocional severo con consecuencias lamentables.
Quizás mi amiga tenga razón en su ironía doméstica. Tal vez no fueron los crocs. Pero sí es evidente que algo más profundo está pasando.
Y mientras seguimos riéndonos del que camina en cuatro patas, evitamos preguntarnos por qué hay tantos jóvenes que no quieren caminar en dos.
El problema no es el therian. Tal vez el problema somos nosotros… y el perratherian.
El fenómeno comunicacional de Bad Bunny sigue siendo un enigma para muchos analistas de comunicación y estrategas de marketing. No porque no lo vean, sino porque no saben desde dónde mirarlo.
¿Cómo se explica que un joven que mezclaba ritmos en una laptop mientras empacaba mercados en un supermercado, que estudió y abandonó la universidad, se haya convertido en la voz latina más potente de visibilización cultural del planeta? ¿Cómo entender que alguien criticado por su vocabulario limitado, por letras cargadas de groserías y expresiones soeces, sea hoy símbolo de resistencia cultural, libertades individuales, empoderamiento, perseverancia y orgullo identitario?
Para el analista tradicional, Bad Bunny es un error del sistema. Para el intelectual clásico, una anomalía. Para algunos activistas políticos, un vocero superficial. Pero el problema no es Benito. El problema es el marco teórico desde el cual se le juzga.
Muchos siguen aferrados a una era analógica que ya no existe. A una lógica donde el mensaje debía ser correcto, pulido y elevado para ser legítimo. Pero como advertía Marshall McLuhan, “el medio es el mensaje”.
Y el medio cambió de forma radical.
Hoy la comunicación ya no se procesa desde la literalidad. El mensaje no vive solo en el texto, sino en el contexto. En lo que se ve, se escucha, se recuerda y se contrasta segundos antes y después en un ecosistema de pantallas.
Benito conoció las reglas antes de romperlas. Estudió comunicación.
Comprendió la estructura clásica del mensaje y luego decidió desmontarla desde la experiencia emocional de su generación. No comunica para ser analizado; comunica para ser sentido. Ahí radica su poder.
Su mensaje no se entiende leyendo o escuchando letras aisladas. Se comprende dentro de un sistema omnicanal donde ritmo, música, vestuario, baile, imagen, actitud, redes, relaciones, silencios y gestos construyen sentido.
Por eso no es menor que este fenómeno haya alcanzado el domingo pasado el escenario más visto en vivo de la historia: el Super Bowl. No como logro musical aislado, sino como confirmación simbólica de un cambio de era.
Las reglas cambiaron. Simplemente dejaron de servir. El mensaje dejó de ser académico y pasó a ser emocional.
Mientras algunos expertos siguen preguntándose por qué Bad Bunny comunica, millones de jóvenes ya tienen la respuesta: porque no les habla desde afuera, les habla desde adentro.
Y quizás ahí está la lección más incómoda para la industria, la academia y los opinadores profesionales: que en esta nueva anatomía del mensaje, entender menos de teoría y más de gente es lo que realmente marca la diferencia.
Durante décadas supimos más o menos quiénes influían en la opinión pública. Periodistas, académicos, líderes políticos, columnistas, voces incómodas pero necesarias. No eran infalibles, pero ayudaban a ordenar el debate, a contrastar ideas, a incomodar certezas.
Hoy eso se está perdiendo. No porque falten voces, sino porque la opinión ya no la lideran personas: la lidera un algoritmo.
Un algoritmo complaciente. Diseñado no para decirte lo que necesitas saber, sino lo que quieres ver. Lo que confirma tus creencias, alimenta tus sesgos y te hace sentir parte del “lado correcto”. Así se va formando una opinión cómoda, atractiva, emocional… pero no necesariamente correcta.
El problema de fondo es que ese algoritmo no es neutral. Responde a una lógica de capitalismo extremo: la política del consumo. Yo te muestro lo que te gusta para vendértelo. Funciona de maravilla cuando se trata de elegir un celular, una crema antiarrugas o una marca de zapatos. Te refuerzo la idea de que “este es mejor” porque sé que eso te impulsa a comprar.
La gravedad aparece cuando esa misma lógica rige la opinión política.
Porque la política no se puede consumir como un producto más. Pero hoy se empaca igual. El algoritmo te vende una visión del mundo alineada con tu burbuja. Te muestra solo los argumentos que te gustan. Te oculta los que te incomodan. Y así terminas creyendo que “todo el mundo piensa igual”.
Cuando en realidad no es así.
Existen otras burbujas digitales que afirman exactamente lo contrario.
Para otros usuarios, otro candidato es el evidente, el lógico, el mayoritario. Cada burbuja vive convencida de ser la mayoría. El problema es que nadie sabe de qué tamaño es cada una. No hay forma real de medirlas desde el feed. Porque son dinámicas y se actualizan dependiendo las métricas de comportamiento.
Y ahí está el quiebre más peligroso: ya no sabemos cuál es la opinión general de una sociedad. Ni siquiera de un país. Porque la conversación pública dejó de ser un espacio compartido y se fragmentó en miles de realidades paralelas.
Las elecciones recientes en distintos países lo han demostrado una y otra vez. Redes que anticipan victorias aplastantes y urnas que cuentan otra historia. No porque la gente “se equivoque”, sino porque la percepción fue moldeada por un sistema que prioriza la satisfacción individual sobre la verdad colectiva.
Tal vez el mayor desafío de esta época no sea informarte más, sino desconfiar un poco de lo que crees saber. Recuerda que esa opinión que parece dominante… muchas veces es solo la que el algoritmo decidió complacerte. Y que la realidad, como siempre, suele ser bastante más compleja que la burbuja digital en la que el algoritmo te tiene atrapado.
La pregunta para las empresas de comunicaciones y marketing del Caribe colombiano.
La escena se repite. Pasillo de evento, café en mano, charla rápida entre colegas. “Tenemos que juntarnos”. La frase se dice con convicción, se asiente con la cabeza y se pierde apenas empieza la siguiente conferencia. Llevo más de veinte años trabajando en esta industria y he visto ese ritual demasiadas veces. Empresas que nacen, otras que desaparecen, y una voluntad colectiva que rara vez se convierte en acción.
No siempre fue falta de tiempo. Muchas veces fue desconfianza, ego, miedo a perder terreno o simple inercia. Lo cierto es que durante años preferimos seguir cada uno por su lado, aun cuando compartíamos los mismos problemas.
Cuando cofundé Agencia Pópuli entendí algo básico: si queríamos crecer, profesionalizar el oficio y convertir la creatividad en un negocio sostenible, había que organizarse. Por eso decidí vincularme al gremio nacional de agencias. Y ahí encontré algo que en la región nos ha hecho falta: conversación franca, discusión incómoda cuando toca y, sobre todo, una noción real de industria.
La pregunta apareció sola: ¿por qué en la región no pasa lo mismo?
En lugar de seguir culpando al contexto, opté por algo más directo: levantar el teléfono y llamar a colegas que dirigen agencias, empresas de comunicación y medios en el Caribe. El resultado fue revelador. No encontré resistencia, encontré disposición. Todos cargábamos la misma inquietud.
Así empezó este primer paso: sentarnos, aun con agendas llenas, para hablar de lo que nunca habíamos hablado como sector. No para crear un club social, sino para empezar a construir un gremio real.
Ese primer encuentro se dio en Perrenque Creativo. No como vitrina, sino como punto de partida. Porque alguien tenía que dar el primer paso.
Conviene decirlo claro. Esto no es una iniciativa personal ni una asociación cerrada. Un gremio sirve solo si tiene propósito: elevar estándares profesionales, dignificar el empleo formal, ordenar prácticas del mercado y fortalecer la relación entre agencias, empresas y medios.
Porque gremios hay muchos. Pero quienes vivimos de la comunicación, el marketing y los contenidos casi nunca nos habíamos sentado a dialogar como industria. Y si algo enseña la experiencia gremial es que los problemas de las empresas pequeñas y grandes son los mismos. Solo cambian las escalas.
La invitación está abierta para quienes han creado empresa, agencia o medio; para quienes facturan y generan empleo formal. Si logramos organizarnos, no solo seremos más fuertes, seremos más competitivos.
La pregunta queda hecha.
¿Y si esta vez sí nos juntamos?
Estoy preocupado por el rumbo de la sociedad. No por un robot androide asesino ni por un arma nuclear con inteligencia artificial. La verdadera amenaza es mucho más silenciosa y cotidiana: la pereza mental.
La pereza mental inducida por la tecnología no es una anécdota, no es un tema de estratos ni es exclusiva de un segmento social. Es un síntoma colectivo que atraviesa generaciones, contextos y niveles educativos.
La tecnología, mal entendida, nos está empujando a una idea peligrosa: que ya no necesitamos saber, solo ejecutar. Que no necesitamos arquitectos para diseñar planos, periodistas para escribir noticias, diseñadores para crear avisos, contadores para hacer balances, abogados para hacer contratos o programadores para desarrollar software…
La gran confusión de esta era es creer que lo urgente es hacer, cuando lo verdaderamente importante es pensar. Estamos delegando por comodidad aquello que nos hace humanos: la capacidad de razonar, crear, cuestionar y conectar ideas. Estamos usando la tecnología no para potenciar el pensamiento, sino para evitarlo.
El impacto más preocupante es generacional. A muchos jóvenes el esfuerzo intelectual les empieza a parecer innecesario. Pensar se siente lento en un mundo que premia la inmediatez. Pero una sociedad que deja de pensar se vuelve frágil, manipulable y peligrosamente superficial.
Sin pensamiento crítico, la gente cree en noticias falsas que circulan por redes, en videos de celebridades promoviendo ideales políticos, en amenazas terroristas infundadas, en gobiernos supuestamente impolutos y en candidatos ungidos por la buena fe y la apariencia de honorabilidad.
Estamos viviendo una era peligrosa, en la que manipular a las masas con desinformación resulta demasiado fácil. Internet está llena de “Bulos” (Noticias falsas que buscan desinformar), que no es más que la vieja técnica de un Maquiavelo, pero elevada al 2.0 Por eso la educación en humanidades y el fomento de la cultura no son un lujo ni un gesto decorativo: son una obligación del Estado y una necesidad estructural. La cultura eleva el pensamiento, amplía la sensibilidad, fortalece la creatividad y nos enseña a debatir sin destruirnos. Las humanidades no son nostalgia académica: son la base de una ciudadanía crítica, libre y verdaderamente humana.
Si no entendemos esto el 2026 y los que vienen, no nos traerán una crisis tecnológica, sino una crisis de sentido. Y vivir en un mundo donde nadie piensa, discute ni crea será, quizás, muy cómodo… pero profundamente vacío.
Siempre he sido un lunático. Cuando era adolescente enamoradizo, siempre regalaba la luna. Mi táctica era decirle a mis novias, que miráramos el cielo juntos mientras hablábamos por teléfono. Era una forma sencilla de sentirnos conectados, aunque estuviéramos lejos.
Luego conocí la luna de Estercita. Esa que desde Barranquilla se ve más linda y morenita en esta época del año.
Y este fin de semana, literalmente, me monté en ella.
La Luna del Río ya gira en el Gran Malecón. Una noria de 65 metros de altura que permite ver la ciudad y el Magdalena desde una perspectiva monumental, revelando una Barranquilla distinta, más amplia y ordenada, que pocas veces se percibe desde el nivel del suelo. Un nuevo intento de la ciudad por consolidar símbolos urbanos que refuercen su relato como destino moderno y turístico.
La logística fue ágil. Compré las entradas en Tu Boleta y entré con mi familia sin mayores contratiempos. No había fila, algo cómodo para nosotros. No la multitud que uno imagina en una inauguración, pero sí un flujo constante de visitantes, familias y curiosos subiendo y bajando de los vagones, observando la ciudad con la calma que permite la altura.
Y ahí aparece el verdadero lado oculto de la luna. Porque más allá del diseño, la ingeniería o la foto inaugural, el modelo de negocio de una noria como esta depende, en buena parte, de que las personas compren boleta. De que exista flujo constante, repetición y turismo activo. No verla abarrotada en una tarde de fin de semana inaugural no deja de generar preguntas razonables sobre su sostenibilidad en el tiempo.
Espero que sea cuestión de posicionamiento y tiempo. Que con la llegada de turistas y el efecto natural del voz a voz, la noria empiece a llenarse durante todo el día en esta temporada alta y se integre a la rutina del Malecón.
Porque este tipo de proyectos no se sostienen solo con entusiasmo inicial ni con el brillo de la novedad, sino con uso constante y apropiación ciudadana.
Desde una mirada de marca ciudad, la Luna del Río tiene todo para convertirse en un nuevo ‘landmark’. Una imagen potente para promocionar a Barranquilla, reforzar su relación histórica con el río y consolidar una postal contemporánea que dialogue con otros íconos urbanos recientes.
El reto ahora no es solo construir, sino sostener. Que la Luna del Río encuentre su público, su ritmo y su lugar en la ciudad. Porque un verdadero símbolo urbano no se mide por su altura, sino por su permanencia y por la capacidad de seguir girando cuando ya pasó la novedad.
Así que no pierdan la oportunidad. Péguense su viaje a la luna. La experiencia será inolvidable. Eso sí, alisten los 15 mil pesos por persona.
Hay momentos que uno no busca, pero lo encuentran. Un día cualquiera, entre reuniones y pendientes, un amigo me soltó una frase que me dejó en pausa: “Oye, Ley Martín quiere conocerte.”
Pensé que había escuchado mal. ¿Ley Martín? El hombre que durante décadas ha narrado, protegido y celebrado la música del Caribe con la disciplina de un guardián cultural. Ese mismo. Que quisiera conocerme me produjo una mezcla rara de sorpresa, agradecimiento y un poquito de nervios que no suelo admitir.
A los días, apareció en mi oficina. No llegó con la distancia que algunos adquieren tras años en el mundo artístico, más bien todo lo contrario. Desde el saludo inicial supe que estaba frente a alguien con una grandeza de espíritu. Que solo logran alcanzar los que no necesitan demostrar nada. Porque ya lo han logrado todo.
Ley no vino a hablar de sí mismo. Vino a hablar de ciudad, de cultura, de identidad, de proyectos que todavía pueden construirse cuando hay perrenque y compromiso. Habló de ideas nuevas con la naturalidad de quien ha sobrevivido a todas las épocas, incluso a las embestidas ingratas de la farándula y de una sociedad que no entiende de lunáticos, esas que suelen desgastar hasta al más terco. Pero a él no le han quitado la pasión. Sigue intacta.
Ese encuentro me hizo sentir algo poco común en esta industria: pertenencia. Me trató como si ya hubiéramos recorrido caminos juntos.
Antes de irse, soltó una frase que para mí fue un honor: “Tienes que estar en los Premios Luna.”
“Los Luna…” su obra mayor. Su legado en movimiento. Porque solo a un lunático con visión, de esos que entienden que la cultura no se abandona ni se improvisa, se le ocurre sostener durante décadas un evento que son, sin exagerar, los auténticos Grammy del Caribe. Un ritual que no vive del presupuesto, sino de las lealtades, los afectos y el respeto profundo de los artistas de ayer, de hoy y de siempre.
Porque los Luna existen gracias a esa gente que vuelve, que se monta en la tarima, que acompaña y que nunca le dice que no. No porque toque, sino porque Ley se lo ha ganado. Porque cuando Ley convoca, uno acude.
Porque lo que diga Ley, es ley.
Y detrás de ese brillo hay una familia entera: su esposa, sus hijas, su hijo y sus nietos. Un equipo artístico y afectivo que convirtió los Luna en empresa cultural y en herencia viva. A ellos, toda mi admiración y respeto. Aplausos de pie.
Que los Premios Luna sigan iluminando este Caribe nuestro por 25 años más.
Y que lunáticos como tú, nunca dejen de brillar por nuestra industria.
Ahora te la suelto yo a ti: “Ley, tienes que estar en Perrenque el próximo año”
Ser emprendedor es convivir con un tipo de dolor que pocos entienden.
Cuando eres empleado sabes que, mal o bien, a fin de mes llegará tu sueldo. Pero el emprendedor vive mes a mes frente a un Excel, restando ingresos, costos y gastos para saber si ganó o perdió El año pasado, según Confecámaras, se crearon casi 300 mil nuevas empresas en Colombia, la mayoría microempresas. Todo indica que este año la cifra será mayor. Debería ser una gran noticia. Pero lo fácil es ir a la Cámara de Comercio. Lo difícil es sostenerse.
Las cifras lo confirman: de cada diez microempresas que nacen, solo tres superan los cinco años. Y apenas una logra realmente prosperar. No es por falta de ganas. Es porque emprender exige planeación, disciplina, investigación, resiliencia, riesgo, criterio… y una enorme capacidad para aguantar dolor.
Detrás de cada caso “exitoso” que vemos en Instagram o LinkedIn hay noches de insomnio, decisiones dudosas, apuestas fallidas y otras que casi tumban la empresa. Los negocios son como un electrocardiograma.
Suben, bajan, se sacuden. Como decía el consultor Efrén Martínez, si la línea fuera recta, la empresa estaría muerta.
Y en ese sube y baja, la diferencia entre sobrevivir o no suele estar en algo tan simple como asesorarse.
Pocas cosas son más solitarias que emprender. Un directivo de una gran empresa tiene jefe, junta y estructura par consultar. El emprendedor está solo.
El Caribe colombiano vive hoy una ola poderosa de dinamización empresarial. Eventos como Caribe Biz, Caribe Exponencial, XPO Probarranquilla y otras iniciativas son fuente de conocimiento para quienes intentan cruzar el temido “valle de la muerte”.
Y en este contexto destaca la iniciativa del empresario Francisco Posada (expresidente de El Heraldo), quien lidera los Comités Consultivos Xkalar, junto a empresarias y empresarios como Aquiles Mercado, Eduardo Rosado, Niella Sabatino, Verónica Duarte, Arnold Gómez, Nicolás Costa, Silvia Cayón, entre otros. La propuesta es simple y poderosa: darle a pequeñas y medianas empresas acceso a criterio experto, acompañamiento real y un espacio para hacer mejores preguntas.
Este es un mensaje para los emprendedores: no están solos. Hoy existe acceso a orientación financiera, legal, tecnológica, administrativa, comercial y de talento humano de la élite consultora del Caribe.
Porque el dolor del emprendedor no es un castigo, es un síntoma.
Significa que la empresa sigue viva, que late, que aprende. Y ningún dolor debería vivirse en soledad. Para eso están los mentores, los consultores, los comités: para que duela lo necesario… y para que cada golpe se convierta en una enseñanza para tomar mejores decisiones.
Dicen que la paciencia es una virtud. Pero en las sedes de Audifarma se ha vuelto una condena. La mujer embarazada que se desplomó la semana pasada en la sede “20 de Julio” de Barranquilla, después de horas de espera no fue una excepción. Fue el retrato de país que somos. Llegó temprano, tomó su turno, esperó tres horas y cayó al suelo. Nadie la atendió con prioridad. Nadie interrumpió la rutina. Porque aquí los desmayos son parte del procedimiento.
En Colombia ya normalizamos el viacrucis de la salud: filas de tres horas, turnos de cuatro, procesos eternos, escasez de medicamentos con promesas de entregas a domicilio que no se cumplen. Y empleados que, de tanto gritar “¡no hay sistema!”, deberían tener una categoría profesional aparte. Nadie sabe si lo dicen porque de verdad el sistema se cae con frecuencia o porque buscan espantar a los que aún creen que lo hay. Pero esa frase, sin quererlo, es la más honesta del lugar: no hay sistema… para atender con dignidad.
Vivimos en una era de inteligencia artificial, algoritmos y big data.
Pero lo que más escasea no es la tecnología, sino la sensibilidad.
Audifarma necesita menos ingenieros de software y más ingenieros del alma. Porque no se trata solo de entregar un medicamento, sino de entender que quien espera en esa silla metálica no está haciendo fila por gusto, sino por necesidad, por dolor, por miedo.
La mujer de Barranquilla no se desmayó por un mareo. Se desplomó porque el sistema también lo está. Y no solo el informático, sino el humano, el ético, el que debería dolerse por ver a una embarazada o una persona de la tercera edad, esperando su turno como si fuera una cita con el destino.
Entonces uno se pregunta: ¿qué hay detrás de tanto caos? ¿Acaparamiento de medicamentos? ¿Escasez artificial? ¿Una guerra política? ¿Mala administración? ¿Fallas técnicas? ¿O simple desidia? Quizás sea una mezcla de todo, servida fría y con cara de trámite.
Porque mientras los ministros investigan, los medios denuncian y los directivos publican comunicados con tono de víctima, la gente sigue cayendo. Cae en los pisos, cae en la desesperanza, cae en cuenta de que lo que más falta no son medicamentos: son valores humanos.
Esta columna la escribo sentado en una silla gris en la sala de espera de un abarrotado Audifarma, sede Alkarawi, en Barranquilla. A mi lado tengo a una señora que desde la semana pasada está esperando un medicamento agotado. Más atrás, escucho el ronquido de un adulto mayor que se venció en uno de los pocos sofás. Mientras escribo estas líneas, solo han pasado 3 turnos. Y ahí viene de nuevo la gritona de Audifarma.
Antes de que el gas natural llegara a los departamentos del Atlántico, Magdalena y Cesar, la vida cotidiana tenía otro ritmo. Cocinar implicaba luchar contra la lluvia y el viento, cortar árboles para conseguir leña y soplar fogones respirando humo contaminante. Los vehículos no imaginaban moverse con un combustible más limpio y económico, y la industria debía elegir entre quemar carbón o someterse a apagones eléctricos.
Nadie imaginaba un futuro distinto. Y, sin embargo, ese futuro hoy es nuestro presente: uno de comodidad, progreso, bienestar y mejor calidad de vida. Todo eso, en gran parte, gracias al gas natural.
Desde sus primeros días, Gases del Caribe entendió que este recurso no era solo una fuente de energía amigable con el medio ambiente, sino también una herramienta de transformación social. Por eso se propuso un objetivo ambicioso: llevar sus gasoductos hasta los rincones más apartados de la región. Era un plan que, sobre el papel, no parecía rentable. Pero la compañía logró equilibrar dos mundos que a menudo parecen opuestos: el impacto social y la sostenibilidad empresarial.
La apuesta por mejorar la vida de las personas no se quedó en las cocinas o las fábricas: también encendió sueños. Sueños de educación de calidad, de oficios ancestrales convertidos en fuentes dignas de ingreso, y de emprendimientos capaces de impulsar el desarrollo de toda una región.
Con esa filosofía nació hace 20 años la Fundación Gascaribe, la expresión más clara del compromiso social de la empresa. En muchas comunidades, la fundación identificó tradiciones productivas que permanecían invisibles: la cocina, el tejido, la alfarería. Con el acompañamiento de asesores, artistas, diseñadores y expertos en gastronomía y marketing, esos saberes pasaron de ser pequeñas ideas a convertirse en productos exitosos que hoy sostienen a miles de familias.
Al cumplirse dos décadas de esta labor, vale reconocer al consejo directivo, que ha guiado con visión estratégica el rumbo de la fundación, y a las personas que han hecho posible esta historia: Diana Santiago, por liderar con sensibilidad y determinación cada proyecto; Clementina Holguín, por convertir ideas en realidades tangibles y ser el alma que hace que las cosas sucedan; y Ramón Dávila, por un liderazgo coherente y auténtico que ha hecho de la responsabilidad social una misión tangible.
Veinte años trabajando hombro a hombro con las comunidades dejan resultados que llenan de orgullo e inspiran a seguir creciendo. Porque cuando las cosas se hacen con el corazón, la llama nunca se apaga.
“Solución desesperada, negocio o amenaza?” World.org
Hace unos días necesité resolver un “chicharrón” con mi banco y cuando entré a la página me mandó a un chat para “hablar” con un asesor.
Le expliqué mi situación, me pidió mi número de cuenta… Todo parecía normal hasta que, por curiosidad, le pregunté si era humano. “Soy un asistente virtual”, contestó sin inmutarse.
Los creadores de la IA han logrado que la humanidad sea un disfraz que cualquier algoritmo puede suplantar. Y ahora, son ellos mismos quienes recorren el mundo promocionando su nueva invención: World.org.
Una propuesta que suena a un peliculón de ciencia ficción pero es real.
A lo largo del planeta están instalando unos aparatos en forma de “orbe” en los cuales los humanos, podemos ir y escanear nuestro iris (El ojo es la nueva huella digital) Y obtener una “cédula humana” que nos ayude a diferenciarnos de las máquinas.
Con eso obtienes un identificador único “encriptado” que lo guardas en tu celular y lo asocias a tus cuentas de redes sociales, bancos, chats, juegos en línea y hasta aplicaciones de citas amorosas. Para certificar que eres humano cuando estás en un entorno digital.
Según sus creadores, es la solución para distinguirnos de los “bots” en un planeta cada vez más automatizado.
Pero hay un detalle inquietante. ¿Los mismos arquitectos de la IA son ahora quienes promueven esta “red humana”? ¿Es un acto de redención?
¿Una iniciativa altruista? ¿O una amenaza disfrazada de salvación?
Y lo que le agrega un tufo a negocio a este proyecto, es que por cada escaneo, le entregan al usuario una criptomoneda que puede ser usada como dinero en entornos digitales. Es decir, el usuario le está vendiendo su identidad a un tercero.
World.org afirma que no guarda datos biométricos y que la información del iris se encripta y se destruye después del escaneo. Juran que nadie más puede acceder a ella. Sin embargo, ¿quién nos asegura que no termine siendo vendida a corporaciones o espiada por hackers?
Como van las cosas, verificar que la otra persona detrás de una pantalla o teléfono es de carne y hueso será prácticamente imposible. Y se necesitará una forma de diferenciarnos. Pero entregarle esa autoridad a un magnate de la tecnología, no es precisamente lo que me da más confianza. Ya esa película me la vi y no terminó bien para los humanos.
Por eso insisto en mi futurología. Confío en que más temprano que tarde, ser humano verificado, será un privilegio que atesoraremos. Y la IA como regla general para todo, nos sabrá a cacho.
¡Tamos’ jodidos!
La semana pasada tomé un taxi y me encontré con un chofer tan auténtico que parecía inventado. De esos que inspiran a escritores a crear personajes.
Con su pinta y su manera de hablar, bien pudo haber sido “El Flecha” que inspiró a David Sánchez Juliao.
Llevaba salsa a todo timbal en el radio del carro, mientras de un transistor que colgaba de su cuello escuchaba las noticias. Entre cambiar de carril, tararear y saludar a vendedores en los semáforos, escuchaba ambos aparatos al mismo tiempo.
Yo lo miraba intrigado, tratando de entender cómo su cabeza no estallaba.
Le pregunté cómo lograba concentrarse y me respondió que las noticias eran tan aburridas que lo mejor era animarlas con música. Tenía lógica.
Nunca se me habría ocurrido. Pensé que quizás ese era el auténtico periodismo caribe: noticias contadas en clave de salsa.
Sin darme chance, arrancó un monólogo político que bien podría estar en una novela caribeña. Con su manera de hablar se despachó contra periodistas y candidatos presidenciales que desfilaban por la emisora.
No mencionó nombres, pero fue tan evidente que no hacía falta: —Mi llave, yo no entiendo a estos radiobemba cómo le dan micrófono a tanto parapeto de candidato. Cada vez hay más moscas en el alambre y uno ya no sabe por dónde le entra el agua al coco.
Golpeó el volante y siguió sin respirar: —¿Cómo va a haber un candidato que dice que la solución es dar balín?
¿Qué mensaje le estamos dando a los pelaos? Y la comemuerto, amenazando a la viuda pa’ que no le muevan el catre. Manda huevo. Y la chiqui, la periodista… esa culebra pica y envenena.
Lo miré por el retrovisor: ya estaba enviajado’. —¿Y dónde me dejas al Bukele de Temu? Se las da de tigre, copiando al león de Milei. Y del otro lado, el marihuanero en primera, que lo único bueno que ha hecho es escribir novelas.
Subió el volumen de la salsa y remató: —Y ahora está sonando el caresueño por tercera vez, pero ya le sacaron su vaina: detrás tiene a un españolete de asesor que vale un billete que no lo brinca un chivo. Y el man no quiere decir quién le paga. ¡Cipote de vaina!
Al llegar a mi destino soltó la frase que resume la semana política mejor que cualquier editorial periodística: —¡Si la vaina no cambia! ¡Tamos’ jodidos!
El taxista, sin proponérselo resumió mi frustración política de la semana. Y con su relato me recordó que el termómetro político no está en las emisoras, sino en la esquina del semáforo, en una tienda, en una mesa de dominó, en un parque, en una barbería, y hasta dentro de un taxi que va con noticias y salsa a todo timbal.
Sí, ya lo sé. Si la palabra “basura” por sí sola carga con la idea de desperdicio, añadirle el adjetivo “muerta” puede sonar a exceso, a invento conceptual. Y de seguro los especialistas en medio ambiente levantarán la ceja y me corregirán con el término técnico: “residuos no aprovechables”.
Pero como no escribo manuales, sino columnas, me doy la licencia de llamarla como me suena más honesto: Basura Muerta.
Porque durante mucho tiempo fui un ingenuo que pensó que la basura que baja por el río Magdalena podía convertirse en un proyecto de reciclaje.
Que esas botellas, bolsas y empaques plásticos podían encontrar otra vida si alguien los recogía y los llevaba a una planta. Hasta que los expertos me bajaron de la nube: todo residuo que entra en contacto con el agua del río queda contaminado. Y una vez contaminado, ya no sirve para reciclar. Su único destino posible es el relleno sanitario.
Así que ahí flotan toneladas de plásticos que pudieron ser útiles, pero terminaron convertidos en cadáveres de lo que alguna vez fue un material aprovechable. Basura muerta, como los peces, como las aves y como la vegetación que también caen víctimas de esos intrusos de polímero venenoso en el lugar equivocado.
Y el problema no empieza en la desembocadura. Comienza en nuestras propias cocinas. El tarro de yogur que alguien tira con restos de comida, la botella que se mezcla con pañales, la bolsa que viaja en una caneca equivocada… pequeños descuidos que condenan al reciclaje a morir antes de nacer. Una simple mala decisión en casa multiplica el daño en el río.
La tragedia no está río abajo. La tragedia empieza en casa. La única manera de reducir esta mortandad ambiental es tan simple como separar desde la fuente: bolsa blanca para lo reciclable, bolsa verde para lo orgánico y bolsa negra para lo no aprovechable. No se trata de ciencia nuclear ni de memorizar un manual. Es un hábito que decide si un residuo reciclable termina renaciendo en una fábrica… o muerta, flotando sin rumbo hacia Bocas de Ceniza.
El Río Magdalena no mata la basura. La basura ya llega muerta desde nuestras casas. Y lo más doloroso es que no estamos hablando de un asunto abstracto: cada vez que esa basura muerta baja por el río, también baja nuestra indiferencia. Es como si aceptáramos que el paisaje natural de Colombia incluya islas de plástico y peces envenenados.
Mientras no entendamos eso, el río seguirá pareciéndose cada vez más a un cementerio plástico, donde lo único vivo que quedará será la indiferencia.
El filtro “Sócrates” para las redes sociales
Hace más de dos mil años, a Sócrates le contaron un chisme. Antes de escuchar, el filósofo lanzó tres preguntas que se hicieron famosas: ¿Es verdad? ¿Es bueno? ¿Es útil? Si la respuesta era “no” a las tres, la conversación moría ahí.
Hoy, muy distinta sería nuestra sociedad si en la red X, Threads, Facebook, Instagram o TikTok tuviésemos este filtro activado.
Imagínese antes de escribir un comentario o repostear el de otro, la plataforma le preguntara: ¿seguro que esto es cierto?; ¿seguro que no va a lastimar a nadie?; ¿seguro que aporta algo útil? Y si falla en el cuestionario, la red no lo dejara publicar. Y si lo hace sin estar seguro, le generara una responsabilidad compartida medible y “castigable” en el enigmático algoritmo de las redes que te hace famoso o miserable.
En un mundo así, las redes no estarían inundadas de fake news, insultos y peleas. Estarían llenas de cosas reales y necesarias. Pero como ese filtro no existe, lo que sí abunda es lo contrario: rumores compartidos como verdades, videos que solo humillan, opiniones lanzadas con la única intención de llamar la atención.
Lo vemos todos los días: desde el familiar que reenvía cadenas falsas en WhatsApp hasta el político que incendia el debate con frases diseñadas para dividir.
La verdad es que si pusiéramos el tamiz socrático en nuestras pantallas, el 95% de los comentarios desaparecería. Y no exagero: piense en la última discusión en la que se metió online… ¿cuánto de eso era cierto?, ¿cuánto bondadoso?, ¿y cuánto servía realmente? Exacto.
Este año político que arranca es el mejor ejemplo de por qué necesitamos ese filtro. Venimos de semanas cargadas de violencia política, de insultos cruzados y de un clima cada vez más polarizado. La campaña que se avecina promete más de lo mismo: titulares fáciles, frases para encender la rabia, mensajes que buscan dividir más que proponer.
El riesgo es enorme. Porque cuando las palabras se lanzan sin pasar por ningún filtro, se convierten en provocación. Y no hay peor cóctel que redes sociales + polarización + año electoral.
Por eso vale la pena recordar a Sócrates. Su método no era un capricho filosófico: era un acto de responsabilidad. Hoy necesitamos que cada palabra que digamos —o escribamos en redes— pase por ese triple examen: verdad, bondad y utilidad.
Si lo aplicáramos, descubriríamos que casi todo lo que creemos urgente compartir no lo es. Y que con ese filtro, las redes se reducirían a un puñado de mensajes, sí, pero mensajes que valen la pena.
Cuando una empresa anuncia con bombos y platillos que sus procesos, o alguno de ellos es carbono cero, ¿sabe qué significa?
La mayoría imagina una industria trabajando en un paraíso verde: cero humo, cero contaminación, cero impacto. Pero la verdad es menos mágica… y más financiera.
Un ejemplo sencillo: una empresa organiza un evento con 20 mil personas.
Esto genera toneladas de emisiones causadas por las plantas eléctricas, el transporte del público, las luces, el sonido, la comida y la basura.
Todo eso acumulado produce toneladas de dióxido de carbono (CO₂). Y para “borrarlas” de la contabilidad ambiental, llamada “huella de carbono”, los empresarios compran bonos de carbono.
¿Y qué es eso? Son certificados que representan una tonelada de CO₂ que alguien, en algún lugar, dejó de emitir o logró capturar. Los venden organizaciones que protegen bosques para que no los talen, que plantan árboles donde antes hubo motosierra o que generan energía limpia para reemplazar al carbón. Si la empresa produce 100 toneladas de CO₂, compra 100 bonos y, sobre el papel, queda en cero.
Hasta aquí, suena razonable. Pero luego viene la letra pequeña.
Muchas empresas con utilidades millonarias —y con procesos que contaminan sin piedad— destinan un presupuesto para comprar bonos y así vestirse de “responsables ambientales” sin tocar lo esencial: reducir al máximo sus emisiones reales y quedarse solo con las inevitables.
Es como quien está lleno de pecados y busca el sacramento de la confesión. El cura analiza el tamaño del pecado, da su sermón, impone la penitencia… y el cristiano sale del confesionario sintiéndose aliviado.
Para reforzar su imagen de alma arrepentida, deja además una generosa limosna para que las monjitas construyan un colegio. Y sin aprender la lección, continúa su camino de pecado hasta la próxima confesión.
El gesto luce noble… pero el pecado sigue escrito en el libro mayor de la vida. Así funciona gran parte del greenwashing, o “lavado verde”: se purifica la fachada, no el alma.
¿Es mejor que nada? Sí. ¿Es coherente? No. Porque en muchos casos, los bonos de carbono son sermones modernos que se rezan para seguir pecando.
Y como en la metáfora, la absolución puede tranquilizar conciencias, pero no borra el daño causado.
La próxima vez que escuche “carbono cero”, no se quede con el sermón.
Pregunte por el pecado. Porque solo cuando las empresas hagan un verdadero acto de contrición —cambiando de raíz sus procesos— podremos decir que tienen la conciencia limpia… o al menos, más verde.
A finales de 2023, publiqué en este espacio una reflexión sobre la crisis de los modelos universitarios, justo cuando todavía se sentía el impacto emocional de una reestructuración laboral que provocó la salida de un grupo significativo de colaboradores de nuestra querida Universidad del Norte.
Aquella columna fue como echar sal en una herida, pero necesaria, porque a veces es indispensable nombrar lo que duele para contribuir a los procesos de transformación.
Así como en su momento elevé la voz en tono crítico, hoy reconozco la rigurosa planeación detrás del nuevo modelo educativo de la Uninorte.
Este proceso no solo atendió las voces de docentes y estudiantes, sino que también integró a sus egresados, a la comunidad internacional y al sector empresarial.
Debo decir que me honró profundamente haber sido invitado a ser parte de ese proceso, junto a un nutrido grupo de empresarios del Caribe. Y me alegra que nuestras ideas hayan sido escuchadas y tenidas en cuenta.
La semana pasada nos socializaron el nuevo modelo educativo, evento al cual asistí con un poco de escepticismo. Pero a medida que avanzaban las presentaciones, algo cambió. Me fui emocionando. Me fui re-enamorando.
Porque lo que vi no fue un simple rebranding académico, sino una propuesta alineada con las nuevas realidades del mundo laboral y las tensiones sociales contemporáneas. Un objetivo genuino de formar profesionales que no solo sepan hacer, sino que sepan pensar, ser y evolucionar.
¿Qué implica esto? Competencias esenciales como la adaptabilidad, el pensamiento crítico, la comunicación efectiva, la gestión emocional, la inteligencia digital y la capacidad para aprender de manera continua. El nuevo modelo pone a las tecnologías emergentes como ejes transversales, sin perder de vista la dimensión ética, humana y social.
Aplausos de pie para el equipo liderado por el Rector Adolfo Meisel
Roca, el Vicerrector Académico Alberto De Castro, José Aparicio (Decano del Instituto de Estudios en Educación) y Johanna Quiroz (Coordinadora del nuevo modelo educativo).
El plan es claro, valiente y pertinente. El reto ahora es que las decanaturas y el cuerpo docente lo terminen de integrar. Que se repiensen las clases, las dinámicas participativas y los formatos de evaluación. Esto requiere conciencia, voluntad y coraje.
La transición no va a ser fácil. Pero esta universidad ya ha demostrado que sabe avanzar sin perder el norte. Incluso cuando le toca tomar decisiones dolorosas. Así que ánimo. Orgullo Uninorteño, siempre.
Siempre he sentido a Nueva York como mi segunda ciudad. Caminar por sus calles y nutrirse de las múltiples culturas que allí habitan y visitan es la oportunidad para cualquiera de sentirse un ciudadano del mundo.
Algunos se quejan de los olores del metro, de la indigencia, de las ratas que a veces se atraviesan por la calle. Pero nada de eso logra opacar las luces de la gran manzana. Una ciudad donde confluyen diferentes corrientes de arte y pensamiento, activismo cultural y político. Un real laboratorio social que permite interpretar con anticipación, la mayoría de las tendencias que luego se expandirán por el mundo. Todo lo malo y lo bueno. Por eso la hace digna de ese apodo: la Capital del Mundo.
Luego de algunos años sin visitarla, volví. Pero algo está distinto. El clima social no se siente el mismo. Si bien la indigencia siempre ha hecho parte del paisaje de esta metrópolis, el problema ahora es otro.
No son los mismos de antes. En el metro, los vagones no solo llevan gente de distintas culturas: cargan sombras. Hombres y mujeres hablando solos, discutiendo con la nada. Miradas perdidas. Y en la superficie, entre turistas y locales, caminan cuerpos semidesnudos, sucios, como salidos de una escena apocalíptica.
Es como si la ciudad se hubiera desdoblado y mostrara su cara más frágil. Las estadísticas dicen que más de 104 mil personas duermen cada noche en refugios municipales. Cifras récord. Pero los números no cuentan lo esencial: que muchos de esos rostros no solo cargan hambre.
Cargan heridas mentales profundas. Soledad. Desconexión. Enfermedad.
Lo que se ve en sus calles no es solo una crisis local, sino un síntoma global. Una señal de que algo está fallando en nuestra forma de vivir.
De que el brillo de las pantallas y los rascacielos no alcanza a ocultar el colapso emocional que se expande como una plaga silenciosa.
Quizás por eso en esta época necesitamos menos abogados y más psicólogos. No más gente buscando culpables, sino más gente dispuesta a escuchar el dolor que nadie sabe cómo nombrar.
Aún así, la ciudad sigue siendo la mejor oportunidad para asistir a eventos artísticos, visitar museos, valorar su historia y arquitectura.
Y sobretodo experimentar distintas culturas, las cuales puedes vivir y saltar de una a otra, viajando un par de paradas en sus cientos de líneas de metro subterráneo.
Pero si Nueva York es el espejo del mundo, y es el laboratorio de lo que se vendrá en el resto del mundo. Lo que hoy refleja es una humanidad rota, caminando sin rumbo, hablándose a sí misma para no desaparecer del todo.
La era de la “boberIA” llegará a su fin
Vivimos tiempos tecnológicamente asombrosos. Estamos en plena revolución de las máquinas que procesan datos a velocidades absurdas. Hoy cualquiera, desde una app, puede generar una foto, una voz o un video tan real que ya cuesta distinguir entre lo verdadero y lo falso.
Y claro, estamos maravillados. Atónitos. Embobados. Verdaderamente apendejados.
Porque al principio todo deslumbra. Lo nuevo emociona, sacude, nos hace creer que nada volverá a ser igual. Y tragamos entero. Pero no por mucho tiempo. La historia nos lo recuerda: al final, el instinto humano despierta. Dudamos. Comparamos. Razonamos. Y cuando baja la espuma, entendemos mejor. Sin tanta boberIA.
Un ejemplo.
En los años noventa surgió la comida sintética. Los laboratorios prometieron replicar las moléculas del ADN de los alimentos y nos dejamos deslumbrar. Soñamos con carne infinita, leche sin vacas, arroz de laboratorio. Pero luego vinieron los estudios, las enfermedades, las alertas… y reaccionamos. Hoy, solo imaginar comer plástico nos repugna.
Leemos etiquetas, evitamos químicos, y lo orgánico se volvió un lujo.
Con la pandemia, nos fascinamos con lo virtual. Pensamos que los congresos, conciertos y eventos se volverían exclusivamente digitales.
Pero pronto recordamos que somos humanos. Que saludamos con la mano, que abrazamos, que necesitamos el contacto. Hoy, los conciertos agotan boletería en minutos y la industria de eventos está más viva que nunca.
Ahora vivimos el furor de la Inteligencia Artificial. Y los magnates tech, otra vez, prometen que todo cambiará.
Que el cine como lo conocemos desaparecerá porque ya no se necesitarán actores. Que los medios dejarán de cubrir noticias. Que la publicidad ya no dependerá de agencias. Que no hará falta pensar para tener ideas.
Pero no hay que ser adivino para saber que esto no pasará. La IA generativa será una herramienta poderosísima, sí, pero llegará a un punto en que ya no sabremos qué es real. Y ante tanta mentira, todo nos va a parecer cuento.
No seamos tan pendejos. El ser humano no dejará de ser humano. Y muy pronto, toda esta “boberIA” nos comenzará a saber a cacho. Veremos que el latón no es oro, que el vidrio no es diamante, que el espejo no es mágico.
Ya hay estudios que advierten del impacto de la IA en el cerebro humano.
De cómo, por dejar de pensar, comenzamos a atrofiar lo que más nos hace humanos: el criterio. Y tarde o temprano, valoraremos de nuevo lo que no enferma. Pensar será un lujo valioso.
El boom de la “boberIA” pronto llegará a su justa proporción.
Lo dicen en las esquinas, en los chats de amigos, en los grupos de vecinos: el plomo está bajito. Y no es un decir. Estamos en una temporada tenebrosa, que se está volviendo paisaje común. Y eso es lo más preocupante.
El repudiable asesinato en su propia casa de los esposos Roberto Vásquez y Porfiria Escorcia, de 88 y 80 años respectivamente, es inaudito. Dos abuelos, dos vidas dedicadas a la salud, acabaron con sus vidas con sevicia inhumana. Y no es un caso aislado, parece ser parte de un ecosistema violento que abunda en nuestro entorno.
Ya no hay esquina tranquila. El que atraca no duda en jalar el gatillo.
Los estaderos se volvieron trincheras, y lo peor: hay familias que terminan matándose entre ellas en plena celebración. Estamos en un momento donde cualquier diferencia, por mínima que sea, se resuelve a plomo.
Las bandas criminales tienen la ciudad repartida. Los comerciantes pagan vacunas para poder trabajar. Los que no pagan, cierran. Y los jóvenes, sin alternativas, terminan atrapados en ese ciclo de miedo. La violencia dejó de escandalizar. Se volvió paisaje.
Y en el país, la política ya no se discute: se dispara. Las redes son una plomacera diaria. Se insultan, se acusan, se anulan. Y ese odio digital se volvió bala: el intento de asesinato de Miguel Uribe lo confirma. El sicario tenía 14 años. Catorce. Disparó en plena calle, como si fuera normal. ¿Hasta dónde hemos llegado?
Y lo peor: en lugar de un mensaje de reflexión, algunos candidatos salen a decir “que se jodan los derechos humanos”. ¿Cómo así? ¿A quién se refieren cuando dicen “que se jodan”? Humanos somos todos. No hay causa que justifique el abandono de lo básico: la vida, la empatía, el respeto.
No se trata de izquierdas o derechas. De Petristas o Uribistas, de decir el disparate más sonoro para ganar likes en redes sociales. Se trata de sentido común. De humanidad. Colombia necesita, con urgencia, un liderazgo que nos hable con la verdad, que obre desde la sensatez, que no alimente más odio, que nos ayude a entender lo grave del momento que estamos viviendo para poder pararlo.
Porque si seguimos así, ¿a dónde vamos a parar? ¿Qué más tiene que pasar para que entendamos que más violencia solo trae más dolor?
Bajémosle al lenguaje. Recuperemos la decencia. Que el plomo deje de ser la forma de decir y de vivir. Necesitamos palabras que calmen, no que incendien. Necesitamos líderes que eleven el discurso, no que lo arrastren.
Pensemos antes de escribir, de hablar, de escupir odio. Porque sino, con plomo sobre plomo nos hundiremos todos.
Luego de la primera edición de Perrenque Creativo, el primer congreso de marketing y comunicaciones del Caribe, y como director del evento, no quiero dejar pasar esta oportunidad sin compartir una reflexión que me ronda desde hace años, pero que en Perrenque se ayudó a aterrizar.
En esta industria, y quizás en la vida, he aprendido que existen al menos dos tipos de personas. Permítanme clasificarlas así: los soñadores y los hacedores.
Los soñadores son encantadores. Inspiran. Siempre tienen una idea para un mundo mejor. Hablan bonito, dicen lo que muchos queremos oír, y nos hacen sentir que todo es posible. Están en la universidad, en conferencias, en redes sociales. Algunos se especializan en generar contenido que se comparte millones de veces.
Cuando era estudiante, me ayudaron a imaginar futuros posibles. Les debo inspiración.
Pero cuando me lancé al mundo laboral, cuando la realidad me exigió no solo pensar sino actuar, descubrí una verdad incómoda: muchos de esos soñadores son expertos en hablar… pero no en hacer. Son unos auténticos “vende humo”. Tienen ideas ajenas, discursos pulidos, promesas que no pasan del PowerPoint.
Y entonces entendí que la creatividad no se mide por la cantidad de ideas que uno tiene, sino por la capacidad de hacerlas realidad. No basta con tener iniciativa; hay que tener acabativa. Sí, tal vez el término no exista formalmente, pero define bien lo que quiero decir.
Por eso hoy admiro más a los hacedores. Gente que sueña, claro, pero que también ejecuta. Que sabe ponerle patas a una idea para que camine. Que sabe volar con su imaginación, pero mejor aún, saben aterrizarla en un proyecto real. Que no se queda en el qué, sino que encuentra el cómo.
Son los pilotos de la transformación.
Perrenque Creativo nació con esa convicción. No solo quisimos tener la idea, quisimos hacerla realidad. Y lo logramos. Porque los invitados, los panelistas, los asistentes, todos compartimos esa energía: no la del discurso vacío, sino la del esfuerzo concreto.
La invitación es a que valoremos más a los hacedores, los que tienen acabativas. Los que tienen la valentía de incomodarse y romper el esquema. Los que se atreven a pasar del romanticismo de la idea, al caos de la ejecución. Soñar es importante, pero hacer es urgente.
Agradezco enormemente a mis hacedores. Mi gran equipo de trabajo en
Agencia Pópuli. Y a Duberney Castaño, socio en esta aventura y su gran equipo de perrencúos de Lights Now.
Sigamos la conversación. Y nos vemos en Perrenque Creativo 2026.
La próxima semana, el miércoles 28 y jueves 29 de mayo, todos los protagonistas de la industria creativa del Caribe colombiano tenemos una cita en el Pabellón de Cristal del Malecón en Barranquilla. No es cualquier evento. Es el momento de encontrarnos, reconocernos y proyectar lo que somos: una potencia creativa con el alma puesta en cada cosa que hacemos.
Porque es tiempo de abrazar nuestras diferencias y ver en ellas la riqueza que nos define. Porque ya es hora de creernos nuestro cuento y entender que el Caribe no es solo folclor: es una manera única de hacer, pensar y crear que tiene impacto en el mundo entero.
Allí vamos a compartir ideas, crear redes, visibilizar nuestro talento y trazar juntos el camino hacia una industria creativa más fuerte y auténtica.
David Sánchez Juliao lo decía genialmente: la “cheveridad” del ser caribe no se hereda, se respira. Es algo que se siente en el aire y transforma a cualquiera que lo vive. Así muchos, como yo, que no nacimos aquí, terminamos atrapados por esa energía única y genuina.
Y a esa “cheveridad” le sumo algo más: el Perrenque. Porque ser chévere no basta para entender lo que somos. Lo nuestro es Perrenque: la terquedad buena que nos empuja a insistir, a crear, a darlo todo. Es ingenio, trabajo duro y creatividad desbordante.
Este evento es el encuentro de quienes hacemos industria desde la creatividad, de los que vivimos de comercializar ideas, de transformar conceptos en productos y servicios, de los que generamos empleo con talento y visión. Es el espacio donde el Caribe creativo se piensa como un ecosistema empresarial sólido y pujante.
Nos vamos a encontrar porque juntos somos más fuertes. Nuestras ideas, aunque diversas, tienen un punto en común: el deseo de transformar nuestra región desde lo creativo y proyectarla al mundo como la potencia cultural que es.
Con Perrenque hemos llevado nuestros ritmos al mundo, nuestras historias a otros idiomas y nuestras ideas a proyectos que impactan. Hemos ganado Grammys, conquistado pasarelas en París, creado empresas que generan bienestar y llenado estadios con talento propio. Y lo hemos hecho sin dejar de ser nosotros mismos.
Vamos a reunirnos, a conectar nuestros proyectos, a planear juntos el camino que viene. Vamos a celebrar el hecho de ser Caribe y lo que eso significa en cada cosa que hacemos. Porque esta tierra es mucho más que sol y brisa: es creatividad pura y la fuerza de seguir adelante.
Si alguna vez te has sentido parte de esta energía que mueve al Caribe.
Tienes que vivirlo. Ven al Pabellón de Cristal ¡Métele Perrenque!.
Mark Zuckerberg se volvió a inventar la rueda. O por lo menos eso cree.
En una entrevista reciente, el CEO de Meta lanzó una visión digna de ciencia ficción: un mundo donde la Inteligencia Artificial haga absolutamente todo en el proceso publicitario. Desde las fotos, los videos, los textos, los anuncios y hasta la medición del rendimiento.
Todo automatizado, todo con IA, todo “optimizado”.
¿Y el cliente? Solo debe venir con el deseo de vender más, que Meta se encarga del resto. ¿El brief? ¿El concepto? ¿La creatividad? Olvídate de eso. La IA mezcla, recalienta, adapta, y vomita un millón de anuncios por segundo. Es como un buffet libre de creatividad tibia y sin alma.
¿El problema? Que la publicidad hecha por IA es como un remix de lo que ya existe. Un refrito elegante. Una lista infinita de lo mismo con otro filtro. Todo es correcto, todo es funcional, todo está basado en lo que ya funcionó. Pero nada —nada— te sorprende.
Zuckerberg propone un modelo donde la originalidad no es bienvenida.
Porque lo original es ineficiente, impredecible, incluso molesto para los algoritmos. La IA no crea: sintetiza. Mezcla tendencias, datos, estilos, fórmulas. Y cuando todo se parece a todo, ¿cómo se supone que una marca va a destacar?
Acá es donde entra el chiste existencial: ¿qué fue primero, el huevo, la gallina… o el algoritmo?
Porque si todos los anuncios del futuro estarán hechos por IA, ¿de dónde saldrán las ideas originales que esa misma IA necesitará para entrenarse?
Pues sencillo: De los creativos humanos. Los que nos arriesgamos a pensar fuera del algoritmo, a crear diferente, a proponer lo que aún no ha sido probado ni validado por ningún “modelo predictivo”.
La IA puede replicar el estilo de García Márquez, pero no puede ser
García Márquez. Puede escribir un vallenato, pero nunca será canción inédita. Puede hacer una campaña como la última gran tendencia… pero no puede crear la próxima gran tendencia. Porque para que nazca una gallina, alguien, algún creativo, tuvo que poner el primer huevo.
Zuckerberg no está matando la publicidad. Solo está llenando el mundo de “recalentaos” publicitarios. Y sí, eso servirá para marcas sin ambición que necesitan aparecer en los algoritmos de búsqueda junto a un océano de marcas sin espíritu.
Pero si lo que quieres es dejar huella, hacer historia, construir una marca que inspire, conecte y perdure, más vale que sigas creyendo en la cabeza —y el corazón— de un buen creativo. Porque solo los humanos tienen el poder de inventar lo que las máquinas, más adelante, van a intentar copiar.
Si renunciamos a eso, prepárate para vivir en un mundo donde todas las ideas se parezcan… y todas las marcas sepan a recalentado.
Me los encontré el domingo saliendo de misa. Caminaban entre feligreses, recién comulgados, con la altivez de los “espantajopo” que se esfuerzan por lucir la marca de su camisa inglesa nueva, los rombos estampados en la cartera francesa, y la hebilla dorada italiana en el cinturón, bien ajustado a la pretina del pantalón.
Mientras los miraba, recordaba el video viral que los chinos soltaron esta semana. ¿Qué pensarán semejantes aparentadores cuando descubran que esas “prendas europeas” fueron hechas en China, en la misma línea de producción donde se fabrican miles más, idénticas a las que se consiguen en el Paseo Bolívar.
China está desnudando el mito del lujo. Y no por accidente. Todo apunta a una estrategia de guerra comercial: una respuesta finamente calculada frente a los aranceles y medidas proteccionistas que Trump ha querido imponer desestabilizando la balanza comercial mundial. Pero China no responde con alarde. Responde con paciencia. Y con precisión.
Lo que hace ahora es develar los precios reales de fabricación de marcas que venden exclusividad, mientras producen en masa a bajo costo. Sin levantar la voz, están confirmando lo que era un mito. Ese objeto vendido como europeo, fue hecho en su totalidad en Asia. Que lo único que le agregaron en Europa fue una hebilla, una etiqueta o un broche, apenas lo necesario para poder decir “Hecho en Italia” o “Made in France”.
China está agitando el comercio global evidenciando una realidad: lo que se paga no es calidad… sino relato. Y lo hace mientras ofrecen acceso directo a los mismos productos —sin marca— A una fracción del precio original.
Es una táctica de guerra poco ética con las lujosas marcas que le confiaron su producción, pero profundamente política. Una forma de decirle al mundo lo poderosos que son, ya no son el taller mediocre, sino una potencia que fabrica con calidad y bajos precios.
Los chinos si de guerras se trata, saben bastante. No solo las entienden: las escribieron. Sun Tzu, autor de El arte de la guerra, era chino. Y Trump parece haberlo olvidado.
Mientras el comercio mundial se desbarata. Quizá sea esta una oportunidad para volver la mirada a nuestro propio talento, y empezar a convertir en lujo lo que se hace en casa. Para dejar de ser tan arribistas con lo extranjero y comenzar a valorar nuestras propias historias, nuestras manos, nuestros relatos.
Nos toca aprender a leer estas guerras y descifrar sus movimientos.
Porque lo que está en juego no es solo quién fabrica más barato, sino quién logra seducir al nuevo comprador global… y quiénes se posicionarán como los próximos grandes vendedores en el tablero comercial que China y Estados Unidos están redibujando.
Eran los años 80. Medellín atravesaba una de sus décadas más oscuras: narcotráfico, violencia, gobiernos locales al servicio de la ilegalidad.
La ciudad estaba paralizada, sin rumbo, y los paisas, desmotivados.
Hasta que apareció un brillante publicista llamado Michel Arnau con una campaña sencilla, pero poderosa: Yo quiero a Medellín.
El mensaje caló. Poco a poco, los ciudadanos comenzaron a recuperar la esperanza. Transformaron su angustia en empuje, su desesperanza en resiliencia, y su rabia en perseverancia. Se volvieron líderes en innovación, transformación urbana y modelos de civismo. Reafirmaron, con hechos, ese estereotipo que, bien entendido, los honra: la berraquera.
Y es curioso —aunque no sorprendente— que una revolución tan profunda no surgiera del poder político, sino de la gente misma. Porque los gobiernos —buenos para unos, malos para otros— se acaban, se corrompen, se olvidan. Pero cuando el cambio nace del alma civil, se vuelve cultura, se vuelve identidad.
En esa misma época, mientras allá florecía la berraquera, acá en el
Caribe colombiano cargábamos con un estereotipo contrario: el de flojos, fiesteros, relajados y, cómo no, “mamaburras”.
Nunca entendí por qué los actores costeños, al llegar a producciones nacionales, exageraban el acento, los ademanes, el comportamiento… Como si el éxito de nuestra impronta cultural dependiera de caricaturizar lo que somos.
O peor aún, cuando algunos sentían que para abrirse camino en el ámbito nacional debían neutralizar su acento, esconder su esencia, mimetizarse para no cargar con el peso de un estereotipo impuesto desde afuera.
Pero el tiempo pasó, y el Caribe también se transformó.
Hoy, Barranquilla y toda la región lideran avances en urbanismo, ciencia, tecnología, creatividad y cultura. Y no es casualidad, ni suerte, ni obra de ninguna corriente política de turno. Es mérito ciudadano. Es el resultado del perrenque colectivo de una nueva generación que se conecta con el mundo, que se forma, que emprende, que innova y que empuja con la fuerza del viento que sopla desde el mar Caribe.
El tiempo del “mamaburra” ya se acabó. Es hora de sentirnos orgullosos de nuestra identidad. Porque si los paisas son berracos, nosotros acá hemos demostrado que también llevamos una fuerza que no se detiene.
Porque los García Márquez, las Shakiras, los Vives, los Rentería —por solo mencionar algunos— no son excepciones. Son la evidencia de un ADN creativo, fuerte y vibrante que se respira y contagia por toda la región entre los costeños propios y adoptados.
Así que si allá hubo, o hay berraquera… acá lo que hay y lo que seguirá habiendo, es Perrenque.
Mucho se ha dicho —y se seguirá diciendo— sobre Medusa, la serie de
Netflix que aterrizó envuelta en polémica, especulación y tendencia. Que si el acento no cuadra, que si las actuaciones no convencen, que si la historia cae en lugares comunes. Pero mientras el debate sigue encendido en redes, hay algo que no podemos pasar por alto: la serie, sin proponérselo, se convirtió en la mejor vitrina que ha tenido Barranquilla recientemente como escenario para el mundo audiovisual.
Porque más allá de la trama, los personajes, el abuso de malas palabras o los giros predecibles del guión, Medusa pone a Barranquilla en el centro de la escena, y lo hace con una cámara que captura su luz, sus paisajes, su mezcla de tradición y modernidad.
Y eso, nos guste o no la serie, es un impulso valioso para el sector audiovisual regional y nacional.
Barranquilla se proyecta como un escenario atractivo, con condiciones técnicas, talento local y una belleza natural que la posicionan como un gran set para cine y televisión. Un lugar con el potencial de contar historias, no solo como locación de fondo, sino como protagonista con identidad propia.
Más allá de lo que nos parezca como obra, Medusa cumple con su propósito. No es una serie con pretensiones artísticas, no busca ser cine de autor ni retrato social profundo. Es una producción comercial, pensada para entretener, atrapar audiencia y ser universal. Y en eso, las cifras de alcance y visualización la respaldan.
A sus realizadores les salió bien el negocio. Y eso también importa.
Porque para que exista industria audiovisual, tiene que haber negocio.
Es la única forma de sostener los sueldos de cientos —y hasta miles— de personas que trabajan alrededor de una producción.
El reto está en lograr ese equilibrio: cautivar audiencias y, al mismo tiempo, ser responsables a la hora de contar historias. Relatos que nos ayuden a evolucionar como sociedad, con valores, ética y conciencia social. Pero que también entretengan, enganchen y se vean. Porque si no, será solo un esfuerzo aislado, una obra artística valiosa, sí, pero difícil de sostener.
Por eso, más allá de las críticas —válidas, necesarias y hasta entretenidas— vale la pena quedarnos con algo más profundo: Barranquilla ya está en el radar del mundo audiovisual. Y eso es gracias a una producción que, con todos sus peros, abrió una puerta que no podemos cerrar.
Ahora dependerá de nosotros aprovecharla. Porque si algo tengo claro, es que tenemos el talento, los equipos y una ciudad lista para contar más —y mejores— historias.
La industria ya nos miró. Ahora nos toca producir.
Medusa, Abelardo y “los Char”
La recién estrenada serie de Netflix Medusa ha desatado una avalancha de comentarios en redes sociales como X y Threads, esos foros donde la gente vomita opiniones y escupe estupideces en letras.
El revuelo se encendió aún más con un video publicado por el mediático abogado Abelardo De La Espriella, en el que anunciaba con su estilo habitual que había logrado censurar la serie antes de su estreno, alegando que atentaba contra la honra y el buen nombre de una prestante familia costeña.
Días antes, el mismo De La Espriella había subido otro video compartiendo animadamente en un círculo muy privado con el patriarca de la familia Char, Don Fuad.
Ingredientes más que suficientes para que la muchedumbre de las redes cocinara la historia: — “La serie habla de los Char” — “Yurdaaa!!! Se encendió esto” — “Se prendió el ventilador”
Un sancocho de teorías servido en bandeja de plata por el equipo creativo de la agencia de publicidad “Sancho BBDO” que, con una estrategia bien calculada, y un contrato publicitario teniendo como actor protagonista a Abelardo de la Espriella, logró exactamente lo que quería: que la gente hablara y hablara de la serie hasta lograr cifras récord el día de su estreno.
Pero después de tantas conjeturas, Medusa se estrenó, y la historia es la misma de siempre: ficción con libertad creativa.
¿De qué trata la serie? Después de soportar los primeros capítulos, tema para otra columna, queda claro que es la historia de una prestante familia barranquillera dueña de un conglomerado de supermercados, constructoras, aduanas y hasta un equipo de béisbol. Un patriarca al mando y una segunda generación en disputa por el poder familiar.
¿Se trata de los Char? No.
¿Está inspirada en ellos? Sus creadores dicen que no.
¿Ha sido un éxito mediático? Por supuesto que sí.
Utilizar la figura de Abelardo fue un gran acierto para la agencia, ¿pero lo fue para Abelardo? Él, siendo un prestigioso abogado, activista político y generador de opinión, imagino que al vender su marca personal para una publicidad disruptiva, evaluó el impacto que esto podría traerle a su imagen, y las lamentables asociaciones que seguramente se generarían en redes con la familia Char.
Porque no sé qué tanto le caiga en gracia al patriarca de la familia
Char, que la opinión podrida de internet esté asociando su apellido con una serie de televisión que cuenta una historia de corrupción y asesinatos.
Pero bueno, para los publicistas y creadores de la serie, todo les salió redondo. Aplausos de mi parte como “marketero” que soy. La gente seguirá hablando un par de semanas más, mientras ellos, siempre tendrán la excusa que en el cine y la televisión, si los personajes y las historias se parecen a la realidad… es pura coincidencia.
¡Alerta de contenido impopular!
Me sumo a todo el fenómeno positivo de Shakira y lo que ella, con sus dos conciertos y su aparición en la Guacherna nos ha dejado a los colombianos.
Pero como espectador de su segundo concierto el viernes, y después de pagar cuatro boletas en la zona “Preferencial” para ir con mi esposa y mis hijos, me declaro insatisfecho.
Y no por ella, sino por su producción. No fue una buena experiencia y hay que decirlo, aunque esta columna pueda atraer a más de un “hater”.
Porque después de tanta espera y expectativa, de horas interminables sentados en un piso plástico sobre la grama, de saciar el hambre y la deshidratación con comida chatarra cara y mala, de responder más de cien veces a mis hijos cuántos minutos faltaban para que comenzara el concierto. La impuntualidad empezó a impacientarme y la desinformación a perturbarme.
Personas de la producción que caminaban apresuradas con linternas sobre el escenario me presagiaron lo que más tarde se publicaría en redes. El concierto estaba retrasado por problemas técnicos causados por fuertes rachas de viento.
¡Inexplicable! Un montaje de esa magnitud, con presupuestos multimillonarios que seguramente la organización de Shakira debe estar pagando, debería ser a prueba de “rachas de viento”.
En medio del desespero, pensé seriamente en agarrar a mis pelaos’ e irme del estadio, pero luego recordé que nadie me iba a devolver la millonada gastada.
Cuando ya el sueño nos había vencido rendidos en el suelo. A las 10:27 de la noche un alboroto nos despertó y las luces que apagaron anunciaron que el tan esperado show iba a comenzar.
Nos pusimos de pie, estiramos piernas y espalda para resultar viéndole la nuca a miles de personas delante nuestro que además de bloquearnos y apretujarnos, levantaban sus celulares eliminando cualquier posibilidad de línea de vista.
Nuestra única opción era poder ver el espectáculo en las inmensas pantallas. Pero… Shaki al subir al escenario, nos contó que la pantalla gigante completa no iba a funcionar. Lo hizo como toda una reina, con elegancia, con simpatía. Dio su mejor esfuerzo para no opacar una noche mágica.
Para ella debió ser algo tan doloroso como para nosotros los de
“Preferencial” que tuvimos que hacer de saltimbanquis para medio ver algo entre las torres de sonido y las carpas técnicas que taparon la visibilidad.
No me siento estafado porque es Shakira, porque sé quién es ella y lo que se esfuerza por dar siempre lo mejor. Pero la producción debe disculparse, pellizcarse y corregir. Falta mucho por delante. Lo que fue, fue.
Desde que la empresa estadounidense OpenAI lanzó ChatGPT en el año 2022, la inteligencia artificial ha estado dominada por unos pocos gigantes, todos gringos. Y detrás de ellos, la también estadounidense Nvidia, que se ha convertido en el mayor y casi único proveedor de chips para que la IA funcione. Ellos han liderado la carrera tecnológica, pero también han controlado los precios y el acceso, haciendo que la IA avanzada sea costosa y no esté al alcance de todos.
Pero ahora llegaron los chinos con “DeepSeek” (Búsqueda Profunda), una inteligencia artificial que entra a la cancha con la intención de sacudir el mercado. Y si hay algo que sabemos de China, es que no juega a perder. Cuando se mete en un negocio, lo hace con la ambición de liderarlo.
¿Y qué significa esto? Algo muy simple: la competencia va a obligar a
OpenAI y compañía a bajar los costos. Así como cuando llegaron los supermercados ARA y D1 a Colombia, forzaron a Éxito y Olímpica a cambiar su modelo de negocio. DeepSeek empujará a la industria a ofrecer IA más accesibles, con mejores servicios y precios más bajos.
Uno de los más afectados será Nvidia, el gigante de los chips que ha hecho su agosto con acciones en bolsa que no hacían sino crecer hasta que llegaron los chinos. Hasta ahora, OpenAI, Google y otros han dependido de Nvidia para su infraestructura. Pero China, que ya tiene sus propios desarrollos en chips, está decidida a reducir esa dependencia.
Para los usuarios, este escenario es un regalo. Hasta ahora, acceder a una inteligencia artificial avanzada podía costar bastante, sobre todo para pequeñas empresas y emprendedores. Pero con DeepSeek en la ecuación, es probable que pronto veamos IA más baratas y más accesibles.
Sin embargo, no todo es positivo. La llegada de DeepSeek también trae preguntas difíciles. OpenAI, Google y Meta han sido criticados por cómo manejan los datos de los usuarios, pero con China en el juego, la preocupación crece: ¿cómo gestionará DeepSeek la privacidad?
China tiene políticas distintas en cuanto a control y regulación de la información. ¿Será su IA más estricta? ¿Más laxa? ¿Qué tipo de datos recopilará? Aún no hay respuestas claras.
Lo que sí está claro es que la IA ya no será un monopolio de unos pocos.
Con DeepSeek en juego, el mercado cambia, los precios bajan y las opciones aumentan. Pero ahora la pregunta no es solo quién ganará, sino qué tan seguro será. La democratización de la inteligencia artificial es inevitable, pero la gran incógnita sigue siendo: ¿a qué precio?
Recientemente se ha anunciado un suceso sin precedentes en la industria musical. Bad Bunny, el artista boricua más exitoso del momento, el que llena estadios en todas sus giras y agota boletería en cuestión de horas, lanzó su más reciente disco con un giro inesperado: un álbum de corte protesta, con el que busca reivindicar la cultura autóctona de su natal Puerto Rico.
Y en vez de embarcarse en una gira mundial, decidió ser consecuente con su mensaje. Le dijo al mundo algo así como: “Los que me quieran ver, vengan a Puerto Rico”.
Sus próximos conciertos serán lo que en la industria llaman una residencia: en lugar de recorrer distintas ciudades, ha elegido un solo escenario, el Coliseo José Miguel Agrelot, donde ofrecerá 30 conciertos, del 11 de julio al 14 de septiembre. ¿Y adivinen? Todas las entradas ya están vendidas.
Pero la genialidad de su idea no termina ahí. Además del espectáculo, la experiencia incluye paquetes turísticos en su isla, lo que generará un impacto económico estimado en más de 100 millones de dólares. Entre hotelería, alquiler de vehículos, planes turísticos, mercancía promocional y, por supuesto, la activación del comercio informal, Puerto Rico vivirá una inyección económica sin precedentes gracias a su mayor estrella.
Cuando abrió la venta de boletos, que oscilaban entre 2.5 y 4 millones de pesos, incluyendo estadía en hoteles, rompió un récord mundial: 400 mil entradas agotadas en solo cuatro horas. Y aún no ha anunciado una segunda tanda de conciertos, pero cuando lo haga, es casi seguro que repetirá la hazaña.
Ahora bien, como soñar no cuesta nada, viendo este fenómeno que no solo llenará los bolsillos del Conejo Malo, sino también los de su tierra natal, surge una pregunta inevitable: ¿y si tuviéramos algo así en Barranquilla?
Imagino y bautizaría “Arena Pies Descalzos”, a ese mega escenario que nuestro alcalde quiere construir, inaugurado con una residencia de 20 conciertos de Shakira. Un negocio redondo. Porque lo más costoso de un tour es mover toneladas de equipo técnico en escenario, sonido y luces.
Si “Shaki” hiciera una residencia en su tierra, el ahorro logístico sería gigantesco y su rentabilidad, mucho mayor. Y, a su vez, la economía de la ciudad se dinamizaría como nunca antes.
Tenemos infraestructura hotelera, atractivos turísticos, una oferta gastronómica y cultural envidiable. El escenario… se construye. Para eso tenemos alcalde de sobra.
Shaki, alcalde, se las dejo ahí.
James.. ¿pasta o gloria?
Por estos días, cuando la novela James-Junior parece haber terminado, o mejor dicho, ni siquiera haber iniciado, se ha hecho viral una entrevista en la que James Rodríguez comparte una anécdota en “El Chiringuito”, el programa de televisión sobre fútbol más visto en el mundo latino. En ella, recordó la frase que Florentino Pérez, presidente del Real Madrid, le dijo para convencerlo de vestir la camiseta merengue: “¿Pasta o Gloria?”
James tenía sobre la mesa propuestas del Paris Saint Germain y el
Manchester City, ambas mucho más jugosas económicamente que la del Real Madrid. Sin embargo, según relata, no se dejó llevar por la pasta, sino que optó por la gloria.
Ese era el James de hace 10 años, el joven que deslumbró al mundo en el Mundial de Brasil 2014 con su talento y goles memorables y prometía ser la nueva estrella del Real Madrid. Pero el James de hoy no es el mismo.
Su apuesta por la “gloria” no siempre dio los frutos esperados en los clubes donde militó. Entre rumores de indisciplina, fiestas y roces con entrenadores, ha sido etiquetado como un jugador difícil de encajar en equipos que priorizan lo colectivo sobre el brillo individual.
Hoy, cuando la noticia es que aceptó la “pasta” del equipo Leones de
México sobre la que ofrecía Junior de Barranquilla. Más allá de debatir si acertó o no, quizás sea momento de bajarle el volumen a las críticas.
Las decisiones, especialmente aquellas que implican elegir entre el beneficio inmediato y la trascendencia, no son fáciles. Y James no es el único que ha enfrentado esta encrucijada; es un dilema universal que trasciende profesiones, generaciones y contextos.
Pensemos en un médico que debe decidir entre hacer labor comunitaria trabajando con una fundación o dedicar más horas a la clínica privada que le paga mucho mejor. Desde un punto de vista financiero, la segunda opción parece obvia, pero el impacto social y la posibilidad de cambiar vidas tienen un peso incalculable.
O una madre o padre de familia que se ve obligada a elegir un trabajo que no le gusta y no se alinea con sus valores personales, pero que garantiza la educación de sus hijos y la estabilidad económica del hogar. En este caso, optar por la “pasta” no es un acto de codicia, sino de responsabilidad.
Estas elecciones demuestran que no todo se reduce a cifras; hay factores emocionales, éticos y prácticos que también importan.
James hoy parece haber elegido la pasta, y si esa fue la decisión correcta o no, solo el tiempo lo dirá.
Mucha tristeza me causa escuchar en reuniones de empresarios los planes de transformación digital impulsados por la reforma laboral.
Si bien la transformación digital en Colombia será una realidad inevitable, no necesariamente significará un triunfo sin consecuencias.
La automatización, impulsada tanto por avances tecnológicos como por la necesidad de las empresas de reducir costos ante los altos estándares de la reforma laboral, se perfila como una solución eficiente para las compañías. Sin embargo, lo que promete ser un salto hacia el futuro puede convertirse en un preocupante retroceso social.
Ya lo estamos sintiendo. Los supermercados cada vez tienen menos operarios en las cajas, sustituidos por cabinas de auto pago. En los restaurantes, las pantallas táctiles y los sistemas de auto pedido están reduciendo significativamente la presencia de meseros. Las estaciones de servicio, que durante décadas han dependido de los “bomberos”, se irán convirtiendo en surtidores autogestionados. Es una tendencia que, aunque eficiente, plantea una preocupación inevitable: ¿qué pasará con las miles de personas que dependen de estos trabajos formales?
El problema no es solo la pérdida de empleos en sectores tradicionalmente intensivos en mano de obra, sino el riesgo de fomentar una economía más informal. En un país donde más del 50% de los trabajadores ya opera fuera del sistema formal, esta aceleración tecnológica podría agravar la precariedad laboral. Sin un crecimiento económico que genere empleos en otros sectores, la automatización no será un sinónimo de progreso, sino un recordatorio de las desigualdades existentes.
La tecnología, por supuesto, trae beneficios. Pero también, desplaza a quienes no tienen las herramientas para adaptarse a un mercado laboral cada vez más digital.
El reto para Colombia estará en cómo responder a esta transformación. Si los planes del gobierno no logran dinamizar la economía y fomentar la capacitación tecnológica, las predicciones de los analistas sobre un aumento del informalismo laboral podrían convertirse en una dolorosa realidad.
La transformación digital no puede ser un fin en sí misma. Debe ser parte de una estrategia más amplia que priorice la inclusión y el bienestar social. Porque, aunque el avance tecnológico es inevitable, no podemos permitir que el futuro digital de unos pocos sea construido sobre el sacrificio de tantos. El 2025 será un año de decisiones: o abrazamos una transformación responsable, o nos enfrentamos a las consecuencias de un progreso desigual.
Hace algunos meses, navegando en Facebook, me encontré con un video que tuve que ver varias veces para entender que había sido grabado en un barrio popular de Barranquilla.
La escena era absolutamente intrigante: cientos de niños y niñas esperaban, eufóricos, en la puerta de una casa la aparición de alguien.
La cámara mostraba la cuadra repleta de adolescentes que, mientras alzaban carteles con corazones pintados, saltaban al ritmo de un picó, levantando una nube de polvo en la calle destapada.
Cuando la cámara se enfocó en la casa, por una puerta de rejas aparecieron cuatro “cancamanes” que abrían camino entre la gallada.
Por el volumen de los gritos, esperaba ver salir por esa puerta a algún personaje conocido. Pero, para mi sorpresa, el ídolo esperado era un niño como todos los demás.
Escondido bajo una cachucha más grande que él, lánguido y tímido, caminaba de la mano de una niña de pelo rizado y actitud de primera dama que la delataba como su enamorada.
Luego de abrirse paso entre alaridos y manotazos, al llegar a una improvisada tarima, el pequeño se despidió de su acompañante con un beso en la boca antes de subir al escenario.
Las bocinas amplificaban una canción sin sentido sobre unas hayacas, que la multitud coreaba de memoria. Mientras el joven se preparaba para iniciar su acto, alcancé a distinguir la cara de un preadolescente con ojos claros, algo apabullado por la multitud, pero que rápidamente comenzó a dominar la escena dando brincos “champetúos”. Enloqueció tanto a los presentes como a los miles de “likes” de sus seguidores en redes.
No volví a saber de este muchacho hasta la noche de los Premios Luna, una gala que, después de deleitar con presentaciones de figuras reconocidas como “El Canario” y “Eddy Herrera”, dio paso a las premiaciones.
Desfilaron los vallenateros, salseros y champeteros, hasta que llegó una categoría que nunca antes había escuchado: El Güarapo.
Entre los nominados, que estaban sentados muy cerca de nosotros, con elegantes vestidos que dieron un aire “Grammyquillero” a la velada, apareció en pantalla el niño de ojos claros, acompañado nuevamente de la chica de rizos dorados. Proyectaron su nombre, que además resultó ser el ganador: “Yova Perreo”.
Apenas terminó el evento, entré a redes sociales y descubrí el fenómeno social que ha nacido desde las entrañas del barrio, y que ahora está causando furor en redes y emisoras populares.
En mi próxima columna, cerraré el 2024 con un análisis más detallado sobre El Güarapo, un género que, sin duda, dará mucho de qué hablar, bien o mal, durante el próximo año.
En América Latina hay un país que rompe con todos los esquemas democráticos de la región. Un país que, a pesar, o a causa tal vez, de tener tan poca población, se erige como un ejemplo de democracia participativa, plural y respetuosa.
Es la República Oriental del Uruguay.
Un país de un poco menos de 3 millones y medio de habitantes
“ensanduchado” entre la turbulenta Argentina de 46 millones y el coloso de América, Brasil, con más de 216 millones de personas. A orillas del Río de la Plata, donde se encuentra su capital, Montevideo, concentra poco más del 70% de su población. Para entender estas dimensiones, imaginemos que Barranquilla fuese la capital de un país cuyo territorio abarcase la región Caribe, pero con una población tres veces menor.
Sin embargo, este pequeño país es gigante en su capacidad democrática.
En la reciente jornada electoral, esto quedó demostrado de manera contundente. Yamandú Orsi, del Frente Amplio, fue elegido presidente, mientras que Álvaro Delgado, de la coalición de derecha, reconoció los resultados en un discurso digno y respetuoso, mostrando una altura política que no abunda en la región. Orsi habló de gobernar para todos los uruguayos, sin divisiones ni sectarismos, mientras Delgado se comprometió a ser una oposición constructiva. Dos discursos distintos, pero que coincidieron en algo fundamental: el progreso del país es prioridad.
Esta escena contrasta fuertemente con la situación de sus vecinos.
Argentina, sumida en una política mediática y superficial, tiene como protagonista a Javier Milei, un líder que prefiere gritar y dividir antes que dialogar. La grieta política sigue dominando la narrativa, alimentando la confrontación y dejando poco espacio para construir futuro.
En Brasil, la democracia ha sido sacudida por el enfrentamiento entre
Bolsonaro y Lula. Escándalos de corrupción, polarización extrema y desinformación han convertido al gigante sudamericano en un campo de batalla ideológico donde las instituciones se resienten y la población pierde confianza en la política.
Uruguay, en cambio, sigue otro camino. Su política no es espectáculo, sino construcción colectiva. Su democracia no se basa en líderes mesiánicos ni en promesas vacías, sino en el respeto, la participación y la búsqueda de consensos.
La fortaleza de Uruguay no radica en su tamaño ni en su población, sino en su capacidad para demostrar que la democracia puede ser un espacio de unión y progreso. En un continente marcado por divisiones, Uruguay se alza como un ejemplo de que el respeto y el diálogo son las mejores herramientas para construir futuro.
Un “paisito” con una gran lección para toda la región.
De “+57” a “+ de 75”
Las cosas como son, la canción +57 no es más que el resultado de lo más triste de la expresión del reguetón a cargo de los representantes colombianos más laureados de este género. Quienes pensaron que en un rejunte soltando su “flow” en un bacanal celebrado en un estudio musical, iban a multiplicar el ego sintiéndose los representantes de lo mejor de este género en el país.
¡Y no! La creatividad no sale de la improvisación desenfrenada. El
“flow” no está en el dejarlo fluir. Se necesita planeación, pensar en oportunidades e implicaciones. La oportunidad de tener a los mejores influenciadores del género reguetón en un estudio merecía “una pensada” más estratégica.
Sin salirse del estilo han podido crear una letra inspiradora que construyera, que apostara por volverse trascendental y convertirse en un himno colombiano del género. Pero no, el “flow” no les dio para más que una borrachera, perreo entre pepas, trago y vicio con una de “forteen”.
Un desatine como este, al que además tuvieron el atrevimiento de titularla con el código telefónico “+57“ sellando sus pretensiones de encumbrar la canción como distintivo de país.
No representa a Colombia. Menos aún a Medellín, capital del reguetón, quien tiene una lucha frontal para no ser reconocida internacionalmente como destino de turismo sexual con menores de edad.
Por fortuna, para contrarestar este triste capítulo de la música colombiana, nace desde las mismas redes que amplifican +57, el fenómeno viral de “+ de 75”.
Una conmovedora canción escrita y cantada por un grupo de abuelitos quienes gracias a un video grabado improvisadamente junto a una van Wolksvagen, más vieja que ellos, varada en mitad de la carretera. Se volvieron virales conmoviendo a miles de internautas.
El músico colombiano Santiago Cruz al igual que cualquier hijo o nieto no pudo evitar emocionarse. Al ver a estos abuelos con sus chalecos estampados con el nombre de su banda “Los Clásicos” interpretando una canción magistral, sincera y trascendental llamada “Yo no me olvido de ti”.
Los buscó, los asesoró, les grabó, los masterizó y con planeación pensando en las implicaciones, estratégicamente la rebautizó “+ de 75”.
Un verdadero himno musical de la tercera edad que al escucharla te agua el ojo y te arruga el corazón.
Esta columna no pretende desmeritar el género reguetón, personalmente sigo creyendo y admirando a los artistas que hacen arte transformador desde cada una de sus orillas. Pero los invito a que se bajen de la nube de humo de los millones y entiendan que un músico construye cultura. Por eso tienen la gran responsabilidad de ser creativos, pero no distraídos.
Hace unos años, mi auto se quedó sin gasolina en mitad de una autopista, y, sin más opción, tuve que empujarlo hasta la orilla de la carretera.
Mientras lo hacía, una mujer que no conocía se detuvo, bajó la ventana y, sin pensarlo, ofreció ayudarme. Antes de irse, me sonrió y dijo: “Hoy te tocó a ti. Mañana será por mí”. Aquella frase se quedó conmigo. No había pedido nada a cambio, ni siquiera un gracias. Simplemente, ayudó y siguió su camino.
Esa experiencia me hizo reflexionar sobre lo simple pero poderoso que es un favor. No siempre viene con aplausos ni recompensas inmediatas, pero deja una huella. Los favores funcionan como un hilo invisible que conecta personas y situaciones en el tiempo. La magia está en que nunca sabemos cuándo, ni de quién, regresará esa ayuda. Un favor genuino, hecho sin expectativas, tiene la capacidad de encontrar el momento justo para devolverse, aunque pasen años y aunque no venga de la misma persona.
La bondad es contagiosa. Cuando alguien recibe un favor, suele quedar con el impulso de devolverlo, ya sea a quien lo ayudó o a alguien más.
Así se forma una cadena silenciosa que, poco a poco, transforma las interacciones humanas. Lo curioso es que, aunque creamos que lo que damos se pierde en el vacío, la vida tiene una forma misteriosa de equilibrar las cosas. Tarde o temprano, lo que dimos sin esperar nada a cambio regresa, en el momento más necesario.
El problema es que vivimos en un mundo obsesionado con resultados inmediatos. “¿Qué gano yo?” se ha convertido en la pregunta del siglo. Y esa mentalidad corta de raíz muchas oportunidades de generar conexiones genuinas. No se trata de acumular favores esperando una recompensa. Se trata de confiar en que, al sembrar actos de bondad, estamos aportando a algo más grande que nosotros. Si ves a alguien que necesita tu ayuda y tienes la capacidad de dársela sin infringir la ley ni comprometer tus valores, hazlo. La vida se encargará de lo demás.
Nuestra sociedad necesita más desprendimiento, más actos generosos sin condiciones. Si cada uno hiciera un favor al día, sin pensar en lo que recibirá a cambio, las dinámicas cambiarían. Las cadenas de favores empezarían a entrelazarse y, de manera sutil pero efectiva, transformarían la forma en que vivimos.
Al final, la recompensa llega. Tal vez no hoy ni mañana, pero llegará.
La bondad siempre encuentra el camino de vuelta, como aquella mujer que me ayudó aquella tarde. Porque los favores no caducan. Lo que das de corazón siempre regresa, cuando menos lo esperas y más lo necesitas.
Shakira. La reina vuelve a casa después de casi siete años sin pisar una tarima en Barranquilla. La última vez que medio lo hizo fue el 19 de julio de 2018, durante la inauguración de los Juegos Centroamericanos. Y digo “medio” porque fue más una cortesía que una presentación real. La última vez que nos regaló un concierto completo fue en 2006 con su gira Fijación Oral, cuando muchos de los que hoy sueñan con ir a su próximo concierto aún no habían nacido. Entre ellos, mi hija Gabriela, quien desde que se anunció la plaza, no dejó de recordarme, día tras día, la compra de la boleta.
Como buen fan, me inscribí en la preventa y guardé con esmero ese preciado código alfanumérico de 12 dígitos que me envió la plataforma.
Cuando llegó el día, veinte minutos antes de que comenzara la preventa, me senté frente al computador con la tarjeta del banco en una mano y el papelito con el código en la otra. Cuando pensé que ya lo había logrado, me recibió una barrita azul que avanzaba a paso de tortuga. “Estás en la fila virtual”, decía un letrero.
Cincuenta y seis largos minutos estuve frente a la pantalla, con el dedo listo para teclear el bendito código. Y cuando al fin llegó mi turno, un banner en letras blancas sobre fondo oscuro me dio el golpe de gracia: “Boletería Agotada”.
¡No puede ser! Si tenía mi código alfanumérico ganado con antelación, ¿cómo era posible? Entré a las redes sociales buscando alguna explicación. Fue allí donde descubrí la verdad amarga: mi código no era único. Era el mismo que le habían dado a miles de personas que, como yo, caímos en la trampa de la preventa.
Afortunadamente, anunciaron una segunda fecha. No quiero repetirles la historia completa, pero les adelanto que ocurrió casi lo mismo. Esta vez logré comprar boletas, pero no en la ubicación deseada, sino en la que quedaba disponible.
Este fenómeno va más allá de la alta demanda por ver a la Loba de Pies Descalzos, una artista que, sin duda, se merece todo. Aquí hay algo más turbio: el lucrativo negocio de los revendedores.
El negocio de la reventa daña la experiencia del espectáculo. Y da tristeza darse cuenta que organizadores hagan poco y nada para “democratizar” el acceso.
Shakira! Todas las boletas no están agotadas, ¡muchas están secuestradas! Y el desproporcionado precio de rescate está a la vista en plataformas transaccionales no oficiales.
Este titular no sé si plantea una falta a la moral, o una oportunidad laboral.
El domingo pasado pensé que se me había adelantado el día de los inocentes. Incluso llegué a sospechar un hackeo masivo de medios que replicaban un comunicado aparentemente falso del Servicio Nacional de Aprendizaje, SENA.
Pero mientras más investigaba, todo iba tornándose una moderna realidad universal. Mis preconceptos provincianos me hicieron pronunciar en voz alta un largo “No jodaaaaa”. Pero luego comencé a reflexionar.
Porque el comunicado no era una broma. El SENA actualizó el Acuerdo 009 de 2005, e hizo una homologación internacional de oficios y ocupaciones de la OIT (Organización Internacional del Trabajo). Que entre muchos tan llamativos como el que atañe a esta columna, serán considerados para las cuotas obligatorias de aprendices que deberán contratar las empresas que tengan como actividad estos servicios.
Pero más allá del juicio inicial, es crucial valorar sobre lo que realmente trae esta medida: iniciar el proceso de dignificar a quienes ejercen este oficio.
La prostitución ha existido desde siempre, y aunque es legal en muchos países, sigue siendo objeto de estigmatización. Se margina a quienes la practican negándoles derechos y empujándolos a los márgenes de la sociedad.
En países como Alemania o Nueva Zelanda, la prostitución está regulada, y quienes la ejercen tienen acceso a seguros de salud y protección laboral. En nuestro país, la formalización permitiría que quienes la ejercen no estén a merced de explotadores o redes de trata. Que pueden ejercer libremente, bajo controles y regulaciones, como cualquier otra profesión.
La medida del SENA no solo implica un cambio en cómo vemos la prostitución, sino también en cómo tratamos a quienes la practican. Se trata de reconocer que detrás de ese cuerpo hay una persona con derechos. Dejar de ver este oficio como algo inherentemente malo y comenzar a verlo por lo que es: una forma de trabajo que, como cualquier otra, debe ser protegida y regulada.
Es fácil criticar desde la comodidad del privilegio, pero la realidad de muchas personas es esa. Al brindar formación y estructura, estamos abriendo la puerta a una posibilidad más digna para quienes eligen –o se ven forzados– a ejercer esta actividad.
No será sencillo. El camino hacia la dignificación de este trabajo tiene detractores, pero si queremos una sociedad más justa, donde todos tengan acceso a derechos laborales básicos, debemos aceptar que el estigma no soluciona nada. La dignidad y el respeto son principios universales.
La intención de este discurrir intelectualoide sobre esta jerga popular no es tratar de analizar la expresión de este incómodo titular desde la alusión a un señalamiento homofóbico dirigido a quien llega de último durante una carrera.
Más bien, se trata de entender la esencia del comportamiento de la sociedad política y civil de nuestro país, la cual he querido, atrevidamente, generalizar desde la extracción semántica de una expresión popular.
Me refiero a la vergonzosa costumbre de reconocerle al individuo oportunista y aprovechador un carácter positivo de “viveza”, mientras se estigmatiza al que se apega a las reglas, siendo víctima del aprovechamiento, con el carácter de “bobeza”.
El vivo viviendo del bobo es una costumbre tan arraigada en nuestra cultura que ya se ha vuelto normal en los códigos sociales de nuestro diario vivir.
Para comprobarlo, haré un ejercicio interactivo entre autor y lector.
Los invito a repetir mentalmente el titular de esta columna al momento de finalizar cada frase. - “Si recibes una transferencia de Nequi de un número desconocido…” - “Si te encuentras un reloj en el lavamanos de un baño público…” - “Si hay una interminable fila y el de adelante se descuida…” - “Si te subes a un taxi y entre los cojines del asiento encuentras una cadena dorada…” - “Si el cajero del supermercado se equivoca y te da vuelto de más…” - “Si en el asiento del bus te encuentras unos audífonos caros…”
O más triste aún: - “Si eres político y puedes adjudicarle contratos a tus amigos…”
Estos comportamientos que comprometen la moral y la ética de cada persona no deberían ser un dilema si fuésemos educados bajo principios como los que tienen otras culturas.
En Japón, por ejemplo, el civismo se aprende desde niños bajo un concepto muy sencillo: “Todo tiene un dueño”.
Las estaciones de policía dedican gran parte de su tiempo y recursos a administrar y devolver los objetos perdidos. El 70% de los celulares olvidados son regresados a sus distraídos propietarios en menos de 24 horas. Las bicicletas se dejan estacionadas en la calle sin cadena ni candado, y ahí están al regreso de sus dueños. En las estaciones de tren, cuando llueve, se disponen paraguas, los cuales son regresados al día siguiente por quienes los usan.
Si desde las escuelas y en las casas diéramos un mejor ejemplo a nuestros hijos, seguramente podríamos convertirnos en mejores ciudadanos, logrando una sociedad más justa, progresando homogéneamente, sin beneficiar a unos y perjudicar a otros. Es momento de cambiar, porque si no…
Ir a Blockbuster, buscar en la estantería una película, hacer fila, firmar un papel y llevarse una copia en DVD para devolverla al día siguiente es una escena retrógrada y analógica, inconcebible en la actualidad.
Para David Vélez, fundador del banco digital NuBank, esa es la misma experiencia que se vive hoy cuando un cliente va a una sucursal bancaria para retirar efectivo, hablar con un asesor para abrir una cuenta, o hacer fila para pagar un recibo.
El mundo de la banca tradicional, al igual que Blockbuster, está destinado a desaparecer. Porque en Colombia hay más de 77 millones de celulares, de los cuales al menos 39,6 millones son smartphones con conexión a internet (Fuente: Branch). Esto significa que, para David Vélez y las más de 560 Fintech en Colombia (empresas financieras digitales) cada uno de esos smartphones es una sucursal bancaria en el bolsillo. (Fuente: Galileo) Hoy más del 60% de las transacciones siguen siendo en papel. Esto representa unos altísimos costos para la banca tradicional los cuales pagamos todos los cuentahabientes en cuotas de manejo.
La digitalización de estos procesos es una vía para bajar estos costos.
Las pasarelas de pago como Nequi, Daviplata, TransfiYa, RappiPay y PSE, entre las más conocidas, han sido una oportunidad de digitalización e inclusión financiera. Pero la interoperalidad entre ellas ha sido un problema. Ninguna interactúa en tiempo real con las demás.
Por esta razón, el Banco de la República decidió copiar el exitoso modelo brasileño de pago instantáneo llamado PIX, el cual ha cambiado la cultura financiera de más de 160 millones usuarios. Nuestra versión se llamará “Bre-B“ y marcará un antes y un después en el 2025.
Esto significa que habrá una pasarela de pagos oficial para todos los bancos. Que todos comenzaremos a utilizar menos efectivo, y los pagos y recaudos podrán hacerse de manera práctica y en tiempo real. Frases tan improductivas como “¡Mándame el comprobante!“ o “hay que esperar a que se refleje“ pasarán a la historia.
El gran beneficio de digitalizar los movimientos financieros es, sin duda, la disponibilidad de datos. Si este servicio funciona como se espera, las financieras podrán acceder a información que permitirá análisis de riesgo automatizados otorgando más microcréditos a quienes necesitan capital.
Préstamos regulados de 50 o 100 mil pesos serán una realidad mucho más segura, transparente y económica, en contraste con la única opción que tienen actualmente muchos excluidos del sistema financiero: someterse al costoso, ilegal y peligroso gota a gota.
El Club ABC de Barranquilla, fundado a principios del siglo pasado por comerciantes y dirigentes políticos, es un testigo silencioso del tiempo. En sus inicios, se erigió en una majestuosa casa en pleno centro de la ciudad, un lugar destinado a ser el epicentro de las decisiones que moldearían el rumbo de la sociedad barranquillera.
Luego de varios traslados e intentos de mantenerlo vigente cerró sus puertas por varias décadas. Pero en el año 1991 fue refundado por los hijos de antiguos socios originales, en una casona republicana del viejo barrio El Prado. Una joya arquitectónica de los años 30 que conserva en sus baldosas las siglas del club: Arte, Belleza y Cultura.
Hoy, el Club ABC es un enclave exclusivo donde el buen gusto se refleja en cada rincón. Los socios disfrutan de la exquisita gastronomía del chef argentino Mario Avallone y celebran sus reuniones en salones que, a pesar de los años, mantienen el clasicismo y la elegancia que los caracterizan. Cada detalle en sus pisos, techos y paredes cuenta la historia de un tiempo pasado que se niega a desaparecer.
Pero si hay un rincón que despierta curiosidad y asombro, es su enigmática cava de vinos, cuyo origen está envuelto en misterio. Los refundadores del club relatan que, durante las obras de remodelación, un hallazgo inesperado cambió el curso de la historia de la casona. Bajo el piso del patio, un socavón fue descubierto; cuanto más cavaban, más profundo y amplio se volvía.
Lo que encontraron fue un cuarto secreto, oculto casi 5 metros bajo tierra, con dos niveles y un túnel derrumbado cuyo destino sigue siendo un enigma. Tras desalojar a los murciélagos y limpiar el moho acumulado, lo único que permanecía en pie era una robusta mesa de madera, testigo mudo de un pasado incierto.
Las preguntas no tardaron en surgir: ¿Qué propósito tenía ese sótano?
¿Por qué un túnel conducía desde allí? Los registros históricos revelan que la casa fue habitada por un alemán que llegó a Barranquilla durante la Segunda Guerra Mundial. ¿Era una bodega de armas? ¿Un refugio para un “Fürer” en fuga? Los rumores dejan más preguntas que respuestas.
Hoy, ese cuarto oculto se ha transformado en una cava donde reposan vinos exclusivos, pero la mesa sigue allí, en el mismo lugar donde fue encontrada. En ella se han sentado figuras influyentes de la ciudad y del país, degustando platillos dignos de banquetes y discutiendo el destino de una sociedad que, como el Club ABC, continúa escribiendo su historia.
El antes y después de “Sabor…”
¡Hay fiesta en la cocina!
Llegó la semana más esperada para los amantes de la buena cocina y para todos los protagonistas del sector gastronómico.
Desde el próximo jueves 22 hasta el domingo 25 por la noche. La feria gastronómica más grande del caribe abre sus puertas para que todos los Barranquilleros y sus visitantes, puedan aprender de la riqueza gastronómica de la región.
Podrán nutrirse de expertos investigadores, aprender a cocinar como las matronas de la cocina tradicional, apropiarse con técnicas de la cocina moderna. Y por supuesto disfrutar de los sabores, olores y colores de una oferta de restaurantes con un abanico de posibilidades en un solo lugar.
Hoy Barranquilla, además de ser atractiva para el turismo de negocios, tiene una gran fortaleza como destino gastronómico. Esto ha dinamizado la economía de la ciudad y ha visibilizado a un sinnúmero de cocineras y cocineros tradicionales que antes solo deleitaban con sus recetas en el patio de sus casas.
El panorama gastronómico de la ciudad ha cambiado tanto que es imposible recomendar un solo restaurante. En cada barrio y plazoleta comercial.
Hay opciones de establecimientos tan variados y exquisitos que no defraudan a ningún paladar.
Pero este éxito tiene un antes y un después. Y es el año 2008, cuando
Patricia Maestre de Celia y Martha Marcela Márquez de Dávila se les ocurrió organizar junto a un equipo de voluntarios, una feria gastronómica para recaudar fondos en favor de la Cruz Roja del Atlántico de la cual ellas hacen parte de la directiva.
Una feria modesta que inició entre amigos en un rincón del salón Jumbo del Country Club. Que año tras año se fue tomando toda la capacidad del recinto. Y se hizo tan grande que hoy hace ver pequeño el coloso pabellón de eventos del Centro de Convenciones Puerta de Oro.
Un éxito trabajado y planificado que teniendo a Fenalco como aliado y mucho después a Corferias Caribe. Ha logrado ecumbrar a la ciudad como referente nacional. Además de servir como vehículo para que diferentes entidades se dediquen a investigar y dejar registros sobre la riqueza cultural de la cocina del Caribe.
Sabor Barranquilla es un ejemplo de un modelo de negocio sostenible que genera un encadenamiento productivo del cual se benefician muchos actores de la economía local. Y por si fuera poco, le genera ingresos a La Cruz Roja del Atlántico que los reinvierte en programas de alimentación, salud y bienestar para todos los barranquilleros. Una fiesta en la cocina de la cual todos nos debemos apropiar.
El marketing “sororidario”.
Recientemente, el país entero conoció la historia de cinco “Mujeres
Brillantes” que están transformando la vida de sus comunidades con pura solidaridad y ahora “sororidad”.
La Real Academia Española define el término “sororidad” como la relación de hermandad y solidaridad entre mujeres, a fin de crear redes de apoyo que impulsen cambios sociales hacia la igualdad.
Brilla de Gases del Caribe es una marca que opera una solución financiera enfocada en el mejoramiento de la calidad de vida, la cual, a lo largo de los años y luego de varios estudios con sus clientes, encontró que era percibida como femenina.
En la búsqueda de complementar su oferta de valor y basándose en que más del 70% de sus clientes son mujeres, diseñó una campaña para visibilizar a las mujeres que, con su liderazgo y trabajo, están transformando a sus comunidades.
De ahí surge este nuevo concepto publicitario de “Marketing de
Sororidad” que, más allá de bautizarlo para sonar disruptivo, busca incentivar estrategias que las marcas adopten y apliquen con la responsabilidad que les concierne. Porque toda empresa que opera un negocio no es, ni será, exitosa por los clientes, sino para sus clientes.
El éxito de estas campañas se ve reflejado en el resultado directo: en este caso, tuvo más de 700 mujeres postuladas, y en el indirecto, afianzando los valores de la marca.
Aplaudimos a esta empresa por ir más allá de una conexión de gas, premiando y permitiéndonos conocer las historias de cinco mujeres a las cuales escogieron como ganadoras.
Ellas fueron, en el Atlántico: Lorena Díaz, una recicladora quien, junto a su esposo e hija, brinda enseñanza y alimentación a 70 niños no escolarizados en la sala de su casa; Yuranis Morales, una joven que, diariamente con su fundación, alimenta a 110 niños y brinda talleres a madres comunitarias; y Olga Caballero, quien lleva casi 30 años confeccionando y donando disfraces a niños de escasos recursos del municipio de Soledad que participan en el Carnaval de Barranquilla.
En el Magdalena: Beatriz Barrios, quien apoya a mujeres que han sufrido violencia intrafamiliar. Y en el Cesar: Lucila Barrera, quien ha dedicado su vida a apoyar a los niños que nacen con fisura labial.
El marketing o el ejercicio publicitario debe ser entendido como una herramienta que se enfoque, además de vender un servicio o producto, en mejorar la sociedad, haciendo su aporte en la construcción de tejido social, con educación y progreso económico. No solamente por una intención altruista, sino por la misma sostenibilidad del negocio.
El sábado pasado, Trump se levantó de la cama con más incertidumbres que certezas. Las noticias sobre un debilitado Joe Biden y un posible reemplazo por Michelle o Kamala en lugar de ser una ventaja para los Republicanos, acaparaban los titulares de tabloides y portales digitales, centrando la atención en los Demócratas.
Trump, un hombre siempre sediento de protagonismo, debió sentirse afectado por no estar en el centro de la opinión. Para empeorar las cosas, su agenda del día no era prometedora: reuniones rutinarias y, por la tarde, un mitin en una ciudad intermedia de Pensilvania que poco o nada debió motivarlo. Testigos dicen que llegó al recinto cabizbajo.
Después de saludar al público y mostrar su sonrisa entrenada, tomó el micrófono y comenzó su discurso. Solo llevaba unos minutos cuando se escucharon las detonaciones. Trump se quedó en silencio por medio segundo, se agarró la oreja derecha y se tiró al suelo. Inmediatamente fue rodeado por un escudo humano del servicio secreto, el recinto quedó en un inquietante silencio.
Lo que sucedió después marcó un antes y un después en la historia de las campañas políticas modernas en Estados Unidos. Decenas de francotiradores comenzaron a disparar, y no me refiero al solitario y perturbado Thomas Crooks, de quien aún no hay información sobre sus motivos, ni a los del servicio secreto vaciando sus cargadores en el cuerpo del atacante. Me refiero a los fotógrafos que persiguen un Pulitzer con cada disparo de sus cámaras.
Los micrófonos captaron a un Trump desorientado, preocupado por su zapato: “¡Déjenme coger mi zapato!”, exclamó. Luego, cuando su equipo de seguridad obligaba su salida, al ver que solo fue rasguñado por el proyectil y con la cara cubierta de sangre, su mente sagaz entendió la oportunidad histórica que se le presentaba. Rápidamente le dijo a su equipo: “¡Esperen, esperen!” y se levantó con su cabellera rubia intacta, entre el tumulto, con los labios apretados, su cara ensangrentada, alzó el puño derecho al cielo y gritó: “¡Luchen! ¡Luchen!
¡Luchen!”.
La multitud comenzó a vitorearlo, y los fotógrafos al pie de la tarima dispararon la imagen que se convertirá en la estampa política más difundida, recordada y venerada por la sociedad republicana moderna.
Con esa fotografía, dificilmente habrá campaña de Biden, Obama o Kamala que la supere. Trump será olvidado como evasor de impuestos, filtrador de información, corrupto y adúltero, para ser postulado como héroe de la patria.
El sentido patriótico republicano, guerrero, belicista y balístico americano se ha alzado y consolidado. Trump fue disparado a la presidencia.
Quienes acostumbran a leerme sabrán que tengo una obsesión con los temas ambientales y tecnológicos. Al igual que muchos, sufro cuando voy a la playa o al río y veo basura flotando. Me indigno cuando las empresas no cumplen con sus compromisos de responsabilidad social y ambiental. Y me da un tic nervioso cuando veo a alguien soltando un empaque plástico al viento.
Desde hace un par de años, me he unido a personas con mi mismo tic nervioso-ambiental. Hemos tenido encuentros creativos para visibilizar una problemática que parece invisible para muchos gobernantes, empresarios y la sociedad civil.
Una de estas maravillosas personas es una vieja amiga a la cual admiro por su profunda devoción al Río Magdalena y a su amado Puerto Colombia.
Me refiero a Hortensia Sánchez, una compañera de esas con la que, después de hablar de temas profundos, sientes que te vuelves mejor persona.
Con ella me senté hace un par de años, y mientras hablábamos sobre la poca preocupación que muestra la sociedad sobre la problemática de las basuras en el río, se nos ocurrió utilizar la tecnología para tener pruebas fehacientes de un postulado: la basura que se lanza al río en el interior del país llega hasta las playas de Puerto Colombia.
Este tema quedó como una iniciativa a la que le estamos buscando una “acabativa“ que necesita de apoyo gubernamental y empresarial. Mientras tanto, me propuse ejecutar una prueba piloto.
En una reciente travesía por el río, cuando estábamos cruzando bajo el puente de Calamar, con la convicción de estar ejecutando una prueba técnica que busca un bien común, saqué de mi bolsillo un dispositivo de localización GPS que utilizo para encontrar las llaves de mi carro. Lo metí en una botella plástica, la cual cerré herméticamente y, luego de pedirle perdón al mismísimo Mohán, la lancé a las aguas del río.
Este dispositivo casero solo es rastreable cuando un teléfono celular equipado con la misma tecnología (Airtag de Apple) se encuentra cerca.
Me sentí iluso por pretender que el dispositivo flotando por las aguas se topara con algún pescador, poblador o navegante que portara un teléfono con la misma tecnología.
Sabía que era difícil que durante los kilómetros de río el dispositivo enviara una señal. Pero confiaba que al llegar a Barranquilla, alguien en el malecón rebotara la señal.
Y así fue. El pasado domingo el dispositivo reportó ubicación frente al “Caimán del Río” y más tarde en Bocas de Cenizas, cerca de la vía del nuevo tren turístico.
Solo me queda esperar que llegue a la playa de Puerto Colombia, lo cual calculo será en los próximos días. Confío en que algún turista reporte el destino final de la basura náufraga con propósito, logrando comprobar la prueba piloto de nuestro proyecto.
El Estados Unidos futbolero de hoy no es el mismo de hace 30 años, cuando albergó la Copa Mundial del ‘94. Aunque ahora se juega mucho más, todavía no es una sede que se viste de fútbol en cada rincón como pasaría en cualquiera de los países del sur del continente.
Primero, porque es un país muy diverso, y segundo, porque no tiene historia con la redonda. Empezando porque en USA, el once contra once no pudo llamarse como en todo el mundo. Cuando dicen fútbol, mientras al resto se nos dibuja una pelota pecosa en la cabeza, para ellos es un ovoide naranja debajo del brazo.
Pero el país del Tío Sam, cuando quiere algo que no tiene, lo compra.
Y del libro de la historia del fútbol mundial ya ha comprado varios capítulos. El primero fue en 2007, cuando adquirieron los derechos de David Beckham con jugosos contratos publicitarios para él y su mediática esposa. Al astro inglés al comienzo le costó adaptarse, pero pronto entendió que su papel no era el de meter goles, sino el de iniciar un negocio.
Y mientras del otro lado del charco nos reíamos de tan ridículas apropiaciones, ellos invirtieron en entrenadores, construyeron campos en colegios y universidades.
Crearon un laboratorio social en el cual mezclaron lo mejor de la pasión por el juego y le restaron al machismo y la violencia de las barras. Una fórmula que dio como resultado una semilla transgénica de fútbol que llamaron Soccer.
Un deporte que juegan en campos de entrenamiento niños y niñas por igual, sin discriminación de géneros ni razas. Un fútbol mucho más técnico que agresivo. Más amigable con las familias que compran las boletas para ir a los estadios, y mejor mercadeado para hacerlo atractivo para las marcas que buscan nuevos nichos de consumo.
Y fue el mismo Beckham el que escribió el otro gran capítulo en esta historia. Con la astronómica contratación de Messi y sus amigos, logró desplazar de los roperos de todo el mundo la camisa blaugrana de Barcelona por un impensado jersey rosado.
Hay puristas que acusan a Estados Unidos de estar traicionando la esencia del fútbol, pero vivimos otras épocas. Y hay que agradecerle al Soccer que hoy haya muchas más niñas queriendo jugar fútbol sin que nadie las mire extraño. Y muchos más padres orgullosos de sus hijas cuando meten un gol.
Para la tranquilidad de los tradicionalistas, estamos a punto de comenzar la fiesta del fútbol. Y después de ver las noticias en los medios estadounidenses, estoy convencido de que, más temprano que tarde, dejarán de llamarlo Soccer, ya que los referentes sudamericanos que están haciendo historia en suelo gringo “juegan al fulbo’ y no al zoke’”.
“AMAr” al Río
Hace unas semanas la vida y el Río Magdalena me unieron, como lo hacen sus aguas en el delta cuando llegan al mar, con un ser de otro mundo.
Bueno, sin caer en vicios literarios, por cuestiones de negocios en una oficina de la vía 40 con vista al río, conocí a una persona nativa de una isla lejana de donde solo hay unos 7 mil habitantes quienes además de preservar un tesoro cultural de la humanidad, son personas que tienen una conexión natural y ancestral con los mares y ríos de nuestro planeta. Me refiero a la isla “Rapa Nui”, más conocida como “Isla de Pascua”, ubicada al sur del pacífico en el mar de la Polinesia.
Pero más que la procedencia exótica, lo que me impresionó fue su conexión genuina y fantástica con el Río Magdalena, sus pueblos, su historia, su cultura.
Siento un poco de vergüenza cuando conozco extranjeros que se admiran por nuestro río y ven todo el potencial comercial, turístico y cultural que corre por sus aguas. Mientras la mayoría de los colombianos lo tenemos abandonado en el patio de atrás.
Hablar con él me recordó a Wade Davis, autor del libro “Magdalena
River”, investigador y escritor canadiense apasionado por los ríos del mundo, pero evidentemente enamorado del gran Río. Wade se aventuró durante varios años en una travesía por sus aguas desde su nacimiento en el Páramo de las Papas hasta Bocas de Cenizas, narrando con una escritura exquisita la historia de Colombia teniendo al río como protagonista.
Hace unas semanas mi nuevo amigo continental me invitó a una de sus travesías, lo que para él era una jornada normal, para mi fue toda una aventura.
Pude ver con mis propios ojos, respirar y sentir la grandeza de nuestra naturaleza. La belleza de sus pueblos con sus iglesias mirando al río.
Los pescadores en sus faenas, las aves volando en batido, las babillas con la boca abierta cazando mariposas, pero también la erosión de sus costas que ponen en peligro de inundación a sus habitantes, las manchas aceitosas en el agua de vertimientos ilegales, botellas, icopores, bolsas y hasta chancletas que recorren kilómetros flotando en un viaje de desgracia.
Con el atardecer llegamos a Mompox, mientras atracábamos en el muelle, el naranja del cielo y el dorado del sol pintaban las cúpulas de sus majestuosas iglesias, sentí un aire de esperanza. Gracias a este ser de otro mundo y los innumerables extranjeros que se atreven a descubrir la Colombia profunda. Muy pronto AMAremos tanto a nuestro río, que seremos más conscientes y lo aprovecharemos como lo hicieron nuestros ancestros.
Se cumplieron 25 años desde que el Ministerio de Cultura declaró al centro histórico de Barranquilla “Bien de Interés Cultural”. La resolución 1614 de 1999 firmada durante el gobierno de Pastrana y la alcaldía de Bernardo Hoyos, marcó el inicio de un largo y espinoso proceso de recuperación.
El centro de Barranquilla comenzó a construirse en el siglo XVII como epicentro de desarrollo portuario fluvial, industrial, comercial y turístico. Fundado en arquitectura republicana como símbolo de modernismo distanciándose de una Cartagena colonial. Fue epicentro de innovación con calles pensadas para transitar vehículos con motor y no a caballos. Vanguardista en el arte con vitrales, mosaicos y murales. Y soñador con un cielo surcado por los primeros aviones del continente.
Así como éstos hay muchos otros ejemplos de un progreso que hoy se oculta tras una invasión descomunal de cortinas de hierro, carteles y tenderetes que invadieron la otrora grandeza de un símbolo de progreso nacional.
Han sido varios los alcaldes desde entonces, algunos con más y otros con menos interés por revivir la grandeza del centro. Pero luego de todos estos años, comenzamos a ver una luz dorada de esperanza que se asoma desde el río en cada amanecer.
Las Batatillas que inspiraron a Estercita Forero están volviendo a florecer entre los tejados. Las terrazas de los edificios se están redescubriendo con la reubicación de los comerciantes. Las almas vagabundas que deambulan por sus calles están siendo desplazadas por la alegría de las familias que están retornando a donde todo comenzó, para construir sus proyectos de vida en el corazón de la ciudad que vuelve a latir con fuerza.
Vivir en el centro hace unos años no era una opción para la mayoría de los barranquilleros, pero hoy, con toda la transformación que se está viviendo, es una realidad.
Porque las viviendas usadas y nuevas están destinadas a valorizarse exponencialmente así como sucedió en el centro histórico de Cartagena, en el de Santa Marta y en los de todo el mundo.
En cambio, las opciones actuales de crecimiento de vivienda está obligando a los barranquilleros a mudarse por fuera de Barranquilla. En ciudadelas alejadas de los centros urbanos, obligando a la gente a estar más tiempo en un transporte para ir a estudiar o llegar al trabajo. En vez de tener más tiempo libre en familia.
Por eso volver al centro se vuelve una oportunidad para los que quieren ser parte de la historia de la ciudad. Y ser testigos de un renacer urbano, aprovechando todas las ventajas de cercanía y economía que este ofrece.
Las madres de los “Hijue’madres“
La ciencia ha estudiado ampliamente los sentimientos de las madres hacia sus hijos. Y todo lo que una madre entrega en amor, en sufrimiento, ejemplo, formación, sacrificio y templanza por su hijo o hija. Forjando la personalidad de los que habitamos y construimos una sociedad.
Haciendo una interpretación literaria de las personalidades de los hijos que se han visto influenciados por sus madres, encontramos los “hijue’wendys”. Estos son aquellos que nunca han madurado debido a madres que padecen el “Síndrome de Wendy”. Inspirado en el personaje de la novela “Peter Pan”, escrita el siglo pasado por el escocés James Matthew Barrie. Son madres que sobreprotegen y causan que sus hijos vivan siempre en el ‘Nunca Jamás’.
Los “Hijue’bovaristas”. Son los frívolos y antipáticos que crecieron sin conocer el amor persistente de una mujer que sufre del síndrome de ‘Madame Bovary’. Descrito según los rasgos del personaje creado por el novelista francés del siglo XIX, Gustave Flaubert. Mujeres implacablemente obsesivas que nunca encuentran paz por idealizar relaciones, priorizando a sus parejas y relegando el amor de sus hijos.
Los “Hijue’medeas”, son las personas que crecieron sin la presencia de una madre, inspirado en ‘Medea’, personaje macabro de la novela trágica del poeta griego del siglo V a.C. Eurípides. Una bruja que mata a sus dos hijos por venganza contra su esposo.
Y están los “Hijue’úrsulas”. Son personas formadas con amor y carácter de madres dedicadas, independientes, autoritarias pero a la vez generosas. Inspirado en el personaje ‘Úrsula Iguarán’ de la novela de Gabriel García Márquez ‘Cien Años de Soledad’. Una matriarca que prioriza siempre el bienestar familiar.
Existen muchos arquetipos en la literatura y el cine que encarnan los sentimientos de una madre hacia sus hijos. El amor de una madre es un regalo que recibimos, el cual nos compromete a cuidar y no defraudar.
Ningún hijo que haya recibido amor querrá defraudar a su madre. Sería una traición a su confianza y devoción.
Por eso no me explico por qué en nuestra sociedad hay tantos
“Hijue´madres”.
Si cada persona antes de matar, robar, insultar, engañar, sobornar, corromper, abusar, violentar, amenazar, disponer de recursos públicos para comprar senadores, engañar al pueblo, mentir para dividir y rasgarse las vestiduras cuando tienen rabo de paja. Si tan solo antes de cada uno de estos vejámenes pensaran en sus madres y en sus sentimientos, tal vez tendríamos una mejor sociedad.
La ciudad está sumida en el caos: las calles rebosan de marchas, la gente protesta porque las tiendas están cerradas y no pueden adquirir alimentos. Con la mirada perdida entre el dolor y la frustración, una mujer envuelta en una bandera corre hacia la montonera estallando en el inicio de una escena que nos insta a reflexionar sobre el peligro de la involución de una sociedad polarizada, mal informada, herida y desesperada.
Aunque no refleja la realidad actual, bien podría hacerlo; aunque no se sitúa en Colombia, la trama se vuelve palpable. Hablo de “Civil War”, el más reciente estreno de Alex Garland, un director-escritor futurista con varios éxitos de taquilla a sus espaldas. La cinta ha generado un gran revuelo mundial al plantear una guerra civil en Estados Unidos, cargada de una realidad cruda, narrada desde la perspectiva de fotoperiodistas que buscan la noticia disparando sus cámaras en las escenas más duras del ‘cinéma verité’ contemporáneo.
Por otro lado, en Colombia, la masiva movilización de los sectores de oposición del pasado domingo 21 de abril marcó el inicio de una batalla de marchas que recibirá respuesta por parte del oficialismo el próximo 1 de mayo. Si el gobierno, las autoridades y la sociedad civil no moderan el tono de las protestas, podríamos estar iniciando lamentablemente una película de la degradación de nuestro país.
El presidente, elegido por la mayoría del pueblo, tiene el deber de legislar escuchando y logrando acuerdos con la oposición. Del mismo modo, los opositores deben respetar la legitimidad del gobierno y abandonar cualquier iniciativa de rebelión. De lo contrario, caeremos en una trama de odios y rencores que nos pondrá en un conflicto de todos contra todos.
La trama de nuestra película, no la del cine, está llegando al clímax de la historia. En este caso, el protagonista principal trata de sofocar la expresión popular de la oposición, cegado por lo que prefiere ver y ensordecido por el ruido del coro de aplausos que lo rodea. Y por el otro lado, los antagonistas se aprovechan de las indignaciones sociales, algunas provocadas por este gobierno y otras por administraciones anteriores de ellos mismos. Pero saben que al agitar la opinión desinformada aumentarán su caudal electoral.
Mientras tanto, la gente sigue enfrentando los mismos problemas, viendo cómo la solución a los problemas fundamentales se enredan en una batalla en la que el pueblo es el soldado del pelotón. No caigamos en la trampa de la “Guerra Civil” de la opinión.
Hace 30 años, la agrupación Maná dominaba las listas musicales con esta canción que hoy resuena irónicamente en los bolsillos de los costeños: “¿Cómo quisiera poder vivir sin aire...? Pero no puedo, siento que muero. ¡Me estoy ahogando…!“ Hoy en día, las empresas Aire y Afinia ocupan el primer lugar en el ranking, pero no precisamente por la admiración ciudadana. Las elevadas facturas y su constante aumento, directamente proporcional a la injusticia tarifaria, junto con la ola de calor que nos obliga a mantener encendidos los ventiladores durante más tiempo, han llevado las conciencias de los caribeños a un punto de ebullición, con suficiente temperatura como para hervirnos en la misma olla.
Este año, las diferencias políticas entre izquierda y derecha nos han dividido, pero Aire y Afinia nos mantienen unidos marchando por el mismo propósito. Es una protesta donde son bienvenidos tanto los justos como los pecadores, y hay bastantes de estos últimos levantando la bandera contra la injusticia tarifaria. Sin embargo, cuando estaban en el poder, no alzaron la voz y permitieron que nos impusieran un mico legal, autorizando a las empresas a cobrarnos las pérdidas técnicas por el robo de energía.
Los agravantes del problema de la sostenibilidad económica en el servicio de energía viene de mucho tiempo atrás. Las condiciones climáticas y la salinidad del ambiente exigen un costoso y constante mantenimiento de las redes. El gobierno nacional cobra el kilovatio con la misma fórmula tarifaria que en otras regiones, sin considerar que aquí, en el Caribe, nuestro consumo promedio es más alto. Además de la cultura del no pago y el robo de energía que nos enferma como sociedad.
Son algunos de los factores que los involucrados en este conflicto no hemos sabido manejar.
Sin embargo, es algo que debemos solucionar. Y esto se logra si todos colaboramos.
Si nuestros representantes políticos nos defienden y logran bajar o eliminar los cobros adicionales de tasa de seguridad y alumbrado público, si el gobierno interviene a conciencia, si la Superintendencia de Servicios Públicos hace su trabajo y se dedica a defender a los usuarios, si la empresa prestadora comienza a aportar y no a amenazar, y si nosotros, los usuarios, nos concientizamos de que la energía debe pagarse y cuidarse. Seguramente, nuestra región y nuestros bolsillos podrán seguir respirando.
La invitación es a que este jueves, todos marchemos en las principales ciudades de la costa, sin diferencias políticas, exigiendo una #TarifaJustaYa.
Paco y Paca se conocieron en la góndola del supermercado. Fue muy temprano en la mañana cuando el surtidor decidió por el precio y categoría ponerlos frente a frente.
Aunque ella vestía de verde limón y él de rojo tomate, compartían el mismo tamaño, la misma tabla nutricional y hasta los sellos negros de advertencia.
Durante toda la mañana solo se miraron deseando estar juntos.
La suerte les llegó por la tarde, cuando un par de jóvenes regordetes los arrebataron de la góndola, los llevaron hasta la caja registradora y luego de timbrar sus códigos de barra, fueron a parar a la misma bolsa.
Paco quedó encima de Paca reposando sobre un pan de almohadilla. Con el vaivén del transporte sus empaques crujieron de felicidad mientras rozaban sus marcas una con la otra.
Cuando volvieron a ver la luz estaban en un parque sobre un mantel de cuadros. Disfrutaron de la brisa y vieron pasar el sol entre las ramas de los árboles que bailaban con el viento.
A la hora de la merienda les llegó su momento, fueron tomados entre manos y con un apretujón explotaron dejando salir todo lo que llevaban dentro. La frescura que conservaban fue entregada bocado a bocado.
Después del éxtasis de colorantes y conservantes liberados, la primera etapa de sus vidas útiles había concluido. Solo les faltaba llegar a una caneca para que fundieran sus almas en un horno de reciclaje y así transformarse, juntos, en algo nuevo que les siguiese dando sentido a sus vidas.
Pero no fue así. Luego de ser manoseados los lanzaron al suelo. Con el corazón arrugado cayeron sintiendo el vacío de sus vidas. La brisa que antes disfrutaron ahora era una pesadilla. Paco fue absorbido por un torbellino de hojas secas y luego de interminables vueltas quedó tirado junto a un poste. Paca fue pateada, pisoteada y arrastrada por almas insensibles que corrían por el camino.
Un niño que acababa de leer en el colegio un libro de Celso Román, haciendo consciencia del cuidado del medio ambiente tomó a Paca con su traje verde limón por una punta, con el cuidado de no ensuciarse la llevó hasta la caneca azul junto al poste.
A pocos metros Paco, de rojo tomate, sucio y rasgado, alcanzó a verla entrar en el bote de basura y se alegró. Al menos ella tendría una segunda oportunidad en el relleno sanitario.
Hoy nada se sabe de Paco, podría estar deambulando al frente de una casa, en alguna esquina junto a otros desechables, o peor, ahogado en el río navegando hasta un mar de basuras.
Esta historia no tiene final feliz, ni siquiera debería ser contada, sino reciclada.
Basura Naúfraga
Caminar por las playas del Atlántico además de un disfrute de brisa fresca y atardeceres dorados, la acumulación de basuras enredadas en palos y tarulla, convierte lo que debería ser un plácido paseo en una carrera de obstáculos.
La Triple A, en una reciente investigación que realicé, me contó recoge un promedio de 300 toneladas mensuales de basura orgánica e inorgánica que cada día amanece en el litoral del municipio de Puerto Colombia.
¡Qué cochina que es esta gente, destruyen su propio patrimonio! Exclamó con indignación un amigo cachaco que me escuchó la historia.
Si bien es cierto que en materia de cultura ciudadana todavía tenemos mucho que aprender, la indignación de mi amigo debería ser propia.
Durante la caminata me propuse analizar la basura que encontraba. Y entre chancletas raídas enredadas en taruya muerta, lo que sobresalía era empaques de mecatos, envases plásticos y latas. Muchas de ellas, con marcas que no se venden en nuestra región.
El Río Magdalena tiene una longitud de 1.525 kilómetros, de los cuales 886 son navegables, atraviesa Colombia de sur a norte. Y a sus aguas van a parar casi todos los alcantarillados, desechos industriales y botaderos ilegales de basura. Según un estudio del “Observatorio del Río Magdalena de la Universidad del Norte”, puede arrastrar hasta 900 toneladas continuas de residuos flotantes a una velocidad de 2 metros por segundo. Esto significa que una botella arrojada en el Río Bogotá, en menos de una semana podría aparecer atollada en el flamante nuevo muelle de Puerto.
¿Cómo es posible? Me preguntó mi amigo cachaco.
La respuesta exacta me la dio un ingeniero hidráulico-ambiental, el río arrastra la basura que viaja desde el interior dejando una estela de desgracia en todas las cuencas. Y la que se desprende y logra seguir su curso, llega hasta Bocas de Cenizas. Al enfrentarse a las corrientes del Mar Caribe, es arrastrada la mayoría hasta las playas de nuestro departamento.
La indignación de mi amigo debería ser colectiva, tenemos una culpa compartida que merece nuestra atención urgente. Invito a todos los colombianos a que elevemos la voz y clamemos por nuestro río. Los que vivimos junto a él en su desembocadura y los que viven río arriba.
Estamos contaminando el agua que bebemos y nos bañamos. Estamos ensuciando el azul de nuestra bandera, tenemos en el descuido y en el olvido la arteria principal de progreso y desarrollo de la nación.
¡La evolución de los bacanes!
Coincidiendo con los 25 años de una inmensa investigación para televisión titulada “Bacanería, un Estilo de Vida”. Nace en Barranquilla un nuevo movimiento que pretende darle un mayor alcance a la filosofía bacana que el director, guionista, profesor y excolumnista de esta casa editorial, Hugo Gonzáles (qepd) junto a su equipo de investigación documentaron.
Gonzáles se convirtió para su generación en un “Sócrates” de los bacanes, sembrando en sus alumnos la semilla filosófica de la Bacanería Planetaria. Buscando promover la alegría y el optimismo, el respeto ante las diferencias, la admiración por la cultura y el pensamiento libertario.
Sin estos postulados, los cuales pude aprender de primera mano siendo alumno del profe Hugo, como inmigrante recién aterrizado en el caribe, no hubiese podido entender la razón o el sin razón de esta sociedad.
Hoy me uno a la fundación de los “Baqanes”, un movimiento ciudadano libre y espontáneo, sin política ni religión, sin estratos sociales, sin géneros musicales, sin identidades sexuales y sin discriminación. Una convocatoria a todos los barranquilleros que buscan contagiar y promover la cultura “Baqana”.
Estamos en un momento histórico de protagonismo nacional y está en nuestras manos aprovechar esta vitrina para mostrar lo que realmente somos. Unos “Baqanes” que desde las expresiones culturales contagiamos y promovemos la cultura ciudadana.
Únete! Los “Baqanes” son fáciles de reconocer, porque cada vez hay más, los ves cuando vas por la calle y aunque no te conozcan te saludan. Son los que esperan el verde del semáforo para arrancar, a menos que haya otro “Baqán” cruzando por la cebra. Los que esperan y no pitan para no molestar. Los que respetan las señales de tránsito. Los que no se vuelan la fila. Los que ceden el puesto a los abuelos, niños de brazos y embarazadas en el bus. Los que llevan la bolsita en el bolsillo esperando encontrar una caneca para tirar la basura. Los que no dejan que se vuele el vaso o el icopor cuando están en la playa, en el parque o en el río. Los que ayudan al que ven desorientado y los que devuelven a su dueño lo que encuentran perdido.
Me uno porque esta “Baqanería” está “Baqana”. Porque los alcaldes, gobernadores y presidentes se van cada cuatro años. Pero los que quedamos aquí somos nosotros los ciudadanos.
De pronto ya eres un “Baqán” o “Baqana” y no lo sabías. Ahora que ya lo sabes, promuévelo. Seguro tienes un amigo, vecino o conocido, que necesita ser “Baqanizado”.
Encuéntranos muy pronto en redes: @Baqanes
Desfile de “Batalla de Marcas”
Después de varios años que no caminaba la Batalla de Flores, este carnaval me fui con el dedo en el obturador listo para disparar mi cámara y capturar la tradición. ¡Vaya decepción!
Ni dando brincos de Marimonda logré una toma limpia, no hubo encuadre que se salvara de una valla publicitaria con marcas que en vez de adornar, van es a gritar.
Esto me lleva a una reflexión con la cual quiero humildemente dar mi opinión.
Soy marketero de profesión, pero cuando se trata de diseñar un patrocinio para una fiesta de tradición, existe una línea que como profesional no se debe cruzar. Las marcas deben apoyar, pero no ensuciar.
Este ejercicio de control es urgente de reglamentar en nuestro carnaval.
Soy amigo de la casa, entiendo y he vivido el desespero por lograr una venta comercial para apoyar a los grupos folclóricos, los artistas de las carrozas, los gestores que con tanto esfuerzo hacen que el carnaval siga vivo.
Porque es verdad, el carnaval es costoso, me consta. Y el apoyo de las marcas es crucial para que la fiesta se siga haciendo.
Pero ¿hasta qué punto estamos dispuestos a convertir una muestra artística en una suerte de pasquín publicitario?
Si bien son muchísimos los eventos de carnaval, no nos digamos mentiras, la Batalla de Flores es la joya de la corona, el desfile en el que todas las marcas quieren estar. Y son esas estampas de este desfile las que recorren el mundo entero, las que publican todos los medios y las que llegan a millones de cuentas de redes sociales. Es este desfile el que más debemos cuidar, porque si en esas imágenes lo que se aprecia en vez de un patrimonio cultural es un carnaval pero de marcas, perderemos nuestra esencia y canibalizaremos nuestro propio producto.
Esto me lleva a la siguiente opinión…
En primer lugar, las marcas y las agencias de publicidad, debemos hacer un pacto por el respeto a la tradición. Participar en un desfile de carnaval no es una estrategia transaccional sino de posicionamiento. Es decir, uno no participa en un desfile con la intención de vender, sino de mostrar la marca de una manera acorde al momento, con respeto, pero sobretodo, con buen gusto.
Y en segundo lugar, propongo declarar la Vía 40 libre de vallas publicitarias. Sin cenefas y sin publipostes. Que los patrocinios de marca sean carros móviles que funcionen como separadores de bloques de desfiles. Los que tengan más presupuesto hagan sus trailers y bajo supervisión hagan el ruido de marca que quieran, pero que para el espectador sea un disfrute (o un esperpento) pasajero.
La exposición de marca en los palcos que sea hacia dentro, controlar aún más el merchandising que se reparte, procurar que sean elementos que no vuelen y que no ensucien la vía. Además, comercializar las boca-calles como zonas de experiencia al mejor estilo de las “fan fest” de los mundiales de fútbol.
Si logramos hacer un pacto y ayudamos a los organizadores a implementar nuevas reglas de participación en la Batalla de Flores, despejaremos visualmente el desfile y podremos tener estampas para recordar la Batalla de Flores como lo que debe ser, una muestra artística y no publicitaria.
Desfile de “Batalla de Marcas”
Después de varios años que no caminaba la Batalla de Flores, este carnaval me fui con el dedo en el obturador listo para disparar mi cámara y capturar las muestras de tradición.
Ni dando brincos de Marimonda logré una buena toma limpia para enmarcar, no hubo encuadre que se salvara de una valla publicitaria con varias marcas que en vez de adornar, fueron a gritar. Esto me lleva a una reflexión con la cual quiero humildemente dar mi opinión.
Soy marketero de profesión, pero cuando se trata de diseñar un patrocinio para una fiesta de tradición, existe una línea que como profesional no se debe cruzar. Las marcas deben ir a apoyar, enaltecer y aportar, pero no a ensuciar.
Soy amigo del carnaval, entiendo la necesidad y he vivido el desespero por lograr una venta comercial que apoye a los grupos folclóricos, los artistas de las carrozas, los gestores que con tanto esfuerzo hacen que el carnaval siga vivo.
Porque es verdad, el carnaval es costoso, me consta. Y el apoyo de las marcas patrocinadoras es crucial para que la fiesta se siga haciendo.
Pero ¿hasta qué punto debemos tolerar que una muestra artística se convierta en una suerte de pasquín publicitario?
Si bien son muchísimos los eventos de carnaval, no nos digamos mentiras, la Batalla de Flores es la joya de la corona, el desfile en el que todas las marcas quieren estar. Y son esas estampas de este desfile las que recorren el mundo entero, las que publican todos los medios y las que llegan a millones de cuentas de redes sociales. Es este desfile el que más debemos cuidar, porque si en esas imágenes lo que se aprecia en vez de un patrimonio cultural es un carnaval pero de marcas, perderemos nuestra esencia y canibalizaremos nuestra fiesta cultural.
Las marcas y las agencias de publicidad, debemos hacer un pacto por el respeto a la tradición. Participar en un desfile de carnaval no es una estrategia transaccional sino de posicionamiento. Es decir, las marcas en los palcos, postes, afiches, vallas y pendones que se exponen en el desfile deben ser sobrias y estar dirigidas hacia el público y no hacia los danzantes.
No voy a señalar a quienes lo hicieron mal, pero me parece importante destacar a quienes lo vienen haciendo muy bien desde hace muchos años, porque conocen, apoyan y respetan la fiesta cultural. Promigas, Gases del Caribe, Brilla, Tebsa, Bancolombia, Petromil, Finsocial, SuperGiros, Fundación Santodomingo, Cámara de Comercio entre otros.
Este es un llamado a cuidar nuestro patrimonio, porque si no, dejaremos de disfrutar una Batalla de Flores y nos aburrirán con una batalla de marcas.
ESCENA 1.
EXT. - NOCHE / CALLE AL NORTE DE BARRANQUILLA / JUNIO DE 1995
Por una calle oscura vemos una pareja de adolescentes que caminan tomados de la mano, al fondo hay una camioneta “Machito” estacionada con las luces encendidas. Nada parece anormal, una noche tranquila y calurosa como cualquiera. De repente los grillos dejan de chirriar, el ruido de un motor de un carro que viene acelerando irrumpe en la escena.
Derrapa bruscamente junto a la camioneta, un hombre baja, cruza dos palabras con el conductor que estaba estacionado, saca un arma y le dispara hasta vaciar su cargador. El carro misterioso sale de la escena con la misma velocidad en que llegó.
Luego de unos segundos, cuando el silencio vuelve a reinar. La pareja que se había escondido detrás de un árbol se acerca. Ya están ahí otros vecinos curiosos que presencian cómo la víctima se ahoga en su propia sangre que brota por los orificios que quedaron en su cuello. Uno de los vecinos, aparentemente conocido del occiso se lleva las manos a la cabeza y grita desgarradamente: “Quebraron a Come’gato”
Esta escena no sale en la serie “Griselda”, pero me atrevería a asegurar que es la escena de narcotráfico más desgarradora que le ha tocado vivir a su protagonista Sofía Vergara. “Come’gato” era el apodo del hermano de la Toti, quien ha contado en entrevistas a medios internacionales durante el lanzamiento de la nueva narco-serie de Netflix, sobre la vida y muerte de su hermano mayor, quien estuvo una época vinculado al narcotráfico.
Hoy a “la Toti” la vemos triunfando y dando ejemplo de lo que una mujer Barranquillera con trabajo fuerte y talento puede lograr por sus propios medios. Una estrella de la pantalla grande y chica que con esta majestuosa interpretación seguramente logrará un sinnúmero de premios internacionales como reconocimiento a su trabajo actoral.
Es “otra serie de traquetos”, pero en ésta vemos el empoderamiento de dos mujeres que lucharon por salir adelante a su modo en una época que estaba destinada a ser protagonizada solo por hombres. Del lado del bien, una valiente mujer policía llamada “June Hawkins” (Juliana Aidén Martínez). Y del lado del mal, Sofía Vergara interpretando a “Griselda”, la mujer que lideró una organización criminal en Estados Unidos volviéndose la más temida entre los hombres.
Aplausos de pie para Sofía Vergara. No nos conocemos, pero me une a ella el haber estado caminando una noche calurosa de junio en 1995, con mi novia de aquel entonces, por unas calles oscuras del norte de Barranquilla. Una experiencia horrorosa que he decidido recordar en género ficción, como una escena más de otra serie de “traquetos”.
Cuando estaba iniciando este camino en la industria creativa un profesor de la universidad nos contó una leyenda urbana la cual he vuelto a escuchar con diferentes protagonistas y escenarios.
Yo se las contaré tal cual la recibí. En la mina de La Guajira los camiones que cargan las gigantes rocas de carbón que brotan de la tierra son de tamaños descomunales. Si solo las llantas superan los 4 metros de alto, imagínense lo que puede ser una pieza de su motor. Conseguir un repuesto se convierte en una tarea de mantenimiento transatlántico que puede llegar a tardar meses.
El país estaba en crisis energética y la extracción del carbón no podía darse el lujo de detenerse. Pero el camión número 6, ese que trabajaba doble turno sacó la mano. En una reunión de emergencia en la sala de juntas del presidente de la compañía acudieron el conductor, un Wayuu de ojos rasgados, y el jefe de mantenimiento, un inglés de piel colorada.
Luego de un informe de 20 diapositivas con fotografías el europeo diagnosticó: El inyector 18 requiere cambio. Justo ese, el que no estaba en el inventario y esperar el repuesto no era una solución viable.
Mientras el jefe se arrancaba los pelos, el conductor les contó de un primo mecánico de Barranquilla que seguro los podría ayudar. Después de un silencio incómodo el inglés sonrió con desdén. Pero como el presidente no quería descartar ninguna posibilidad. Ordenó traer al “Juancho”, desde el barrio con más casos de éxito en creatividad e innovación industrial de Barranquilla: “El Boliche”.
Juancho llegó al siguiente día por la mañana. Frente a la mirada incrédula del anglosajón se trepó en la cabecera del camión con una mona en la mano, es decir, un martillo gigante de los que se usan en construcción. Después de pedirle a su primo que chancleteara el motor y de escuchar toser a esa máquina descomunal, se asomó al abismo y le gritó sonriendo al colorado: Gringo! No problema! Se volvió a internar en el motor y se escuchó un martillazo que retumbó en todo el socavón de la mina. El camión arrancó inmediatamente con la misma melodía sincrónica de cuando estaba nuevo.
El inglés asombrado no musitaba palabra, solo logró decir ¿cuánto se le debe? El Juancho mientras se secaba el sudor con una toalla le dijo: Son 10 millones y 100 mil pesos. El inglés sacudió la cabeza y exclamó: ¿toda es plata por un martillazo? Y el Juancho le respondió: Nooo por el martillazo fueron 100 mil, los 10 millones fueron por saber en dónde pegar el martillazo.
En el caribe colombiano somos innovadores y creativos por naturaleza, pero los que estamos en la industria, todavía nos seguimos encontrando a los que valoran en millones a los de afuera, y al gran talento local solo se le quiere pagar los 100 mil. ¡Llegó la hora de creer en nosotros, nuestro talento vale igual que el de los demás! Compañeros, no cobremos por el martillazo, cobremos por saber en dónde pegar el martillazo.
En un escenario global de rápidos avances, Colombia no es ajena a los avances de innovación. Estos desarrollos prometen transformar la sociedad colombiana, impulsando sectores clave y mejorando la calidad de vida de sus habitantes. A continuación, destaco los 5 principales avances tecnológicos que se esperan para este 2024. 1. Tecnología 5G: Colombia se unirá a la revolución de la conectividad con la implementación generalizada de la tecnología 5G. Este avance permitirá una velocidad de navegación sin precedentes y una conectividad más estable, facilitando la comunicación entre dispositivos y propiciando el desarrollo de ciudades inteligentes y dando alcance a áreas remotas, contribuyendo a reducir la brecha digital en el país. 2. Salud Digital: El sector salud experimentará avances significativos con la expansión de la telemedicina y la adopción de soluciones basadas en inteligencia artificial. Plataformas de diagnósticos remotos y seguimiento de pacientes a través de dispositivos en línea mejorarán el acceso a la atención médica, especialmente en regiones geográficamente apartadas. 3. Agricultura Inteligente: El sector agrícola verá la implementación de tecnologías inteligentes en la producción de alimentos. Sensores conectados a internet, drones y análisis de datos permitirán una gestión más eficiente de los cultivos, optimizando el uso de recursos y reduciendo el impacto ambiental. 4. Nuevos Emprendimientos Tecnológicos: El gobierno está comprometido con el fomento de la innovación. Se espera un aumento en el apoyo financiero y regulatorio para emprendedores con proyectos de base tecnológica. Incubadoras y centros de innovación florecerán, proporcionando un entorno propicio para el desarrollo de nuevas ideas y tecnologías disruptivas. 5. Educación Digital y Realidad Aumentada: La educación se verá beneficiada por avances en plataformas digitales y herramientas de aprendizaje basadas en inteligencia artificial. La realidad aumentada se comenzará a integrar en la educación, proporcionando experiencias de aprendizaje más inmersivas y participativas. Esto no solo mejorará la calidad de la educación, sino que también contribuirá a cerrar brechas educativas entre áreas urbanas y rurales. Estos avances dependen en gran medida de la rapidez en que las instituciones educativas transformen sus modelos de enseñanza y empiecen a educar para un futuro muy diferente al que creíamos.
Nos encontramos en un momento emocionante de transformación tecnológica.
Tanto así que esta columna fue escrita con la ayuda de la Inteligencia Artificial de Chat GPT4.
Estos avances no solo impulsarán el desarrollo económico del país, sino que también mejorarán la calidad de vida de sus ciudadanos. Es fundamental que estos cambios se implementen de manera inclusiva y sostenible, garantizando que todos los sectores de la sociedad se beneficien de manera equitativa.
Pueblo Viejo y Tasajera. Un municipio y un corregimiento del departamento del Magdalena que, vistos desde el aire, parecen una cicatriz de tierra que acuchilla al mar.
De un lado, el mar abierto y furioso. Del otro, la Ciénaga Grande, con su calma enigmática. Y más atrás, la Sierra Nevada como telón de fondo.
Lo paradójico es que Pueblo Viejo y Tasajera no son recordados por su paisaje, sino por sus desgracias.
Basta atravesarlos por la carretera para que la postal cambie.
Del lado del mar la arena gris y espuma blanca de agua salada, se mezclan con aguas negras a falta de servicio de alcantarillado.
Del otro, junto a la ciénaga, se erigen casas entre barricadas de basura que no son destinadas correctamente, ni tampoco recolectadas dignamente.
Si bien generalizar es quitarle mérito a quienes se han ocupado por construir sus casas y vivir dignamente.
Cierto es también que el paisaje que otrora inspirara a Gabriel García Márquez para pintar con palabras sus novelas más emblemáticas, se esconde detrás una gran desgracia a cielo abierto.
En la memoria colectiva, el nombre de Tasajera va atado a la tragedia.
El camión cisterna que explotó en llamas, las decenas de cuerpos calcinados, la codicia y la pobreza retratadas en un solo instante.
Para los que pasan seguido entre Barranquilla y Santa Marta, Pueblo
Viejo es visto como un estorbo. La posibilidad de quedar atrapados horas en un trancón porque la comunidad decidió cortar la vía, es una lotería de la cual se tienen muchos boletos.
Claro, juzgar desde la comodidad de un carro que va por la carretera con el vidrio arriba, pasando rápido y mirando la desgracia de otros desde el espejo retrovisor es muy fácil.
Hay que detenerse para entender la real problemática.
Son pueblos abandonados en el tiempo, sí, pero no por eso condenados al olvido.
Porque en la historia de estos pueblos también hay grandeza.
Pueblo Viejo fue fundado en 1526, mucho antes que Barranquilla o Santa Marta se consolidaran.
La Ciénaga Grande no es agua estancada. Es agua dulce mezclada con sal del mar y la resiliencia de nuestra historia. Es el humedal más grande de la región que se nutre del Río Magdalena. Es reserva de biósfera, cuna de peces y aves que sostienen la vida de miles de familias.
Y Tasajera, es un testimonio de cómo se puede vivir en el filo del agua y la tierra.
Si algo hay allí, es resistencia.
Eso fue precisamente lo que hizo la Fundación Gases del Caribe al pasar entre el mar y la ciénaga. Detenerse y no seguir de largo.
Encontró a una comunidad cansada de estigmas. Pescadores que llevan generaciones dependiendo de la ciénaga. Gente anfibia, mitad tierra, mitad agua. Orgullosos de una cultura que sobrevive a pesar de todo.
Entonces vino la intervención.
Primero, con un diagnóstico minucioso de problemática y oportunidades: turismo, oficios, residuos…
Después, las acciones concretas.
El parador turístico, por ejemplo, ya no es solo un muelle improvisado.
Hoy además de restaurante es la puerta de entrada al universo paralelo de Nueva Venecia y Buenavista. Los pueblos palafitos que flotan dos horas adentro, donde la vida se sostiene sobre pilotes y la tradición vibra en cada jornada.
El viajero que se atreve a detenerse y adentrarse en este mundo se encuentra con un paisaje de espejos infinitos, con aves cruzando el horizonte y con comunidades que ofrecen algo más que folklore: ofrecen su dignidad.
La fundación también encontró un marcado liderazgo femenino. Mujeres que no aceptaron seguir cargando con la miseria como destino. Con apoyo y formación, hoy son artesanas que convierten zunchos plásticos en bolsos, canastos y adornos.
Cada pieza es distinta, con colores vivos y diseños que nacen de la imaginación colectiva.
No son artesanías de vitrina para turistas distraídos, son un testimonio viajero de una cultura ancestral que quiere contar su verdadera historia.
El problema de la basura, uno de los más visibles, se atacó desde la raíz.
Lo que antes terminaba en las calles y en la ciénaga hoy se recicla y se convierte en materia prima.
De ahí nacen muebles de madera plástica, resistentes a la humedad y al tiempo. También bandejas multicolor, productos con diseño que podrían estar en cualquier mesa de una casa.
Quien los ve no imagina que esa pieza elegante salió de lo que alguna vez fue desecho.
Y los resultados no tardaron en sentirse.
En Pueblo Viejo y Tasajera la basura ya no es solo un desecho que va a parar a la puerta de sus casas. Es ingreso, es oficio, es símbolo de cambio.
El turismo ya no es solo un carro que pasa rápido. Es una oportunidad para que el viajero se quede, conozca y se lleve una historia.
Las mujeres ya no son invisibles. Son protagonistas de un movimiento que transforma.
En mi última visita ya no sentí miedo a quedarme atrapado en la carretera.
Al contrario, me dieron ganas de regresar con mi familia. De montarme en una lancha con un guía local y perderme en ese espejo infinito de agua.
De sentarme a conversar con un pescador que habla con la misma naturalidad del bagre, del bocachico y de la luna que marca la marea.
De llevarme a casa un bolso o una bandeja hecha con la paciencia de mujeres que se niegan a rendirse.
Pueblo Viejo y Tasajera todavía tienen heridas. No se borran de un día para otro las marcas de la pobreza, el abandono y el estigma.
Pero la diferencia es que hoy hay un relato distinto en construcción.
Uno que no habla solo de desgracias, sino también de dignidad.
Uno que dice: aquí hay belleza, aquí hay cultura, aquí hay futuro.
Porque cuando dejas de ver a un pueblo como problema y empiezas a verlo como oportunidad, todo cambia.
Y eso, precisamente eso, es lo que la Fundación Gases del Caribe y sus aliados están haciendo. Que pasen cosas buenas entre la ciénaga y el mar de Pueblo Viejo y Tasajera.
En el fútbol, en el matrimonio, en los negocios, en la política, en la vida en general, siempre hay dos tipos de personas. Los que dicen lo que se debe hacer y los que lo hacen. De esta dicotomía se desprende el funcionamiento de nuestro mundo. La clave es identificar para qué estamos hechos.
Este trabalenguas trataré de explicarlo con ejemplos. El equipo de fútbol va empatado, faltan 15 minutos para que acabe el partido y desde la tribuna el hincha furibundo comienza a pedirle el cambio de dispositivo táctico al técnico. Sin conocer la estrategia, sin saber el estado físico y emocional de los jugadores, sin tener la información de base para tomar decisiones efectivas.
El niño en la casa caprichoso que no hace caso. Llega la tía solterona de visita y aconseja al matrimonio medidas certeras para mejorar la crianza del chico. Mientras ella en su vida lo único que ha educado es a un pincher perro.
El empresario que enfrenta el día a día de su negocio buscando nuevos clientes y manteniendo a los que tiene. Pero cuando está creciendo acude a un asesor externo para que lo ayude a organizar su empresa. Los consejos los recibe de un consultor que nunca ha hecho empresa.
En la universidad, los estudiantes reciben enseñanza de cómo ser profesionales, por parte de personas que desde que graduaron fueron profesores y nunca ejercieron la profesión.
Y en la política tenemos representantes que son expertos criticando al gobierno, pero cuando tuvieron o tienen la posibilidad de gobernar, no saben administrar.
Entonces ¿los que dicen o los que hacen? Esa es la cuestión. Sin querer parecer una pregunta existencial shakesperiana es ésta una pregunta que nos debemos hacer para encontrar el balance productivo de nuestras vidas.
Están las personas que tienen la capacidad de analizar desde afuera una situación y son valiosas para “decir”, señalando el camino hacia una solución. Pero son incapaces de “hacer”. Y están las otras que son valiosas para “hacer”, son los creadores, los que empiezan una situación de la nada. Pero con el tiempo por estar inmersos en la operación, pueden perder el norte y solo apoyándose en los primeros encuentran el camino a la solución.
La respuesta a la pregunta es que ambos son importantes, pero si cada uno entiende con responsabilidad el papel que le toca. Porque el que es experto en “decir” muy pocas veces sabe “hacer”. Y no todo el que sabe “hacer” tiene la habilidad de “decir” lo que otros necesitan.
Como dicen las abuelas, del dicho al hecho, hay mucho trecho.
El pasado viernes un grupo importante de trabajadores de la Universidad del Norte fueron desvinculados. Aunque algunos de los ganadores de esta lotería de despidos laborales que recibieron su liquidación y debida indemnización se sientan sorprendidos. Es algo que ya se veía venir.
Sostener una nómina costosa en una universidad que desde su fundación a priorizado por la calidad y excelencia académica, en tiempos de deserción estudiantil, sumado a la suspensión de programas de becas gubernamentales que significaban un grueso ingreso financiero. Son situaciones ajenas a la responsabilidad de las directivas y se sentía que venían desiciones dolorosas.
La reducción de personal en la Universidad del Norte pasó de ser un murmullo de pasillo a una realidad. Áreas enteras de servicio, profesores con años de trabajo y uno que otro que no justificaba su sueldo. Fueron las primeras víctimas de una reingeniería estructural de un modelo de negocio que sufre al igual que cualquier empresa que debe reducir sus gastos ante una baja de sus ingresos.
Los modelos universitarios en general están viviendo una crisis que debe analizarse. Los bachilleres recién egresados son reacios en su mayoría a cursar carreras profesionales largas y costosas. Los seducen las formaciones técnicas más cortas, enfocadas en nuevos modelos de vida que distan mucho del que prometen las universidades tradicionales.
Un reciente estudio de UPCEA (University Professional & Continuing Education Association) publicó las 5 causas principales por la que los estudiantes no quieren estudiar carreras universitarias.
Metodologías obsoletas que ponderan la memoria de textos antes que el pensamiento crítico.
El darle más importancia a la teoría que a la práctica.
Contenidos costosos que pueden accederse de manera gratuita en Internet.
Profesores endiosados que dictan la misma cátedra por años y no se renuevan.
Pénsums sin fechas de vencimiento que no se adaptan a las nuevas dinámicas laborales de la sociedad.
Estos hallazgos son el insumo para que la Universidad rediseñe sus ofertas académicas. Y junto a una mejor estrategia de seducción de estudiantes puedan continuar con su legado de calidad y excelencia, sin perder el norte.
Al igual que las directivas lamento profundamente los empleos perdidos pero confío en la calidad de profesionales que la universidad formó y seguramente sabrán reincorporarse en el mundo laboral. En cuanto a la universidad, urge tomar medidas para anticiparse y no vuelva a suceder lo que ya se sabía que iba a pasar.
“Los Juegos del Hambre” y “El Peluca Milei”
Este fin de semana nos dejó dos éxitos taquilleros que en nada se relacionan pero en mucho se parecen.
El primero es una ficción que supera la realidad.
Se estrenó la quinta película de “Los Juegos del Hambre”. Una precuela de la exitosa saga en la cual cuenta cómo inició la historia del “Sinsajo”. Una trama de amor y rebeldía ambientada en un mundo postapocalíptico y retrofuturista. En el cual unas personas elegidas al azar, son obligadas a participar en una competencia, en donde deberán enfrentarse a muerte para el divertimiento de la clase alta que vota por sus favoritos viendo la competencia en directo por televisión.
Un asemejo de circo romano en donde en vez de gladiadores. Jóvenes, mujeres y niños deben matar o morir para llegar a la final y proclamarse como vencedores del reality.
El segundo es una realidad que supera la ficción.
Se estrenó Javier Milei como presidente electo de Argentina. Una secuela de la fracasada sociedad bonaerense basada en una historia que cuenta cómo un país cansado de la corrupción, dio un salto al vacío y eligió como gobernante a una persona que hasta hace 2 años solo era conocida por decir disparates económicos en programas de televisión.
Una trama de rebeldía ambientada en un país preapocalíptico con un nuevo presidente que llena estadios rugiendo como león y gritando improperios al establecimiento. Un personaje principal que rompe todos los esquemas de un político tradicional, escupiendo ideas libertarias incoherentes y retrógradas, como las de volver a penalizar el aborto y abolir los derechos a comunidades LGBTIQ+.
A pesar de esto, se muestra como un soltero moderno que practica orgías sin importar el género, el sexo tántrico y la retención de la eyaculación como fuente de placer, autodenominándose “Vaca Mala”, porque no da leche.
Casi llegando al final del reality de su campaña, el cual fue transmitido en tiempo real por las redes para el divertimiento del pueblo. Encuentra el amor en una sexi y popular vedette de teatro. Una mujer exuberante de amplio escote y colágeno en los labios. Quien se convierte en el nuevo estereotipo de rubia siliconada que deberán seguir las primeras damas de las naciones latinoamericanas que pretendan copiar el libreto de esta exitosa historia.
Ambas “películas de realities” tienen un denominador en común. La intención de cautivar votos del público que consume los contenidos. La diferencia es que unos lo hacen con mensajes desde el celular. Los otros lo hacen en las urnas eligiendo influencers como sus gobernantes. Más allá de criticar la realidad o la ficción, es un fenómeno inquietante que nos debemos detener a estudiar.
Era el año 1978 y el candidato a presidente de ese entonces, Julio César Turbay Ayala, lanzaría como promesa de campaña la expresión más cruda y cínica de la historia moderna de la ética política colombiana: “Debemos llevar la corrupción a su justa proporción”. Esta declaración testificó y normalizó un comportamiento ilegal, no solo en el ámbito político sino en la concepción de vida de nuestra sociedad.
Desde aquellos tiempos los colombianos nos adjudicamos el derecho individual de trazar con una regla imaginaria una línea ética de hasta dónde algo está bien o está mal, de lo que se puede o lo que no se puede hacer, de lo que es mío y lo que es de los demás. Una línea ética flexible que se corre y se tuerce según la necesidad, con la complicidad de las autoridades, de los amigos y hasta de la familia.
En Colombia tenemos una adicción a la corrupción. Los síntomas se evidencian en el día a día con comportamientos que parecieran inofensivos. Como volarse una fila de espera si se distrae el de adelante, “cuadrando” al del tránsito para evitar una multa, parqueando en lugares prohibidos o de discapacitados, saltándose el torniquete del Transmetro, entre muchos otros más que ya hacen parte de la cotidianidad. Pero estos comportamientos son el inicio de una enfermedad que termina normalizando actos delictivos que destruyen una sociedad.
Una enfermedad que se volvió crónica hasta el punto de sentir empatía por los corruptos. Sobretodo esos que tienen un prontuario de denuncias e investigaciones pero que cada 4 años son levantados en hombros y tratados como grandes doctores.
Ser político en nuestro país es para muchos ganarse la lotería. Para ganar, deben comprar varios billetes acaparando la mayor cantidad de personas dispuestas a vender sus tiquetes de conciencia. Pero afortunadamente ya no estamos en la era de Turbay, son menos los que se doblegan frente a la imagen del patrón de cuello blanco. Hoy en día el fenómeno es otro. El cinismo político ha evolucionado, ya no hay tanta devoción por los doctores de cuello blanco que solo compran conciencias con tejas, cemento o cupos para el colegio de los hijos.
Los nuevos políticos han modernizado su imagen para seguir cautivando, se visten de pueblo, ya no van a debates, les funciona mejor tocar guitarra, tambor, hablar con groserías que gustan a la prole, bailar en conciertos y caminar en tenis.
Cuando faltan solo unos días para ejercer el derecho al voto, en los medios se publican varias encuestas realizadas por consultoras viejas conocidas y nuevas desconocidas con resultados tan dispares que desorientan a cualquier opinador.
Cada encuesta publicada debe por ley ser sustentada por fichas técnicas en las cuales se informa el número de encuestados, edades, género, ubicación geográfica y otros datos que permiten darle credibilidad teniendo en cuenta un margen de error. El cual debe estar obligatoriamente entre el 3% y 8% con un nivel de confianza de al menos un 95%.
Para entenderlo de una manera más práctica. Una encuesta es una fotografía de la opinión de un grupo de personas en un momento determinado. Pero, detrás de esa fotografía, hay un fotógrafo que hizo un encuadre y decidió quién debía salir en esa foto y el momento preciso para tomarla.
Por ejemplo, si en plena Batalla de Flores del Carnaval de Barranquilla se toma una fotografía en un palco durante un bache del desfile y otra dos minutos después en plena euforia. A pesar de ser el mismo lugar y las mismas personas, la primera fotografía evidencia un desastroso carnaval muy distante de la realidad. Si bien la fotografía es real y no está trucada, no muestra el verdadero sentimiento de las personas.
Porque el fotógrafo decidió qué mostrar y en qué momento tomar la foto.
Lo mismo pasa con las encuestas, son reales, pero quienes las diseñan son los que toman la decisión consciente, con transparencia o con malicia, de escoger quién sale y el momento en que se toma la foto.
Las mañas para “manipular” los resultados de una encuesta son tan diversos como increíbles. Supongamos que quiero evidenciar lo muy católica que es la comunidad del centro histórico de Barranquilla.
Escojo un lugar concurrido como la plaza de La Paz.
Los resultados serán muy diferentes si la pregunta la hago a los transeúntes un domingo a las nueve de la mañana justo cuando termina la misa. O un viernes a las nueve de la noche cuando los jíbaros andan sueltos. La ficha técnica puede decir misa y jurar ante el sagrado rostro que las respuestas son reales, pero el resultado no será la verdadera medida de la fe católica de una comunidad.
Una encuestadora seria debe tomar las precauciones para definir su muestra de la manera más aleatoria posible teniendo en cuenta las variables que pueden desviar los resultados. Pero en temporada política, cuando se trata de mostrar poder para ganar indecisos, aparecen las consultoras fantasmas que manipulan la data para hacer sus propios análisis y favorecer a los candidatos de su preferencia, o los del que está pagando la encomienda.
Sres: Conjunto Residencial “Atlántico”.
Apeciados vecinos, he recibido la citación a la asamblea de copropietarios del próximo 29 de octubre y quisiera expresar mi opinión como un residente más de este conjunto, la cual les ruego hacer extensiva a los vecinos que se están postulando para ser el nuevo administrador.
Agradezco a la vecina que deja el cargo quien ha estado mostrando sus resultados con espectaculares videos y fotografías, pero todavía quedan muchos temas pendientes por solucionar.
Por ejemplo, hay torres que siguen esperando desde hace varias administraciones que les construyan las tuberías porque no tienen agua ni alcantarillas. En las torres de etapa 2, la luz se va a cada rato y cuando vuelve, llega tan bajita que daña las neveras y no mueve ni un ventilador.
¡Y ni hablar del puesto de salud! Rosita, la vecina de la etapa 3, casi se muere de una apendicitis porque como aquí no hay donde atenderla, tuvieron que esperar la ambulancia que se demoró horas en llegar, para llevarla al vecino “Conjunto Residencial Barranquilla”.
Con la cuota que venimos dando todos los meses y el préstamo que hicimos, se construyeron en el centro comunal los primeros salones, muy bonitos por cierto. Pero antes de seguir con los que faltan, debemos preocuparnos un poco más sobre lo que se está enseñando. Varios vecinos me han manifestado que al parecer hay profesores que no enseñan muy bien y otros ni siquiera van a las clases.
Por último, pero no por eso menos urgente. La reja del portón de atrás hace rato que está sin candado, con poca vigilancia y sin nadie que se preocupe. Se nos han metido unos extraños que llegan de otros conjuntos de afuera y están corrompiendo a nuestros jóvenes. Se la pasan en moto vendiendo vicio, robando, peleándose entre ellos y amenazando a la familia del tendero de la esquina pidiéndole una descarada “cuota de seguridad”.
Si bien ya he visto algunos vecinos viejos conocidos que solo aparecen en temporada de asambleas regalando mercados. Y otros nuevos que todavía no los conoce ni doña Gloria, la chismosa de la torre 1. Quiero advertirles que ya no somos como los propietarios de antes que entregaban sus votos a cambio de tejas, bolsas de cemento o cupones de plata en efectivo. Hoy estamos más informados, y no queremos promesas sino propuestas.
Invito a todos los vecinos a que hagan valer su derecho de copropiedad, porque la plata que utiliza la administración para las obras, es la que estamos pagando con nuestro sudor en cada aporte de hoy y de mañana.
Este próximo 29 de octubre cuando elijamos al nuevo administrador, le estaremos entregando nuestra plata para que haga bien su trabajo, para que decida de manera justa, lo mejor para todos por igual.
Atte. Vecino preocupado.
Hace dos años llegaron a mi agencia de publicidad dos mujeres excepcionales, Mónica Schraer y Francis Zylberblum, fundadoras de la Organización Social nu3. Tenían la necesidad de dar a conocer la colocación de la primera piedra de un complejo social que se construiría en el barrio Villas de San Pablo.
Ellas, en esa labor titánica de llevarle bienestar y progreso a los niños, madres adolescentes y abuelitos más necesitados, lograron que la Fundación Mario Santodomingo les donara un lote para construir un sueño intergaláctico para mejorar la vida de más de 20 mil familias.
Como todo proyecto social, cualquier peso que se gasta en publicidad es menos inversión en la gente. Entonces debíamos ser muy cuidadosos con la propuesta. No podíamos gastar en pauta por lo tanto debíamos apelar a algo que en el medio se conoce como “free press”. Es decir, lograr convertir un suceso en noticia para que los medios lo difundan sin tener que gastar en publicidad.
Es aquí cuando la creatividad debe brillar. Porque posicionar una marca es fácil cuando hay grandes presupuestos. Pero hacerlo orgánicamente es un reto que solo las buenas ideas y una ejecución impecable pueden lograr.
Con mi equipo, decidimos ser atrevidos y arriesgarnos proponiendo una estrategia de marketing disruptivo. Sembramos los ingredientes de una historia que solo podía funcionar en una región en donde la realidad es mágica y la mamadera de gallo hace parte de la identidad cultural.
Diseñamos una serie de sucesos meticulosamente planeados, desde la selección de la piedra que pareciese un meteorito, la pintura y unos jeroglíficos, la preparación del terreno, el traslado con grúa mientras todos dormían, un incendio controlado con la ayuda de bomberos, el sobrevuelo de un helicóptero con la colaboración de la policía, dos actores simulando ser agentes de “Archivos X” versión criolla. Y la escogencia de una fecha para la aparición de la piedra en la que todos los periodistas nacionales estaban presentes por un partido de la eliminatoria de la selección Colombia.
Fueron los ingredientes para que convirtiéramos el “Meteorito de
Barranquilla” en fenómeno viral y en la estrategia publicitaria más premiada en la historia del caribe colombiano.
Hoy después de dos años Mónica y Francis me vuelven a citar para inaugurar este sueño y aunque muchas galaxias se hayan descubierto desde ese entonces. Estaré gustoso de seguir aportando mis ideas y las de mi equipo en favor de proyectos tan nobles y de verdadera transformación social como son los de la Organización Social nu3.
En su más reciente canción la barranquillera más influyente del mundo siguió con su estilo magistral de hacer denuncia social moviendo las caderas y cantando letras que desahogan un grito mudo de millones de trabajadores esclavizados. Además de destilar veneno personal con crudeza creativa pero que tanto le ha servido para facturar.
Más allá de la primicia musical, vale la pena destacar que una artista nuestra sea capaz de poner el dedo en la llaga y levantar ampollas sociales en un ambiente musical plagado de tendencias que nada aportan a la construcción de una sociedad.
Ser taquilleros tratando temas trascendentales es un desafío que solo pueden lograr los que son artistas, los demás son cantantes. Ser artista es entender la responsabilidad del papel que cumplen en una sociedad y Shakira con su actuar nos demuestra su esencia de ser humano ejemplar.
En sus canciones nos ha enseñado la importancia de educarse, de cuestionarnos por las desigualdades sociales, la corrupción, la soledad que deprime a los jóvenes. Y en los últimos lanzamientos, a empoderar a las mujeres.
Con “El Jefe”, utiliza una narrativa moderna en un lenguaje coloquial con insultos que más allá de ser malas palabras evidencian rebeldía.
Pero en su esencia hace un evidente llamado a reclamar los derechos igualitarios para los trabajadores inmigrantes. Si bien el contexto de la canción y el video representa las injusticias que existen en países desarrollados, aplica para nuestras sociedades que todavía practican dinámicas laborales propias del feudalismo.
Con una crítica directa, representando en la canción a jefes explotadores que disfrutan mientras sus empleados trabajan como reclutas. Shakira y Fuerza Regida nos dramatizan los derechos fundamentales de los trabajadores más vulnerados, de los cuales la OIT (Organización Internacional del Trabajo) en una reciente publicación denuncia recogiendo 3 cifras alarmantes. 1. 50 millones de personas en el mundo son víctimas de esclavitud moderna. 1 de cada 4 víctimas son un niño o una niña 2. Las mujeres ganan un 23 por ciento menos que los hombres en las mismas funciones 3. Más del 40% de la población mundial viven en países que no tienen convenciones para permitir la libertad de asociación y negociación colectiva (Sindicatos) Reflexiones que repercuten en la actualidad nacional frente a una inminente reforma laboral que busca mejorar los derechos de los trabajadores en medio de una discusión sobre el impacto que tendría en la productividad.
El relevo generacional es la forma natural de darle continuidad a los procesos. Y para explicarlo voy a tomar como ejemplo el atletismo, en especial la carrera de postas o relevo.
En el equipo de relevo participan varios deportistas y cada uno debe estar preparado para cumplir con su objetivo en el momento que le toca.
Cuando comienza la carrera, uno a uno los corredores deben hacer su mejor esfuerzo. Y el momento clave, el más importante, es saber cuándo éste, ya cansado, debe entregarle el testigo o barra de relevo al próximo corredor, ese que está preparado, con el tanque lleno, listo para seguir la carrera y llegar a la meta.
En Colombia, ahora si, hablando de política, necesitamos a los nuevos corredores, no podemos pasarle el testigo a esos que ya llevan corriendo toda una vida en la misma carrera. ¿Mal o bien? Eso lo juzga la sociedad y la justicia, pero más allá de todo, esos que quieren seguir en la correría después de haberlo hecho durante tantos años. Ya lucen cansados y con ideas desgastadas, porque el tiempo de correr ya se les pasó. Si no renovamos, si no le pasamos esa posta a nuevos liderazgos, que traigan el tanque lleno de energía, con una visión clara de seguir corriendo hacia adelante, no vamos a llegar a la meta. Y la meta es el bienestar de la gente, el impulso al desarrollo de los departamentos y ciudades, con innovación, con la construcción de un futuro en el que las nuevas generaciones tendrán que vivir y seguir construyendo.
Ser gobernante hoy en día exige no solo sabiduría sino también mucha energía. Se debe tener visión, claridad mental y la capacidad de armar equipos de trabajo que ayuden a tomar decisiones adecuadas rápidas y efectivas. La imagen del viejo político tradicional lleno de experiencia que todo lo sabe debería inquietarnos. Porque el mundo no es el mismo de hace 10 años atrás. Por lo tanto las decisiones de planificación e inversión no pueden tomarse bajo los mismos parámetros de antes. Se necesita entender de nuevas energías, de nuevas dinámicas de empleo, de nuevos modelos educativos, de nuevos motores de desarrollo económico basados en tecnología e innovación.
El viejo político tradicional debería ser un opinador de lo trascendental. Pero dejarle la ejecución a los nuevos liderazgos, para que puedan gobernar con visión de futuro a las nuevas generaciones. Es la única forma de seguir en la carrera del progreso. Ya es hora de que le demos esa posta a nuevos corredores.
La Diatriba al “Perreo”
Soy de la generación que despertaba la conciencia de la injusticia, la desigualdad, el abandono, la soledad y le hacía frente a las frustraciones. Escuchando las canciones de Sui Generis, Facundo Cabral, Alberto Cortez, Mercedes Sosa, Silvio Rodríguez, Pablo Milanés, entre muchos otros artistas que con sus letras me hicieron llorar, reír, creer, confiar y sobretodo, liberar la dopamina suficiente para superar los estados depresivos propios de la juventud.
No todos éramos iguales ni teníamos los mismos gustos, pero seguro otros lograron los mismos resultados terapéuticos escuchando las letras de Pink Floyd, The Police, Queen, Guns N’ Roses y Aerosmith por mencionar algunos.
En cambio hoy, los jóvenes tienen referentes musicales muy diferentes que se vuelven motivo de discusión permanente entre personas de mi mismo grupo etario. “La música de ahora es una porquería, solo habla de sexo y drogas” es lo que la mayoría concluye.
¿Pero acaso las canciones de antes no hablaban también de sexo y drogas?
Cuando escucho estas discusiones entre mis amigos soy el primero en salir a defender la música actual. Me miran extrañados cuando les digo que hoy admiro a un fenómeno de empoderamiento femenino como lo es Karol G. O cuando les evidencio el trasfondo emocional de las canciones de Bad Bunny.
Es verdad qué hoy hay mucha basura sonora ¿pero acaso no la hubo en nuestra juventud?. ¿Cuántas bandas de un solo éxito sonaron en la radio que nunca trascendieron? Esta es una discusión tan anacrónica como las que tenían nuestros padres cuando comparaban a los pelilargos de pantalones rotos de las bandas noventeras frente a la gomina de Gardel o el smoking de Frank Sinatra.
Si queremos entender los códigos de comportamiento de las nuevas generaciones, debemos dejar de comparar y comenzar a analizar el éxito de una “Bichota” que está llenando estadios en todo el mundo, en su mayoría con mujeres, que gracias a sus canciones hoy deciden sobre sus libertades individuales y se valen solas sin necesidad de depender de un hombre. O un Bad Bunny que utiliza un lenguaje soez, pero que no es otro que el que usan los jóvenes en el día a día, para significar entre párrafos de versos pegajosos la soledad o la depresión, llevando mensajes alentadores a sus seguidores.
Artistas como éstos y seguramente muchos otros más, serán los que trasciendan y les tocará en unos 20 años a nuestros hijos discernir en su momento. Comentarán con sus amigos sobre la quien sabe qué música escuchen los que aún no han nacido.
Hace un año Jairo Giraldo Vizcaíno madrugó a trotar por el malecón del río como lo hacía casi todas las mañanas. Después de calentar las piernas marcó la meta de distancia en su reloj y comenzó ligero el trote. El pelotón estaba uniforme, pero a medida que los minutos pasaban el grupo se fue distanciando. Me dicen que llegó a manifestarle a una compañera que no se sentía “al 100”, pero los que corren saben que en los primeros pasos siempre aparece uno que otro dolorcito hasta que el cuerpo coge ritmo y luego la adrenalina los lleva hasta donde las piernas aguanten.
Quiero pensar que Jairo siguió adelante distraído pensando en Sofía, su hija mayor, una prodigio de la música graduada con honores, quien unos días atrás lo había emocionado con un solo de canto lírico. Y en Pipe, el más pequeño en edad pero el más grande en tamaño y corazón, ese que lo mantenía orgulloso por su creatividad e inteligencia sorprendente.
Cuando llevaba unos 8 kilómetros ya estaba de regreso, pasando por el costado del pabellón de cristal algo lo hizo bajar el ritmo. Los que venían atrás, que no eran de su grupo, lo vieron caer al suelo. Lo trataron como una descompensación y le subieron las piernas para mejorarle la circulación.
Pasaban los segundos, los minutos y Jairo no reaccionaba. Una compañera lo reconoció y junto a un médico que de casualidad estaba en el pelotón comenzaron a hacerle reanimación. “¡¡Una ambulancia urgente!!” gritó el médico. Y aquí comenzó el viacrucis de Jairo. En los 5 kilómetros del parque recreativo y deportivo del Gran Malecón del Río no había ambulancia ni equipos de reanimación. Después de casi media hora de espera lo montaron a la brava en el plató de una camioneta y lo llevaron hasta la clínica más cercana.
Jairo estuvo un par de semanas en coma luchando con un respirador. Uno de los momentos más dolorosos de mi vida fue visitarlo. Me decían “háblale qué tal vez escucha”. Hice mi mejor esfuerzo pero ver a mi amigo, a ese hermano que te regala la vida en ese estado me partió el alma en dos. Atragantado de dolor le hablé, de él, de nosotros, de sus hijos, de Jacqueline su primer amor y de Margarita su nueva ilusión. Y le hice las promesas que uno solo le puede hacer a quien verdaderamente quiere.
Pero como en todas las carreras, todos tienen su tiempo y hay alguien que llega primero a la meta, en esta Jairo nos ganó. Ya ha pasado un año de dolor y resiliencia, pero no puedo dejar de pensar en cual hubiese sido el final de esta historia si una ambulancia hubiese estado disponible en el Gran Malecón.
Aunque no estemos en febrero y tampoco mañana será miércoles de cenizas, el viernes pasado comenzó el carnaval político en la región. Por las calles de las ciudades y municipios desfilaron las comitivas de cada aspirante a reinar en estas festividades. Patrocinando comitivas de miles de disfrazados de consciencia e inconsciencia, los candidatos a la corte ‘politicarnavalera’ se tomaron las vías sin ley ni orden para medir fuerzas frente a sus adversarios.
Sin lugar a dudas, para admirar semejante espectáculo, el palco de honor estuvo en las Registardurías. Allí fueron llegando una tras otra las comparsas con sus postulados haciendo su show de presentación.
Muy temprano, amparados en el adagio popular “Al que madruga Dios le ayuda” llegaron los portadores de la tradición. Luego de encomendarle sus ideas al supremo, exhibiendo en sus manos el programa de gobierno como si fuera un bebé rumbo a la piedra bautismal. Con los pendientes absueltos por la comunión desfilaron directamente hasta el palco del registrador, mostrando nuevos disfraces, pero bailando la misma coreografía y la misma canción.
Hubo otros que en su puesta en escena apostaron por nuevos compases. Con nuevas coreografías y disfraces presentaron sus ideas para una fiesta que según ellos debe avanzar y no retroceder. Las nuevas comparsas reclaman espacio y solicitan a las viejas monarquías dar un paso al costado para poder evolucionar una fiesta para el pueblo con nuevos liderazgos.
Y también estuvieron los que se saltaron la ostia y pasaron directamente a calentar la garganta con un trago de desazón. Con la tusa porque el patrocinador principal, el mismo que había prometido que este año la fiesta iba a estar mejor, les quedó mal a última hora. No tuvieron otra que ponerse el disfraz raído de carnavales pasados, improvisar una danza y desfilar hasta el palco armando güachafita, gritando su despecho y destilando improperios con razón y ron.
La inscripción de candidatos políticos en las oficinas de la
Registraduría Nacional es un evento salido de todo contexto moderno. Es decir, cualquier aspirante que cuente con aval para postular su nombre podría desde la comodidad y tranquilidad de su casa entrar a la página web oficial y realizar el trámite. Pero en nuestra comarca por más que queramos evolucionar la forma de hacer las cosas, las tradiciones aún pesan y obligan incluso a los más vanguardistas, subyugarse a la necesidad de unirse al show de poder. Esperemos que en los 3 meses que quedan podamos despojarnos de viejas costumbres y entrar en la era de la modernidad política donde prime el voto de opinión y no el de tradición.
Con ésta palabra me despidieron en una reciente visita turística a las ruinas de Machu Picchu, que en lengua Quechua significa “Hasta que nos volvamos a encontrar”. Una expresión que se ha convertido en la filosofía de una industria que le aporta más del 5% al PIB y genera aproximadamente 3 millones de empleos entre formales e informales al Perú.
El descubrimiento de la “Montaña Vieja”, traducción al castellano de
Machu Picchu, se lo atribuyó un gringo de la Universidad de Yale llamado Hiram Bingham en el año 1911. Pero la verdad, esta joya Inca era ya ampliamente conocida por indígenas que habitaban la montaña, simplemente no habían tenido el interés de profanar una ciudad sagrada para sus antepasados quemándola para librarla de la maleza que la escondía y mucho menos robarse sus tesoros. Bingham quien inspiró al director Steven Spielberg para crear su personaje Indiana Jones, no era nada diferente a un “güaquero” elegante que buscaba el oro Inca y lo encontró.
Lo que para Bingham fueron meses de camino desde la ciudad de Cusco, a lomo de caballo desafiando alturas que sobrepasan los 4 mil metros. Hoy el gobierno peruano de la mano de la empresa privada, lo ha convertido en un recorrido de 4 horas en tren, con precios que inician desde los 80 dólares ida y vuelta, hasta 1000 dólares (4 millones y pico de pesos) que pagan los turistas más acomodados por disfrutar del paisaje en un vagón de lujo con vidrios panorámicos.
Todo esta bonanza de más de 3 mil turistas diarios que llegan hasta la montaña sagrada, fue a “desgracias” de un gringo que si bien robó patrimonio nacional, al mostrar su hazaña con fotografías e historias fantásticas, despertó el interés de científicos que llevaron a declarar a Machu Picchu una de las 7 maravillas del mundo moderno. Esta historia de profanación al menos los peruanos la han sabido aprovechar para mover la economía de su país atrayendo dólares que se quedan gran parte en los bolsillos de los empresarios, pero también ayuda a subsistir a miles de lugareños que venden sus artesanías a los visitantes.
Mientras disfrutaba desde la comodidad del vagón los paisajes de verdes montañas con ríos cristalinos y picos nevados. No dejaba de pensar en nuestra Ciudad Perdida de la Sierra Nevada de Santa Marta. ¿Será que nuestra “desgracia” fue que la saquearon los güaqueros criollos en vez de un connotado “Indiana Jones”?. Nuestras joyas arqueológicas nada tienen que envidiarle a las de Perú, pero mientras no invirtamos en un turismo sostenible y respetuoso de nuestra cultura ancestral, seguiremos a lomo de caballo sin conocer, sin mostrar, sin vender.
Las universidades cuando forman a los profesionales tienen una materia transversal que se llama “Ética”. En periodismo esa materia trasmuta a otra que se llama “Ética Periodística” que no es otra cosa que anteponer los principios morales antes de publicar una información. Aunque cada academia tiene su material educativo, no existe un método único o universal ya que el ejercicio de escribir un texto o tomar una imagen es necesariamente un proceso creativo y al ser creado por una persona sintiente y pensante, pierde objetividad y se contamina de apreciaciones e interpretaciones completamente subjetivas.
He aquí el gran dilema del periodismo, los que escriben las noticias son seres humanos que tienen miedos, pasiones, inseguridades y sobretodo, una naturaleza imperiosa de ser famosos. En mi opinión, un periodista no debería firmar una noticia. Y con esto no pretendo desacreditar el arduo trabajo de los colegas, sino dignificar la profesión. Una noticia publicada debe ser producto del ejercicio de un equipo de trabajo. En la medida que diferentes ópticas aporten a la construcción del mensaje, estaremos acercándonos a una versión más objetiva. El tener “más likes” o “comments” no puede ser una excusa para saltarse la reglas éticas. Una de las cuales reza que ninguna noticia debería ser publicada si no se tienen 3 fuentes acreditadas que concuerden.
Por otro lado como lectores, si decidimos creer, deberíamos hacerlo al medio que lo publica, porque en la medida en que ese medio sea estructurado, tendremos al menos algo de confianza en que se cumplió un rigor periodístico antes de que la noticia sea difundida.
Ahora, si un periodista quiere ser famoso por lo que dice, debería trazar una raya bien notoria para el lector entre lo que es una noticia o una opinión personal. En la era del Twitter los periodistas se han visto volcados a desafiar el algoritmo buscando viralidad entre las audiencias y como dice la gran filósofa española de la ética moderna Adela Cortina: “Vivimos en una era en donde la ética, es cosmética”. No les importa que la noticia sea, sino que parezca.
En las redes sociales vemos a periodistas que se saltan el rigor, le dan credibilidad a cualquier idiota con iniciativa y amplifican el mensaje potenciado en los miles y millones de seguidores que convierten una mentira a medias en una verdad completa.
Vivimos en una generación de información tóxica en donde la responsabilidad de creer o no creer en lo que leemos o vemos debe ser nuestra. Tengamos nuestro propio rigor ético antes de comentar o compartir. Y esta es una lección que no solo los periodistas debemos aprender, también influencers, políticos y hasta presidentes.
En un viaje relámpago que hicimos mi esposa y yo al Rio de la Plata a finales del año pasado, el destino decidió que coincidiéramos con la final del mundial de fútbol en la que Argentina salió campeón.
Para ser más precisos, el día en que Messi levantó la copa, estábamos en Uruguay paseando y vimos una caravana de autos haciendo sonar sus bocinas y ondeando banderas argentinas. Como no teníamos un destino definido decidimos colarnos en fiesta ajena. Al ritmo de la canción “Muchachos”, llegamos hasta el barrio Carrasco, donde viven la mayoría de “porteños” (Bonaerenses) que cruzaron el río de la plata para hacer negocios exitosos en tierra uruguaya.
El festejo incluía botellas de licor importado, autos “tuneados”, chicos saltando sobre los autos y despampanantes rubias en shorts con camisetas de Messi recogidas con un nudo en el ombligo develando un bronceado perfecto de verano.
Cuando ya tanta alegría ajena se nos volvió empalagosa, decidimos entrar a una cafetería y cortarla con un buen tinto colombiano.
Mientras mi esposa hacía la fila en la caja, me asomé a la vidriera para seguir viendo una que otra “ombliguera”. Pero lo que me llamó la atención no era la pasarela que desfilaba por la calle, sino un niño de unos 12 años que desde dentro del local, con la frente apoyada en el vidrio miraba con tristeza.
Tratando de sacarle conversación le pregunté que si estaba bien. Y con la voz entrecortada me respondió que le daba rabia ser uruguayo, que hubiese querido ser argentino. Y es que el fútbol para los uruguayos es la vida misma. Muchos niños al nacer, son primero inscritos como socios de un club antes que registrados en una notaría. Por supuesto que ante una presentación olvidable de los uruguayos en el mundial, es apenas lógico que se le escape un pensamiento apátrida a un inocente niño que solo conoce de la gloriosa celeste por cuentos de sus abuelos.
Yo tratando de darle ánimo y de hacerlo recapacitar sólo atiné a decirle una frase que me enseñó mi papá y he convertido en filosofía de vida uruguaya: “Uruguay no es más que nadie, pero no es menos que ninguno”.
El chico me miró sin entender muy bien y se retiró rápidamente cuando se percató que estaba hablando con un extraño.
La semana pasada la sub20 celeste reivindicó tantos años de espera y le dio a los uruguayos de esta generación la oportunidad de gritar “campeones del mundo”.
Ahora no dejo de pensar en ese niño que hoy ya no está detrás del vidrio, sino gritando en la calle “¡soy celeste, celeste soy yo!”. Y espero, como colombiano por adopción, poder tambien algún día estar del otro lado del vidrio, festejando tantos años de preparación y poder gritar “Colombia Campeón”.
Era el año 2002 y yo me encontraba en la población de Santa Ana, en la isla de Barú a las afueras de Cartagena. Mi misión era registrar en un documental el resultado de un convenio entre el gobierno de Holanda, Fundación Promigas, Surtigas y Gases del Caribe, quienes subsidiaron a más de 10 mil familias de estratos 1 y 2, la conexión al gas natural.
Hasta ese día, cocinar con leña era para mi un acto ceremonioso ancestral el cual disfrutaba en cada paseo a finca. Pero no alcanzaba a imaginar el reto de tener que hacerlo todos los días en el desayuno, almuerzo y cena.
Encender la hornilla girando una perilla y prendiendo un fósforo lo entendía como un acto completamente normal. Pero para los Santaneros, era una ilusión que se hacía realidad y yo era testigo de ese acontecimiento que solo pude entender su magnitud cuando conocí a mi primera entrevistada. María, una joven madre soltera embarazada de su segundo hijo, que emocionada me contó la lucha diaria de conseguir leña seca para poder prender el fogón. Ese día las lágrimas en sus ojos no eran por el humo, sino por la emoción de tener dentro de su casa, una cocineta conectada a un tubo mágico que produce una llama azul inmediata, sin olor, sin soplar el carbón, sin ahogarse en la tos. Así como la de ella encontré historias macondianas como la de una señora que agradeció al gas natural por recuperar la intimidad con su marido ya que antes “no le paraba bolas por estar siempre hedionda a humo”.
Lo cierto es que el gas natural le ha traído a nuestra región, progreso, bienestar y mejor calidad de vida. No solo se usa en la casa para cocinar o calentar agua, cada vez tenemos más vehículos con menos emisiones contaminantes con el uso del GNV, las industrias cuentan con respaldo energético con plantas de cogeneración y gracias a la operación de las distribuidoras, se le dio la posibilidad a las personas de los niveles socioeconómicos más bajos, normalmente excluidos del sistema financiero o reportados negativamente en centrales de riesgo, la posibilidad de acceder a un crédito sin codeudor basado en la confianza demostrada por el pago puntual de su factura.
Hoy el mundo entero centra sus esfuerzos en la descarbonización y
Colombia quiere ser protagonista. El gobierno con poca tolerancia a la disución sobre si el gas natural es o no una opción ambientalmente viable para una transición energética, lo ha metido en la misma bolsa de combustibles fósiles. Esta discusión se dará desde mañana hasta el viernes en el congreso Naturgas que se celebra en Barranquilla. Yo por mi parte solo puedo pensar en la frase de cierre del documental que me la pronunció María con las manos en su barriga: “El gas me cambió la vida”.
Cuando el río suena, “Arena” lleva…
Entre tantas leyendas del Río Magdalena, la que más me resuena en estos días es la creencia popular de que el río habla, solo hay que saberlo escuchar.
Hoy me pregunto si quizás a los organizadores del mega-proyecto “Arena del Río” les faltó saber escuchar una ciudad que acababa de inaugurar “Puerta de Oro”. Que tuvo que comenzar operaciones sin tener el edificio listo y lucha para lograr punto de equilibrio. Incluso recurriendo a alquilar el lote de la segunda etapa que ya debería estar construida, como parqueadero a cielo abierto y “arena” improvisada para conciertos.
Cuando hablaban de atraer visitantes, tal vez no supieron escuchar el crujido de las viejas bandas que transportan el equipaje de los turistas en un aeropuerto maquillado, de paredes falsas y túneles de pasajeros hechos con andamios en etapa de construcción temporal, que ya parece permanente.
Cuando hablaban de Industrias Creativas, tal vez no escucharon las súplicas de las asociaciones culturales que imploran ayuda para sostener sus presentaciones artísticas, tratando de venderle boletas a un público que entiende por evento cultural, un concierto musical con venta de licor.
Cuando hablaban de múltiples deportes, tal vez no escucharon el silencio en las tribunas de los polideportivos con grandes deportistas que se esfuerzan para entrenar y para comer, viendo que el único deporte que llena estadios es el fútbol y a veces el basquet.
Cuando hablaron de 4 puertos para cruceros, tal vez no escucharon el ruido de los barcos que a cada rato inhabilitan el transporte fluvial, encayándose en bancos de sedimentos que no se dragan adecuadamente.
Porque cuando hablaban de una “arena” multipropósito con una tribuna que se convierte en pantalla, un gramado retráctil que se guarda bajo tierra, super tarimas tecnológicas, estudios de cine y de hoteles cinco estrellas adosados al gran edificio. Tal vez lo hicieron con un admirable volumen de pasión, tan fuerte que no los dejó escuchar.
Uno de los socios más visibles del proyecto es Edgar Rentería y me duele mucho cómo debe estar sintiéndose. Él, que es de pocas palabras, con “Arena del Río” las soltó todas lleno de entusiasmo. Porque nadie mejor que él, quien creció cerca al río, puede hablar sobre soñar en grande.
Pero en esta ocasión para Edgar no fue un hit, fue un strike. Espero que no renuncie a seguir queriendo darle lo mejor a la ciudad. Porque más allá de la coyuntura económica, las altas tasas de interés, la devaluación del peso y el aumento de la inflación. Tal vez, este sueño necesita ser aterrizado porque estaba tan alto que era inalcanzable.
En mi juventud ahorré todo lo que pude para comprar mi primer carro, como no tenía historial crediticio, ningún banco me prestaba. Lo que podía comprar tenía que ser de contado, busqué cientos de opciones de usados, hasta que llegó a mi una chevroleta verde oliva con 15 años de uso.
Fue amor a primera vista, su latonería recién encerada brillaba junto a las llantas embadurnadas de silicona. Por dentro olía a nuevo, me ilusioné pensando que todavía se sentía recién salida del concesionario, pero al subirme noté que provenía de los tapetes de caucho recién comprados. Con la ilusión de sentir que ya fuese mía, no lo pensé dos veces. Metí la mano dentro de mi pantalón y le entregué al vendedor el sobre de manila con un manojo de billetes bien sudados en todos los sentidos.
En el primer paseo comenzamos a conocernos mejor, lo primero que descubrí era que no le servía la bocina, el anterior dueño le había conectado la alarma como pito y sonaba como los buses que en esa época atormentaban las calles haciendo sonar su ¡wiyu! ¡wiyu!. No le di importancia y como quien le perdona todos los defectos a su enamorada, decidí refrendar nuestro amor bautizándola “Carolina”.
Pero antes de cumplir el primer mes comencé a preocuparme por ella. El olor a nuevo del tapete se esfumó con el humo del aceite del motor, las llantas se opacaron develando viejas batallas mortales contra el bordillo. Y con el primer aguacero, inexplicablemente el piso se llenó de agua y su motor se ahogó.
Mientras la empujaba desesperado tratando de reanimarla, mi mejor amigo me sugirió que ya la llevara a revisar.
Resignado llegué al taller. Apenas le conté al mecánico lo que pasaba, este vil desconocido hizo lo que nunca me atreví a hacerle.
Impúdicamente le levantó el tapete negro como un adolescente que le levanta la falda a una quinceañera. Y vaya sorpresa la que ocultaba mi Carolina en su intimidad. Lo que yo pensaba que aún podía tener vestigios de concesionario no era más que un latón viejo agujereado por el óxido, que además de causarme un tétano podría haberme dejado de nalgas contra el piso a mitad de camino. Todavía no lograba reponerme de ver semejante colador cuando el mecánico levantó el capó, me miró y con con una sonrisa sórdida decretó: “Te jodieron, a este carro lo que le hicieron fue un ¡Juá Juá!”.
La historia que viví con Carolina me recuerda todos los días que por más que nos enamoren con una campaña publicitaria, si el producto o servicio no es bueno, la relación siempre terminará mal. Y no hay nada más costoso para una marca que un cliente despechado, porque su tusa tendrá eco rápidamente en todas las redes causando un voz a voz negativo que no habrá “Juá Juá” que la salve.
Todavía recuerdo cuando una compañera de universidad quien hoy es una gran profesional de la comunicación, en aquel entonces lloraba desconsolada porque había reprobado el examen final de revelado fotográfico. Sus intenciones de pasar el semestre parecían frustrarse por no lograr mezclar adecuadamente unos químicos bajo una luz roja del laboratorio de la universidad. Mientras tanto, del otro lado del mundo los medios de comunicación ya utilizaban las novedosas cámaras digitales. Todos sabíamos lo que se venía, pero la universidad insistía en calificar y reprobar a un estudiante por no lograr una alquimia fotográfica que para nada le iba a servir en su futuro profesional.
Algo parecido está sucediendo hoy en las aulas universitarias. Los estudiantes y profesores se preguntan la necesidad de cursar materias que les exigen aprender a hacer procesos repetitivos, computar datos para sacar probabilidades, pintar gráficas tediosas, redactar informes y hacer cálculos matemáticos larguísimos que toman tiempo y sacan canas.
Cuando podrían lograr un resultado más certero con una sola petición hablada a la Inteligencia Artificial. El reto para la formación de los actuales y futuros universitarios comienza por entender que las reglas del juego cambiaron.
Por ejemplo, para los profesores, tal como está planteado el actual sistema académico, les será prácticamente imposible verificar si un estudiante cumplió con una tarea utilizando su conocimiento adquirido o utilizó una IA para hacer trampa. Mientras muchos representantes de la academia centran su discurso en encontrar la forma de detectar y prohibir el uso de la IA en el aula universitaria.
En un futuro cercano, no usar las IA, será tan anacrónico como pedirle hoy a un estudiante de ingeniería que no use la calculadora. Ahora más que nunca se necesita replantear la manera de enseñar, en donde debe primar una formación con un enfoque humanista en todas las áreas del conocimiento. La capacidad de saber si un estudiante aprende correctamente ya no será el resultado de la calificación de un examen.
El estudiante deberá ser formado menos en hacer y más en pensar, sustentado en valores éticos que le permitan entender que las IA llegaron para potenciar el pensamiento y no para reemplazarlo.
Las universidades están llamadas a transformar su pénsum académico. Hay carreras que hoy se enseñan que están destinadas a desaparecer si no se reorienta su enfoque profesional. Por ejemplo, se habla de una nueva carrera que será la dominante en un futuro cercano, la “Ingeniería de Peticiones”, que es algo así como aprender a pensar las peticiones correctas a las IA para obtener los resultados adecuados.
Ser conscientes, responsables y honestos nunca había sido tan importante para profesores y estudiantes. Porque los que están utilizando la IA no para potenciar su forma de pensar, sino para ganar un examen o reemplazar un trabajo, se están engañando a sí mismos y seguramente son universitarios que están cursando carreras en peligro de extinción.
Antes de comenzar con esta comparación ridícula y antagónica partamos de la base de saber que un “Calentao Cachaco” es un plato que se consigue luego de mezclar las sobras de otras comidas y recalentarlas, con el objetivo de conseguir otro plato.
Ahora si, entrando en materia, mucho se está hablando en estos días del miedo que genera la Inteligencia Artificial, sobre todo después del lanzamiento de la aplicación “Chat GPT”. Una plataforma con la cual se puede interactuar en lenguaje natural y solicitarle tareas que antes pensábamos solo podían ser de autoría de un ser humano racional.
Si bien la “IA” (Inteligencia Artificial) existe desde hace 80 años, la gente no dimensionaba sus alcances porque no contábamos con procesadores de datos tan rápidos que pudiesen analizar millones de textos, audios e imágenes. Compararlos unos con otros, entender patrones y con base en esas coincidencias poder, a punta de retazos cibernéticos, mezclarlos, ‘recalentarlos’. Y crear nuevos textos, audios e imágenes distintas a las originales, pero parecidas a todas las demás.
He visto cómo una IA es capaz de componer una canción con el estilo musical de Taylor Swift, redactar una carta con la narrativa de Garcia Márquez o incluso escribir un poema como lo haría Pablo Neruda.
Estos avances inspiran a los que sueñan con la “singularidad tecnológica”, sorprende a los que aún viven en un mundo analógico, asusta a los que todo se lo atribuyen a teorías conspiratorias, pero lo que más me preocupa, es que ilusiona a los mediocres.
Seamos serios y reconozcamos que la única forma de disfrutar el sabor de un “Calentao Cachaco” es con guayabo dominguero. Cuando la necesidad de metabolizar demonios etílicos ingeridos la noche anterior se apaciguan con un revoltijo de arroz, carne, fríjoles y quién sabe qué más había en la alacena que la “Inteligencia Gastrointestinal” te llevó a revolver en una misma paila. El “calentao” tiene un sabor indescriptible, no necesariamente como algo especial, sino porque no sabemos bien a qué sabe, tal vez a un poco de todo.
Las IA se convertirán en un futuro cercano en la forma más ordinaria de hacer tareas rutinarias. Tendremos noticias escritas por máquinas, diseños gráficos hechos por computadoras, hasta ritmos “chispún chispún” hechos por sintetizadores. Todo será satisfactorio, pero nunca extraordinario y mucho menos trascendental.
No será extraordinario porque su esencia está hecha de lo ordinario, de patrones repetitivos, de cosas que se parecen entre sí.
La llegada de las IA son una amenaza, pero para quienes no se esfuerzan por ser originales, los que no se arriesgan a crear algo único y nuevo que nadie más haya escrito, pintado o escuchado.
Si renunciamos a pensar diferente y ser originales, dejarán de existir las Taylor Swift, los Pablo Neruda y los García Márquez por solo mencionar unos ejemplos extraordinarios. Las IA nos tendrán alienados a una vida monótona, sin matices, sin aspiraciones, sin sorpresas.
Utilicemos la IA pero para tener información de base y con el ingenio de la mente humana, crear algo nuevo, que no se parezca a nada de lo demás.
O sino, estaremos condenados a comer “calentao cachaco” en las tres comidas del día.
Esta semana discutía con una compañera de aventuras creativas sobre las experiencias del metaverso y me recordaba una escena de la película futurista “El Demoledor”, estrenada en 1993, donde en un supuesto año 2032 la protagonista (Sandra Bullock) invita a un viajero en el tiempo (Silvester Stallone) a tener sexo. Éste, emocionado salta al sofá, alista su virilidad y vaya sorpresa cuando su pretendiente le entrega un casco que le lleva a la mente imágenes virtuales de su supuesto intercambio sexual. Como es evidente para cualquier amante de 1993 (y del 2023), rechazó el casco argumentando que no concebía una relación sexual sin poder besarla, tocarla, y por supuesto, de aquello también.
El personaje de Bullock salta despavorido como si en el futuro poder sentir la cercanía de un cuerpo a otro fuera asquerosamente inconcebible. Así leían el futuro hace 30 años. Hoy en día, los avances en las tecnologías de sensores hápticos y los desarrollos del metaverso parecieran estar cada vez más cerca de poder brindar este tipo de experiencias. La industria del porno ya está en etapa de pruebas de dispositivos que estimulan las partes nobles, que acompañados de un casco de realidad virtual, pueden controlar a su avatar mientras se revuelcan con otro en un catre imaginario.
Muchos futurólogos aseguran que en muy pocos años ésta será la forma más común de tener relaciones sexuales. En principio argumentan considerables razones de salud pública, pero también porque quieren venderse como conferencistas pitonisos de la era digital. Después de leer varios artículos, recuerdo que estos mismos futurólogos fueron los que nos aterrorizaron diciéndonos que nunca más dejaríamos el tapabocas, que los eventos masivos presenciales iban a desaparecer y que la industria del turismo iba a quebrar. Ojalá pudiese viajar al pasado y en mitad de sus millonarias conferencias, mostrarles un par de fotos de los carnavales de Barranquilla 2023. Quizás le hubiese ahorrado a la humanidad incontables suicidios por causa de depresión.
Es verdad que el mundo cambió, la pandemia nos volvió híbridos, nos enseñó una nueva forma de interactuar, trabajar y entretenernos. Pero somos seres sociales que necesitamos interactuar frente a frente, y en la pareja tocarnos, abrazarnos, besarnos y de aquello también, para simplemente tener una razón para vivir.
Seguramente vendrán nuevos desafíos, pero sabremos encontrar la manera de seguir siendo humanos. El metaverso y el sexo virtual serán un gran negocio de entretenimiento. Pero nunca existirá aparato que suplante la sublime experiencia de sentir que uno está dentro del otro, intercambiando mucho más que “unos y ceros”.
Producciones Audiovisuales
Film & TV
Hoy construye historias para marcas. Antes lo hacía desde el cine y la televisión. La esencia es la misma: contar bien para conectar mejor. Aquí algunas de sus producciones más representativas.
Today he builds stories for brands. Before, he did it through film and television. The essence is the same: tell well to connect better. Here are some of his most representative productions.
Preguntas frecuentes
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Con ODR Group – Pópuli ha liderado las estrategias creativas, digitales, de Producción Audiovisual, Branding, RR.PP., Reputación de Marca y Experiencias BTL en Colombia, EE.UU. y Perú.
Projects covering creative and digital strategies, audiovisual production, Branding, PR, brand reputation and BTL experiences in Colombia, USA and Peru.
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